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En este vídeo de «Pepsi» sobre las madres he podido apreciar algo y es que para ellas siempre seremos sus «niños». Aunque estemos muy grandes, y eso es algo difícil de explicar, porque ellas aman, son tiernas, luchan por sus hijos, sostienen la familia bajo cualquier circunstancia, arriesgan todo por sus hijos. Yo me arriesgaría a afirmar que esto se debe a que las mamás no tienen un corazón normal… ellas son diferentes y te invito a que miremos por qué son así.

Siempre dispuestas a dar amor

Para una madre es imposible no dar amor y ternura a sus hijos, su corazón se hace tan suave que les es totalmente difícil llegar a sentir algo negativo hacia sus niños.

Cuando éramos pequeños y jugábamos al cantante, al humorista y hasta hacíamos presentaciones de baile y algunas veces hasta «vendíamos» el pase de entrada al espectáculo, siempre estaba ella en primera fila. Era ella la primera en aplaudir y elogiar el acto, sin importar la falta de ritmo, gracia o sincronización, para ella no hay mejor artista que su pequeño. El corazón de una madre es distinto porque solo sabe amar y esperar amor.

Un corazón sin memoria

La principal característica de una madre es que tiene la capacidad de olvidarse de todo aquello que hacemos mal, todos podemos recordar que aun cuando nos hemos equivocado o cuando pequeños nos hacíamos merecedores de un castigo, ella sabía hacer todo a un lado y tiernamente nos daba un beso o una caricia. Es más, quién puede negar que las palabras de una madre pueden tocar el corazón de un hijo en un punto tan profundo, que logran transformar cualquier situación. Ellas logran cambiar una cara larga en sonrisa, hacen brillar los ojos de nuevo, hacen cesar las lágrimas y recuperar la alegría, ellas saben enderezar el camino que se ha desviado. Una madre sabe olvidar todo, se olvida hasta de ella misma, por el bien de sus niños.

Un corazón que se mantiene firme en la lucha

Detengámonos y pensemos en cuántas veces nuestras madres han tenido que luchar de una u otra forma para educarnos, para darnos algo que deseamos o necesitamos, para de alguna manera hacernos felices y que nos sintamos siempre bien. Ninguna lucha es imposible para ellas porque su corazón es tan fuerte como el de cualquier guerrero y tan suave como una flor.

Ella son las verdaderas guerreras, capaces de darlo todo por sacar victoriosos a sus hijos, porque a diferencia de muchos, ellas luchan una batalla con el objetivo de que sus pequeños ganen la victoria, pues esa victoria también es de ellas.

Un corazón que espera

Ya hemos dicho que una madre es capaz de darlo todo, y esto no se puede negar. Ellas lo dan todo sin medida por sus hijos, pero también es muy cierto que en el fondo del corazón materno siempre hay un anhelo grande de recibir el amor de un hijo… un beso, un abrazo, un detalle, un mensaje, un saludo o una llamada de aquel hijo que está lejos, una disculpa de aquel hijo que se ha equivocado, un «te amo» de aquel pequeño que ya está grande, un gesto de gratitud de su niño.

Ellas que luchan por dar todo a sus hijos también merecen que sus hijos lo den todo por ellas, y así como cualquier alegría de un hijo es la alegría de la madre, así cualquier lucha de una madre es la lucha de un hijo.

¿Y tú si volvieras a ser niño con mamá por un día que volverías a hacer?

Cuántos hemos olvidado ser cariñosos, tiernos, cooperadores con nuestras madres. Cuando éramos niños nos gustaban sus besos, sus abrazos , sus «te amo». Pero ahora que hemos crecido se nos hace más difícil ser tan espontáneos. Recordemos que para ellas siempre seremos sus niños, sus pequeños…

Si volviera a ser niño por un día con mi madre, volvería a abrazarla, darle besos y decirle cuanto le amo… Si volviera a ser niño con mi madre volvería a…

Hoy quiero invitarte a ser espontáneo y demostrar a esa mujer, que lo ha dado todo por ti y que muchas veces ha pasado por situaciones difíciles por hacerte feliz, cuán agradecido estás y cuánto amor le tienes.

Nunca olvides que eres el «niño» de mamá y que ella tiene un corazón distinto, un corazón capaz de todo y que lo espera todo. No hay mejor momento que este para darle gracias, pedirle perdón, expresarle tu amor, recibir esos besos y caricias que se mueren por darnos, para ser sus ¡Niños pequeños!


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