fe en Dios

Los padres quieren que sus hijos brillen y sean felices en todos los ámbitos de la vida: en su carrera, en sus intereses culturales y en sus relaciones. Por eso, también aspiran a que no se conformen con una vida espiritual mediocre. Compartirles la fe y ayudarles a descubrir el plan que Dios tiene para cada uno de ellos es el proyecto más emocionante que pueden emprender.

Uno de los mayores temores que experimentan los buenos católicos es que sus hijos pierdan la fe. El estar cerca de la Iglesia es un legado precioso que desean transmitir, y la idea de no conseguirlo y que puedan alejarse es angustiante. 

Hay algunas cosas que uno nunca le gustaría escuchar. Hace poco una madre me escribió preocupada:

«Tengo una hija de 17 años, ella es muy buena, responsable, excelente alumna, y tiene un corazón enorme. Yo no podría estar más feliz con la hija que tengo. Cuando nos subimos al auto siempre rezamos y este sábado no fue la excepción, pero esta vez me percaté que ella no rezó, entonces le pregunté por qué no, y ella me dijo “a veces no sé si creo en Dios“; se me hizo un nudo en la garganta y me puse a llorar. Le pregunté por qué decía eso y ella me dijo que tiene dudas, que ya no reza porque no sabe si Dios le escucha, se cuestiona por qué Dios permite que pasen cosas malas a las personas».

Por supuesto, le dije que era una gran oportunidad de crecimiento. Que las dudas son buenas cuando llevan a pensar más a fondo las cosas, a profundizar en las creencias. A la madre le animé a lanzarle este reto a su hija: que vea este video y luego se lo proponga a su hija para conversar.

Cuando tus hijos comiencen a plantear preguntas teológicas, evita la tentación de eludir el problema con respuestas rápidas o prefabricadas. A menudo, las dudas de los adolescentes (y también de los adultos) esconden luchas más profundas que merecen ser exploradas. Son excelentes oportunidades.

Fomenta el diálogo desde pequeños 

Después de ir a Misa el domingo es una buena práctica comentar lo que acaban de escuchar. Presentar preguntas que les ayude a hacer suyas lo aprendido: ¿Cómo responderías a alguien que duda de un milagro, como Jesús caminando sobre el agua? ¿Qué dirías a alguien que cuestiona la justicia de Dios en relación con aquellos que nunca han oído hablar de Jesús?

Estas preguntas despiertan la reflexión y ayudan a los adolescentes a buscar formación, animarles a leer la Biblia con mayor profundidad y consideración. Comprobar nuestra debilidad ante las distintas necesidades es una oportunidad para mirar al Cielo, rezar, acudir a nuestro Dios para que Él venga en nuestro auxilio, como lo explica esta meditación.

Involucra las mentes de tus hijos y fomenta el aprendizaje proactivo al hacerles preguntas antes de que ellos lo hagan. Al fomentar el diálogo y la reflexión, estás preparando a tus hijos para enfrentar las dudas teológicas con confianza y discernimiento.

Abordando las dudas en la fe en Dios

Cuando los chicos cuestionan nuestras creencias, podemos sentir la presión de ofrecer respuestas rápidas, en lugar de aprovechar la oportunidad para ayudarles a profundizar. Es natural tener miedo, tememos que su fe se desmorone. Pero es importante recordar que nuestra relación con Dios no depende de nuestra comprensión perfecta de la fe y que las dudas pueden ayudar a profundizar.

La gracia de Dios es lo que nos salva, no nuestra capacidad para almacenar todas las respuestas correctas. La fe es un viaje, y es normal que las dudas sean parte del camino.

Cuando enfrentemos preguntas difíciles, no necesitamos entrar en pánico ni sentirnos inseguros. Dios nos conoce y nos ama, incluso cuando estamos luchando con nuestras creencias. Podemos llevar nuestras preocupaciones a la oración, buscar orientación y confiar en que Él nos guiará en nuestro camino.

Es importante ser pacientes y comprensivos con los chicos mientras exploran sus dudas. Con la seguridad de que no están solos en este viaje; siempre se puede buscar la orientación de un sacerdote amigo o los catequistas, leer libros relevantes y compartir nuestras inquietudes con otros padres que tengan hijos.

Pueden servir también estos cursos: «Formar a nuestros hijos en la fe» y «Cómo criar hijos felices. Perspectivas de fe para una formación integral».

Un lugar seguro

fe en Dios

Nuestro hogar debe ser un lugar donde podamos hablar abiertamente sobre nuestras preguntas y preocupaciones. Cada uno necesita del apoyo y la comprensión de la familia mientras busca respuestas y crecemos en nuestra fe. Un lugar donde prime la confianza, donde los chicos sientan la confianza para elevar sus dudas.

Una idea que puede dejar más tranquilo a un hijo con estas dudas es: mi deseo es que siempre busquemos a Dios, que encontremos paz y dirección en Él. Pero también quiero que sepamos que podemos ser honestos sobre nuestras dudas y que seremos amados y apoyados en cada paso del camino. La fe no siempre es fácil, pero con la ayuda de Dios y el apoyo de los demás, podemos encontrar respuestas y fortaleza para nuestro viaje espiritual.

Ofrecer confianza y animar, con paciencia, da los mejores resultados. Decía san Josemaría:

«Incluso en el caso extremo, cuando el hijo toma una decisión que los padres tienen buenos motivos para juzgar errada, e incluso para preverla como origen de infelicidad, la solución no está en la violencia, sino en comprender y –más de una vez– en saber permanecer a su lado para ayudarle a superar las dificultades y, si fuera necesario, a sacar todo el bien posible de aquel mal».

En cualquier caso, la tarea formativa consiste en procurar que las personas quieran; en definitiva, en suministrar los instrumentos intelectuales y morales para que cada uno sea capaz de hacer el bien por propio convencimiento. Pueden servirte estas ideas.

Finalmente, no olvidemos que tenemos un arma poderosa, la oración debe convertirse en nuestra mejor aliada. Y, en especial, la oración de una madre tiene un gran poder: es como un escudo de amor que protege y guía a quienes ama. Si quieres saber más de este mega poder, te recomiendo esta meditación.

Fotos tomadas de Freepik.