Vivimos en una cultura en la que somos constantemente bombardeados de estímulos, ideas y todo tipo de información que llega a nosotros en formas cada vez más nuevas y diversas (pensemos en la cantidad sin precedentes de contenido audiovisual al que accedemos).

Lo entremezclado, lo complejo, la cantidad y el ritmo acelerado en el que nos llega el contenido puede muchas veces saturar nuestras facultades y quitarnos la capacidad de reflexión. La que nos permite tener una perspectiva panorámica de la realidad y, así, aventurarnos a la búsqueda imprescindible del sentido último de la vida.

En medio de la que ha sido llamada la civilización del espectáculo aún permanece abierta, entre otras, una ventana privilegiada para acceder a lo más profundo de la realidad humana: el arte. Ahí se pueden enfrentar las grandes interrogantes de la existencia y tomar conciencia del misterio del que formamos parte. 

El arte y la fe

Te presentamos un video sobre un genio universal del arte cuyas obras, venciendo el tiempo, han permitido a muchas generaciones acceder a ese mar inmutable de la naturaleza humana y de Dios: Caravaggio.

Famoso por su estilo llamado claroscuro o tenebrismo, envuelto en la tendencia artística impulsada por el Concilio de Trento, que promovía el arte como medio para que los cristianos entendieran y reconectaran con su fe.

Inmerso en una vida marcada por la inestabilidad, la inmoralidad y la lucha intensa entre el bien y el mal, plasmó con particular intensidad el dramatismo de la realidad, de la historia y de cada vida humana con un realismo que involucra e identifica al público.

Caravaggio y el mensaje inmutable de la verdad y la belleza

Te invitamos a ver el video con mucha atención para poder experimentar aquello que el arte es capaz de hacer y que en palabras de Benedicto XVI es dar una sacudida que desacomoda como un «dardo que hiere y despierta» para ver más y mejor.

El arte es capaz de mostrar en formas diversas, y como epifanías o manifestaciones, el mensaje inmutable de la verdad y la belleza porque reviste de forma accesible al misterio.

Nuestras vidas representadas en otras vidas

Caravaggio, en sus obras, no nos aleja de la realidad sino que nos confronta con ella, abriendo nuestro interior a la nostalgia de una situación mejor. Cumple con aquello que mencionó san Juan Pablo II en su célebre Carta a los artistas:

«Incluso cuando escudriña las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más desconcertantes del mal, el artista se hace de algún modo voz de la expectativa universal de redención».

Es por eso que en su dramatismo, nos muestra el todo en un fragmento, nuestras vidas representadas en otras vidas, se esconde la esperanza, la luz en medio de las tinieblas, la presencia de Dios y del amor.