Pro Infirmis es una ONG que opera en el país de Suiza, y trabaja para la integración de las personas con discapacidad en el ámbito social y laboral. «Apoya a las personas con discapacidad y sus familias en la organización y en la participación responsable en áreas de su interés como lo son su vida, el trabajo u ocio».

Estas últimas semanas ha sido noticia en los medios de comunicación gracias al lanzamiento de una nueva campaña publicitaria llamada: «¿Te reconoces a ti mismo? Todos somos iguales». El spot ha sido elaborado por la agencia Thjnk Zuricj en colaboración con el director norteamericano Jon Barber y la compañía de producción Stories AG.



En esta ocasión la ONG suiza ha lanzado una nueva campaña con el mensaje de que todos somos iguales, tengamos o no alguna discapacidad. Y lo ha hecho por medio de un spot publicitario donde, en clave de humor, muestra cómo, a pesar de sus diferencias, las personas con discapacidad no dejan de ser como todos los demás. Es decir, que les pueden molestar las mismas cosas que al resto y, que ante una situación difícil o incómoda como por ejemplo pelearse contra cajeros que no funcionan, lavadoras que pierden los calcetines, bolsas de patatas fritas que se abren mal, cortes de luz, citas desastrosas o que alguien lleve su mismo vestido en una fiesta, reaccionan del mismo modo que la mayoría de nosotros.



Esta no es la primera campaña con la que se dan a conocer, logrando un gran impacto social. En 2013 presentaron en el Día Internacional de las Personas con Discapacidad su campaña titulada: «Porque, ¿quién es perfecto? Acércate». Campaña que provocó un buen número de miradas de asombro entre los transeúntes de la céntrica calle Bahnhofstrasse de Zurich, donde en la cristalera de unos grandes almacenes colocaron maniquíes de personas con discapacidad entre las figuras habituales. Eran maniquíes a los que, por ejemplo, les faltaba una extremidad por causa de alguna enfermedad de los huesos, y que sin embargo lucían prendas de moda como los otros maniquíes. Tales figuras eran representaciones a escala humana de personajes conocidos del país, personas con limitaciones físicas.

Estas son algunas reflexiones en las que me gustaría detenerme después de haber visto el video:

¿Qué tan cierto es que todos somos iguales?

El spot podrá gustar o no, podría estar mejor o peor hecho, pero el mensaje que se transmite es, más que acertado, acertadísimo. Mensaje que todo el mundo, –siempre habrá alguno que discrepe– entiende, comprende, asiente y defiende. Somos iguales aunque podamos tener alguna limitación, del tipo que sea. Todo ello explicado con profesionalidad, claridad y sentido del buen humor, gracia y simpatía.

Ciertamente percibimos la igualdad que existe entre nosotros, muchas veces sin saber explicar bien el por qué, al margen de razones legales o jurídicas. Percibimos que son muchas las cosas que nos hacen muy parecidos, por no decir idénticos: nos consuela un abrazo cargado de ternura, un suceso divertido arranca de nosotros una sonrisa, nos agradan las muestras de cariño del que nos quiere, nos ilusiona un proyecto que nos gusta, etc. Igualmente necesitamos sentirnos escuchados, comprendidos, atendidos, queridos, expresar nuestras emociones, hacer partícipes a los demás de nuestras alegrías, también de nuestras tristezas, de nuestros éxitos y fracasos. Sí, es cierto que somos muy parecidos, casi iguales en lo básico.

Ser diferentes no está mal, nada mal

Diría que, con igual o más claridad, percibimos que no somos tan iguales. Que sí, que tenemos los mismos derechos, las mismas obligaciones, también las mismas oportunidades aunque esto lo decimos con la boca mucho más pequeña porque no nos lo acabamos de creer del todo. Intuimos que esa igualdad se apoya en nuestra humanidad y por tanto en la dignidad con la que hemos nacido (con todo lo que eso supone). Pero somos distintos, diversos, diferentes, dispares, peculiares, singulares, especiales.

Sí, somos diferentes, porque tenemos diferencias que pueden apreciarse a simple vista o no; diferente origen o historia, pertenencia o cultura, procedencia o forma de ser, costumbres y gustos. Diferentes formas de pensar, hablar o aprender, también somos de religiones distintas. Tenemos un aspecto distinto y puntos de vista distintos; hasta en las virtudes y defectos también somos diferentes. Y esto hace que cada uno de nosotros sea un apersona única. Esto lo sabe y aplica a la perfección quien hace cabeza de un grupo de personas y sabe colocar a cada una en el sitio donde va a ser más eficaz y diligente, desde un punto de vista profesional. Ni que decir de las madres, de la nuestra, que sabe tratar de modo distinto a cada uno de sus hijos, sin que esto signifique algo malo.

Es cierto: nos cuesta aceptar nuestras diferencias

Todo esto lo experimentamos en nuestro día a día, con absoluta normalidad y cotidianidad. Pero también es cierto que a veces, muchas veces nos cuesta. Nos cuesta la relación con los que son distintos, diferentes, diversos a nosotros, en forma de ser y de pensar, en carácter, temperamento, en modos de hacer y trabajar. Nos cuesta aceptar esas diferencias; admitimos y defendemos que tengan que existir personas distintas pero nos cuesta asumir esa diferencia con el prójimo. Quizá por esto detectamos la paja en el ojo ajeno pero no detectamos la viga que llevamos en el nuestro.

Tenemos que reconocer en nosotros esa singularidad, porque cada uno es único e irrepetible, porque así nos ha hecho Dios. Dios nos ha hecho distintos, diferentes y serlo está más que bien. El mundo sería muy aburrido si todos fuéramos iguales ¿No crees?

Deberíamos querernos de modo incondicional, sin cortapisas, sin excluir a nadie. Amarnos en nuestra diversidad. Que buen consejo seguir la regla de oro que Jesús nos da en Mateo, que sepamos tratarnos como a nosotros nos gustaría que nos tratasen. 

Tal vez dentro de tu circulo de amigos o de familia, tengas la fortuna de amar a una persona con discapacidad y estás de acuerdo en que no te gustaría que otros la juzgaran, le restaran importancia o la criticaran por no ser «igual» a ti. Pidámosle hoy a Dios el don del amor y la compasión y seamos más conscientes del trato que le damos a los demás ¿Estoy dispuesto a ayudar a otros?, ¿huyo de situaciones que involucran a personas con discapacidad?, ¿ofrezco mi amistad sin condición alguna?

Ya que estás aquí…

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