El ataque que está sufriendo la masculinidad en la actualidad es un ataque sin precedentes en ninguna época de la historia de la humanidad. Actualmente, leyes cada vez más duras buscan sancionar la genuina expresión de ésta como una amenaza y un enemigo a combatir. El estado de la civilización actual se basa en que durante los últimos 300 años, los hombres ejercieron violencia para liberarse de regímenes más o menos opresores, para llegar a un estado de libertades y de evolución tecnológica como nunca antes se había hecho posible. Y una vez que la humanidad llegó a esa cumbre de libertad, parece como si le hubiera acometido un complejo de culpa invencible, y tuviera que dejar de lado todo lo que la llevó a su mejor expresión.

¿Qué está pasando? ¿Por qué de pronto lo que hasta hace treinta años era la “normalidad” hoy se combate, incluso con psicofármacos? ¿Qué clase de locura le sucedió a la sociedad para tirar por la borda todo lo conseguido en términos de igualdad en los últimos años?


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Cada vez vemos más estudios de neurólogos, psiquiatras, endocrinólogos y otras ciencias médicas que confirman que la diferencia entre hombres y mujeres tiene una base principalmente biológica, y solo superficialmente cultural. Desde lo que se ha denominado la “ideología de género” se nos quiere hacer creer que la diferencia entre hombre y mujeres es superficialmente biológica, y mayormente cultural. Cualquier diferencia entre hombres y mujeres se interpreta entonces como una desventaja de la mujer frente al hombre, y por lo tanto, como a algo que tiene que ser culturalmente eliminado.


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De ese modo, como dice el video que nos presenta hoy la gente de Prager University, los niños ya no son vistos como niños, sino como “niñas defectuosas”, o como enemigos a los que hay que combatir. Las escuelas, y especialmente las universidades, se convierten entonces en una zona hostil para los varones, y las leyes buscan que los éstos dejen de hacer “cosas de varones”. Para dar algunos ejemplos grotescos: en Suecia presentaron un proyecto de ley para que los hombres deban orinar sentados. No se me ocurre cómo van a controlar eso en los baños públicos, pero el proyecto existe. El gobierno Vasco quiere prohibir jugar al fútbol en los recreos por considerarlo un “deporte sexista”. El sinsentido no termina allí, a los padres que se oponen a semejantes desatinos se les puede quitar la custodia de sus propios hijos, como está sucediendo en Canadá.

Las soluciones que propone el video son buenas, pero son soluciones parciales, que podrían funcionar si no hubiera un ambiente hostil a la masculinidad. Todos los países de occidente están sometidos, en mayor o menor medida, a esta locura. En América Latina hemos tenido hace poco dos excelentes ejemplos de cómo enfrentar estas iniciativas perversas: en Perú y Paraguay, las iniciativas populares, las peticiones y las marchas organizadas por padres de familia y políticos de bien han logrado frenar e incluso hacer retroceder valientemente la ideología que parecía triunfar casi sin resistencia.

Es importantísimo entonces esta resistencia activa, esta forma de enfrentarse a la política totalitaria de un estado metiche, que pretende sobrepasar la autoridad paterna y “educar” a nuestros hijos en contra de nuestras propias convicciones.

Pero también hay una línea de resistencia mucho más fácil, mucho más efectiva y donde el estado no puede intervenir, y es en la mejora constante de nuestras propias relaciones familiares. Si tenemos una familia fuerte es extremadamente difícil que nuestros hijos sean presa fácil del “lavado de cerebro”. Si nuestros hijos ven que en casa papá y mamá se aman sin condiciones, que se respetan constantemente, que se admiran en las fortalezas de la complementariedad, que son fidelísimos en su amor, que se ayudan y son generosos y alegres en su entrega mutua, es prácticamente imposible que la ideología de género pueda tener algún efecto nocivo en ellos. Si ven a su padre muy masculino respetado por su madre muy femenina. Si ven que su padre muy masculino está al servicio de su madre muy femenina, si ven que su madre muy femenina está constantemente elogiando la masculinidad de su padre y que el padre muy masculino ama con locura a la madre muy femenina; si además ven que los padres aman a sus hijos incondicionalmente, con amor firme y tierno, con amor masculino y femenino, creo firmemente que lo único que logrará la ideología de género será un encogimiento de hombros y como máximo un poco de pena por la gente que no puede vivir esos valores en plenitud.

Tenemos que dejar de tener miedo y de estar a la defensiva en estos temas. Nos avala la razón, nos asiste la gracia y nos confirma la ciencia. Cualquier tipo de discrepancia con la experiencia universal de la humanidad va a pasar, más temprano que tarde, pero sobre todo va a pasar si somos la levadura de la masa, si somos la luz que se pone sobre el tejado, si amamos a nuestra familia como Dios manda.


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