Cada 30 de noviembre celebramos la fiesta de San Andrés y se da inicio a un nuevo tiempo del calendario litúrgico: el Adviento. Por ser patrono de Escocia, en el país hay una gran fiesta nacional. Y las fiestas traen consigo tradiciones. En concreto, una de ellas anima a la gente a realizar un gesto de bondad, grande o pequeño. Puedes verlo en el video «St Andrew’s Day – Make Someone’s Day» de Scotland is Now que compartimos a continuación.



Me pareció interesante, porque, preparándonos para el Adviento, podemos también pensar cómo llegar al prójimo en este tiempo. Cómo estar atentos a los demás para ayudarles en lo poco o en lo mucho, en lo que esté al alcance de nuestras posibilidades. Te comparto cuatro consejos que creo que pueden ser útiles en esta tarea:

1. Abrir el corazón: hacer lugar

Para entregar al otro aquello que necesita hay que poner corazón, pero para ello es necesario que éste esté lleno de lo que queremos dar. Quizás sea entonces necesario, vaciarlo de todo lo que no construye, todo lo que no aporta a mi crecimiento y al del prójimo. Es una buena oportunidad para dejar de lado rencores, envidias, egoísmos, caprichos. Vaciarnos un poco de nosotros mismos, de los malos afectos, y en cambio, hacer lugar para Cristo que va a nacer y con Él, los buenos deseos de agradarle, cultivando la fraternidad, la generosidad, la empatía.



2. Superar las barreras: qué me distancia del otro

Para poder llegar a la otra persona hay que reconocer qué es lo que me separa de ella. ¿Es comodidad? ¿Es egoísmo? ¿Estoy guardando algún rencor? Una vez que seamos sinceros con nosotros mismos, en primer lugar, podemos pedir a Dios que nos ayude a superar lo que nos limita en la caridad.

También es un buen momento para aprender a ser más pacientes con los defectos del prójimo, más comprensivos y tolerantes en todo lo que no ofenda a Dios, de esa manera, con las barreras superadas, podremos dar más de nosotros mismos a quien lo necesita.

3. Acercarse: conocer al otro y sus necesidades

A veces estamos muy distanciados incluso de quienes no están tan lejos. Para poder tener un gesto de caridad con el otro es necesario saber qué necesita, pero eso va más allá de lo evidente. Por ejemplo, la Madre Teresa no perdía la oportunidad de dar un plato de arroz al hambriento, pero sabía que lo que realmente necesitaba era que lo considerasen una persona, que le dedicasen tiempo y lo tratasen como su dignidad lo requería. Por eso, ¿Sabemos realmente qué necesita mi prójimo? Mi colega, mi hermana, mi primo, mi amiga, ¿qué necesita?, ¿qué está buscando?, ¿cómo puedo darle, con lo que tengo y lo que soy, una respuesta a eso que echa en falta?

4. Más que dar: darnos

Como dije un poco más arriba, hay que darnos a nosotros mismos, tal como lo hacia San Andrés. Es fácil repartir lo material, lo difícil es verdaderamente involucrarme, permitir que se consuma un poco de mi tiempo, de mis ganas, hacer un pequeño sacrificio por el otro. Pero la donación de sí es la que habla de una verdadera caridad, una más íntima, personal, una que transforma.

El Adviento es una buena oportunidad para mirar el Belén y contemplar la magnífica escena en la que Dios se hizo Hombre, se hizo Niño, para donar toda Su Vida al servicio de los demás. Y en ese pesebre contemplamos cómo cada personaje dona algo de sí, los pastores, los Reyes Magos, y por supuesto, San José y la Virgen María.

A ellos y a San Andrés, podemos pedirles hoy que nos enseñen el camino que hay que seguir para aprender la verdadera caridad. Por último te comparto esta corta pero hermosa oración de este gran santo:

Oh cruz buena,
que fuiste embellecida
por los miembros del Señor,
tantas veces deseada,
solícitamente querida,
buscada sin descanso
y con ardiente deseo preparada!

Recíbeme de entre los hombres
y llévame junto a mi Maestro,
para que por ti me reciba,
Aquel que me redimió por ti muriendo.

Amén.