Me estoy acostando muy tarde, Tik Tok me muestra solo escenas de protestas en Estados Unidos y mi dedo pulgar de la mano izquierda no quiere perderse ninguna. Parece que en estos días mis pesadillas empiezan antes de cerrar los ojos. No fue justo lo que pasó con George Floyd.

Las noticias me dicen que había perdido su empleo por la pandemia y que solo fue por unos cigarrillos a la tienda. Podríamos echarle la culpa al sistema, pero el sistema también somos nosotros. El miedo al diferente, el odio injustificado, el creerme con el poder para doblegar a otros. Estamos heridos. Nos falta vida en abundancia.

¿Qué relación hay entre el caso de George Floyd y las enseñanzas de Jesús?

Pienso en Jesús y en las enseñanzas sobre hermandad tan claras que nos dio. El «Reino de Dios», es llamado así, no porque sea un lugar con castillos medievales, sino porque el amor del Padre genera que sus hijos (muchos de ellos desconocidos y hasta enemigos), se traten como hermanos y se ayuden hasta el extremo.

¿Pero que se ayuden a qué? podrás preguntarte. A vivir en paz, a amarse en sus diferencias y corregirse fraternalmente cuando sea necesario. La comunidad que Jesús hizo con sus apóstoles fue la evidencia concreta de que esto es posible.

Su vida entera fue el manual de instrucciones para que sus discípulos, que también somos nosotros, lo sigamos construyendo. Su forma de mirar a los demás, de sanar a los enfermos, de liberar a los oprimidos, de apostar por los que no valían.

De incluir a los excluidos, de alimentar a los hambrientos, de levantar a los paralizados, de perdonar a los enemigos, de amar hasta el extremo. Serían las principales indicaciones para quienes acepten seguir construyendo el Reino en conmemoración suya.

Cuando el mundo hace a Dios a un lado, o lo toma como una opción más que puede olvidar, nos quedamos vacíos. La fragilidad humana domina y la misericordia se esfuma. Nacimos como Iglesia para estar unidos y proclamar este reino de paz.

No solo para reunirnos los sábados en la tarde e ir los domingos a misa solamente, sino para ser ese grupo de hombres y mujeres que van demostrándole al mundo que hay otra forma de vivir. Una donde nadie sea aplastado, hecho a un lado, asesinado, perseguido por ser de una raza, de un credo o de una condición social distinta, nunca más.

¿Quieres ser parte de este reino? Ayuda a construirlo. Te comparto cuatro acciones que tal vez hemos olvidado y que el caso de George Floyd nos recordó a todos.

1. No te creas superior a nadie

Toda imagen que hayamos compartido en redes a favor de George Floyd tiene sentido únicamente en la medida en que nos veamos al espejo y nos preguntemos si no estamos aplastando a alguien cercano mirándolo por debajo de los hombros.

¿Te crees superior a la señora que trabaja en tu casa, a los migrantes, a personas que las consideras «feas», a tus compañeros que tienen menos dinero que tú, a los choferes de taxi, a los mendigos, a las mujeres que trabajan contigo?

¿A quienes no tienen tus grados académicos, a los chicos nuevos de tu grupo pastoral, a personas que tienen otras creencias religiosas, a tus amigos con otro color de piel, a los laicos, a personas con obesidad, discapacidad, o con trabajos considerados de menor nivel? El lavatorio de pies es nuestra gran medicina para este primer punto.

2. Asume el pecado social

A George Floyd no lo mató solo un policía, lo mató el racismo que es parte de nuestros pueblos. Y si no hacemos nada al respecto, nos volvemos cómplices. Hay un concepto llamado «transferencia de responsabilidad», es decir, si veo que alguien más puede ayudar a resolver una situación, entonces ya no me sentiré tan responsable en hacerlo y dejaré de actuar.

Si pensamos que el problema está solo en ese policía nos volvemos jueces pasivos. Pero si reconocemos que está en la sociedad de la que somos parte, nos podemos volver agentes responsables que tomen acción. Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.

3. Lucha contra todo acto de discriminación

Esto es incómodo, porque a veces nos vemos obligados a corregir a mamá, a papá o un amigo cercano. No seas indiferente a cualquier gesto que pueda herir a otros. Si presencias algún gesto contra la señora que trabaja en casa, ¡habla! ¿En tu comunidad juvenil se burlan de un miembro por su color de piel? ¡corrige!

Si en tu trabajo menosprecian a una mujer por ser mujer ¡defiende! ¿En las redes atacan a una persona por ser migrante? ¡manifiéstate! Si en tu colegio se burlan de alguien con sobrepeso ¡actúa!, y así en cualquier escenario donde te encuentres.

Quizá no le salves la vida a nadie, pero vas a darle el oxígeno que necesita. ¡Vamos! Y sobre todo hazlo fraternalmente, con valentía y verdad, pero también con misericordia y sobre todo con tu ejemplo.

4. Afina tu corazón con Jesús

Ora mucho. Entra en intimidad con Él y deja que su amor afine tu capacidad de luchar por la justicia. Deja que el Evangelio te cuestione los prejuicios y tu forma de tratar a otros. Porque si quieres construir el Reino, ¡tienes que empezar a vivirlo!

Pídele al Espíritu Santo la gracia de amar como Jesús para salir de inmediato al encuentro de todos los George Floyd que tienes cerca y que están siendo aplastados por la cultura del odio. Que la fuerza del amor sea tu principal protesta. Y confía, el manual de instrucciones no es una ideología, es una persona que va contigo, Jesús.

Si eliges la construcción del Reino como la gran apuesta de tu vida, tienes que saber que a pesar de la rabia, Jesús nos enseña que el amor hasta el extremo también va para quienes vemos como enemigos. No dejemos de orar por aquel policía que en medio de su delito, siempre tendrá derecho a la compasión.

En memoria de George Floyd (25/05/2020). «Dale Señor el descanso eterno y brille para él tu luz».