Hay en el barrio de Carabanchel, en la zona sur de Madrid, una antigua plaza de toros denominada Plaza de toros de Vista Alegre, de estilo mudéjar, inaugurada en 1908 que quedó casi totalmente destruida con los bombarderos de la Guerra Civil española. Con su reconstrucción, perdió parte de su altura y majestuosidad, por lo que muchos críticos taurinos empezaron a llamarla «La alegre Chata».

Finalmente fue demolida en 1995, siendo su solar ocupado por el actual Palacio Vistalegre,​ un pabellón cubierto multiusos. Por allí, aparte de toreros famosos como Curro Romero, el Viti o Antonio Bienvenida, han desfilado personalidades del mundo del espectáculo como el cantaor Manolo Caracol, o los grupos de música «Los Ramones» o «Nacha Pop». Ha sido también punto de encuentro de asambleas multitudinarias de perfil político, asambleario, empresarial o similar.



Lugar elegido para la beatificación de Guadalupe Ortiz

Pues esta antigua plaza de toros ha sido de nuevo noticia. Y es que el pasado 18 de mayo el nuevo palacio albergó la beatificación de una mujer de Madrid y del Opus Dei, Guadalupe Ortiz de Landázuri. «Una celebración espléndida en Madrid, frente a 11.000 personas: la beatificación de Guadalupe Ortiz. La primera laica del Opus Dei, una cristiana que supo unir el trabajo y la oración, la acción y la contemplación. Una mujer extraordinaria en las cosas ordinarias!». Es la frase que pronunció el cardenal Angelo Becciu, delegado del Santo Padre y prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, en la ceremonia de beatificación de la primera laica mujer perteneciente al Opus Dei en ser declarada santa.

Entre esos más de 11.000 participantes, grupos de 62 nacionalidades, los más numerosos de España, México, Italia, Polonia, Filipinas, Portugal y Nigeria. Y 200 concelebrantes, de entre ellos siete cardenales, 10 arzobispos y 17 obispos.



¿Quién fue Guadalupe Ortiz?

Guadalupe Ortiz de Landázuri fue una mujer normal que, sin llamar la atención, ayudó a muchas personas a acercarse a Dios, con alegría y servicio a través de su trabajo profesional. Fue una de las primeras mujeres que siguieron a San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, en su empeño por difundir la llamada universal a la santidad a través de las ocupaciones diarias y cotidianas.

Química de profesión, se dedicó a la enseñanza y la investigación haciendo compatible su profesión con las tareas apostólicas que san Josemaría le fue encargando, tanto en España, como en México y Roma. Ejemplo de esas tareas apostólicas es su paso por Bilbao entre los años 1945 y 1946, donde se hizo cargo del centro de la administración que atendía las labores domésticas del Colegio Mayor Abando. Circunstancia que particularmente me llena de una agradecida devoción a Guadalupe, pues actualmente resido en Bilbao, en el colegio mayor que es continuador del de Abando, ahora con otro nombre y en otra calle.

Modelo de santidad

Siempre es motivo de alegría que Dios haga surgir en nuestro mundo actual modelos de santidad corrientes y molientes, y a la vuelta de la esquina. Guadalupe es uno de esos modelos, como así ha manifestado la Iglesia en su ceremonia de beatificación. Y después de haber consultado su biografía, cartas y escritos, me atrevería a resaltar tres facetas de su vida que nos pueden servir de modelo:

1. Guadalupe fue una mujer pionera, adelantada a su tiempo. Una de las 4 mujeres que en 1933 se matricularon en la facultad de químicas entre más de cien hombres; una mujer que optó por la formación en ciencias no siendo una de las opciones más habituales entre las mujeres. Y fue una emprendedora social, en España y en México, donde promovió interesantes actividades con población indígena local, particularmente entre las mujeres.

2. Guadalupe fue una persona con una extraordinaria capacidad para gestionar sus fracasos, defectos y debilidades. Así lo evidencia un buen montón de cartas que se conservan a distintos destinatarios que manifiestan la cotidianidad de sus inquietudes, ilusiones y fracasos.

3. Guadalupe fue una cristiana que sabía perdonar, como así lo muestra el siguiente suceso. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), su padre fue hecho prisionero y, finalmente, condenado a ser fusilado. Guadalupe contaba entonces 20 años y junto a su hermano Eduardo y a su madre, estuvo acompañando a su padre la noche anterior a ser ajusticiado, contribuyendo a inspirar serenidad en esos duros momentos. Siempre perdonó de corazón a los que habían decidido la condena de su padre.

Se me ocurre que sea buena idea acabar con una de sus frases: «Me esfuerzo en la oración y en el orden en todo (…), y cuando hago el examen por la noche y veo tantos fallos (normas, presencia de Dios, momentos de genio o de vanidad) me humillo mucho y tan contenta (…)».