«Nadie, solo Dios puede saber qué va a pasar en la interacción entre dos personas que se aman» dice el novio en este divertido video de Tik-tok. Un especialista en encurtidos analiza a una pareja a punto de casarse y les dice que tienen fecha de caducidad.

¿Es verdad que solo Dios puede decir qué va a pasar con un matrimonio con el paso de los años? Pues sí…y no. Existen ya especialistas que pueden predecir casi con tanta precisión, como el video de la parodia, qué puede pasar con un matrimonio con el correr del tiempo con solo verlos abordar un tema difícil por 15 minutos.

Estos «Especialistas en Matrimonios» son John Gottman y Julie Schwartzman han desarrollado un método que les permite analizar el tipo de comunicación que se establece entre la pareja y las reacciones fisiológicas que los integrantes de la pareja tienen durante estas discusiones difíciles.

Este video me hizo pensar en lo interesante del trabajo de estos especialistas y es intención compartirles algo de sus descubrimientos y poderlos tener en consideración para aplicarlos a nuestra vida matrimonial y compartir también con otros.

Los cuatro jinetes del apocalipsis de las relaciones

John Gottman y Julie Schwartzman recogen en su investigación 4 actitudes que son altamente nocivas en las relaciones de pareja. Actitudes que merecen la pena reconocer y puntualizar. Estas actitudes son:

Las críticas. Las críticas generalmente son las primeras en aparecer. Muchas personas tienen una actitud crítica sobre sus cónyuges (y sobre todos en general). Las críticas a las  que se refiere Gottman son a las críticas destructivas. Aquellas críticas que no admiten réplica, sino que van conduciendo a otras actitudes cada vez más intensas y dañinas.

Una crítica destructiva se diferencia de una crítica constructiva en que la primera incluye etiquetas, descalificaciones, generalizaciones, se expresa en segunda persona, con tono de voz elevado y despectivo, con una postura corporal amenazante, y que busca crear culpa y malestar en la otra persona.

Una crítica constructiva puede ser «me siento abandonada cuando no me avisas si te retrasas en el trabajo» y una crítica destructiva en el mismo tema puede ser «¡Eres un desconsiderado! Parece que solo te interesa el trabajo y te olvidas constantemente de mí, solo piensas en ti, ¡Egoísta!»

El desprecio. Emparentado con las críticas, el desprecio es casi siempre la actitud en la que caemos cuando estamos casi siempre en actitud de crítica destructiva. El desprecio constituye una falta de respeto que incluye insultos, muecas, empleo de la ironía o el sarcasmo, y que se usa con fines ofensivos y para desvalorizar a la otra persona.

La actitud defensiva. Esta actitud muchas veces se dispara desde cualquiera de los otros dos jinetes anteriores, pero a veces puede cabalgar por sí misma. La actitud defensiva consiste en contestar acusando al otro de otras faltas, reales o imaginarias, para eludir la responsabilidad personal en una discusión.

Supongamos que una pareja discute sobre dónde van a pasar la Navidad, y la mujer le dice al hombre: «¿Por qué no podemos ir a visitar a mis padres?» Y que el hombre responda: «¡No quiero ir a visitar a tus padres porque tú tampoco quieres visitar nunca a los míos!»

La interacción ya no se basa en un intercambio, sino en acusar al otro de la misma actitud. Es buscar el «ojo por ojo, diente por diente» para llegar a un supuesto empate que nunca llega.

El aislamiento o actitud evasiva. Consiste en adoptar una actitud «ofendida» y negarse a comunicarse para resolver un conflicto. El aislamiento puede significar alejarse de la discusión encerrándose en una habitación (casi siempre mediante un portazo) o en poner «Cara de póker» y no responder nada ante los intentos de la otra parte de resolver el conflicto. O simplemente ignorar.

Mirar para otro lado, hacer como que no se escucha, ponerse a hacer algo distinto a escuchar o hacer como que el otro no existe o que nada ha sucedido son actitudes dañinas para la pareja y pueden disparar aún más el comportamiento del que está planteando la queja, aumentando los sentimientos de rabia y resentimiento, y con la consecuencia del empeoramiento de la situación.

¡Todos hemos pasado por estas actitudes en nuestras relaciones! El que diga que no, miente con toda la barba. Vamos al matrimonio con ideas muy equivocadas sobre qué podemos esperar del otro. El matrimonio es un proceso de aprendizaje, un continuo crecer. Hay que poner atención en estas actitudes y por su puesto combatirlas

Los antídotos para los cuatro jinetes.

Parte de este aprender implica ponerle freno y desmontar cada uno de los jinetes del Apocalipsis de las relaciones.

Las críticas se pueden reemplazar por un «comienzo suave».  Si criticas a tu cónyuge, es posible que tu cónyuge se ponga a la defensiva, y si se pone a la defensiva, tal vez caigan en el desprecio, y si caen en el desprecio, es posible que terminen alejándose el uno del otro.

¿Quién gana? Los cuatro jinetes. El «comienzo suave» consiste en reformular la crítica que estabas por lanzarle, en tomarte un tiempo y elegir amar antes que herir. Cambiar tus palabras y reformular de una manera que no será hiriente evitará un dolor grande de ambos lados y fortalecerá la relación.

El desprecio se puede reemplazar por construir una cultura de aprecio. Además de soportarnos mutuamente, podemos crecer en el amor si comenzamos a valorar las virtudes del otro y a ponerlas de manifiesto, construyendo una «cultura de aprecio»

Todos sabemos que tu esposa tiene una pequeña brizna de hierba en su ojo. Y que hay que decírselo, porque si no se lo dices, tu vida corre peligro. Pero ¿Te has fijado en la viga de Catedral que llevas en tu propio ojo?

¿No deberías haber removido primero ese maderamen de tu ojo antes de dirigirte con desprecio a tu esposita? ¡Todos tenemos defectos, y una de las obras de caridad espiritual nos indica que debemos soportar con paciencia los defectos de los demás! ¡Porque además esos «demás» nos soportan a nosotros con nuestros propios defectos!

La actitud defensiva se puede reemplazar por asumir la responsabilidad. Si tu esposo/a viene con un “comienzo suave” y te pide un cambio mínimo, lo mejor que puedes hacer es contestar, asumiendo tu responsabilidad y tratar (aunque sea tratar) de en el futuro hacer lo que te pide.

Si le dices «Perdona, no fue mi intención que te sintieras así, voy a tratar de poner más atención en adelante», es posible que tu cónyuge te comience a amar cada vez más, aun cuando ese cambio que te pide no se vea de inmediato.

El aislamiento puede reemplazarse por bajar nuestra reactividad. Si vemos que estamos entrando en una espiral de furia, y que nos estamos por aislar, podemos pedirle a nuestro cónyuge que nos permita calmarnos, y buscar una actividad que nos tranquilice, antes de afrontar una discusión difícil.

«Mira, en este momento estoy cansado e irritable, no sé si es el mejor momento para discutir eso, dame 20 minutos (o una hora, o hasta mañana) para poder calmarme y discutirlo mejor con más luces después» Con esta frase le estamos dando a conocer a nuestro cónyuge que no estamos en «buenas condiciones emocionales» y que será mejor discutir el tema cuando ambos podamos calmarnos y aportar nuestra visión al problema que tenemos que tratar.

Las discusiones conyugales son ¡necesarias!

¿Puedes creer si te digo que las discusiones conyugales son absolutamente vitales para el buen funcionamiento de la relación conyugal? Aprender a discutir debería ser una de las primeras cosas que se enseñe en los cursos prematrimoniales, porque vamos a estar discutiendo ¡Siempre!

Es parte del crecimiento de la pareja, aprender a dirimir nuestros conflictos «jugando justo», y esa tarea es ¡Muy difícil! Lleva un proceso de aprendizaje que puede ser muy largo hasta que logramos «pelear como Dios manda».

Discutir significa tener una discrepancia de posiciones. E implica una negociación. Si quisiéramos hacer siempre nuestra voluntad, entonces, ¿para qué nos casamos? Y si nuestro cónyuge coincide 100% con todas nuestras decisiones, entonces tengo un secreto para decirte: o eres un Santo o una Santa sin error tacha ni pecado, y tu cónyuge también lo es, o tu cónyuge está cediendo siempre porque eres inflexible y probablemente algo insoportable.

Para tener una relación enriquecedora, debemos ambos aceptar la influencia del otro, y eso es un trabajo que nos puede llevar muchos, muchos años de discusiones difíciles, de aprender a escuchar, de aprender a negociar, de aprender a ceder sin dejar la dignidad personal en cada discusión.

Nuestras discusiones nos obligan a ponernos en el lugar del otro, nos obligan a compartir y dialogar, nos obligan a salir de nosotros mismos y a morir un poco a nuestro «yo», a nuestras necesidades personales, para poner por encima de ellas a las que beneficien a nuestra relación y a nuestra familia.

¿Todos los matrimonios tienen fecha de caducidad?

Lamentablemente sí. Y lo decimos en nuestros votos matrimoniales, «hasta que la muerte nos separe».  Hay que tomar conciencia de ello. Y aun así, el camino matrimonial es un camino que tomamos juntos hacia la vida eterna. Un camino de amor, que seguro se prolongará en presencia de Dios de una manera que aún no imaginamos.

Vale la pena trabajar y construir un matrimonio feliz. Estoy seguro de que tu matrimonio va a mejorar mucho si sigues estas sencillas reglas de pedir cambios mínimos, apreciarlos, asumir la responsabilidad de tus actos y calmar los ánimos antes de discutir temas difíciles: ¡El tuyo!

El Matrimonio, sacramental, un signo sensible y eficaz de la Gracia que Dios quiere darnos a manos llenas. ¡Que la Sagrada Familia los bendiga y los guíe en esta hermosa intención!

 

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