Fueron semanas muy difíciles, mis ojos recorrían durante varias horas del día los libros y el computador, pero por más que me esforzaba sentía que no avanzaba en mis resultados. Tenía varios problemas en mente y otras situaciones que no estaba en mis manos resolver en ese momento, así que concentrarme no resultaba fácil. La fecha límite para tomar un examen muy importante estaba cerca y yo estaba estancado, sin saber cómo salir de allí.

No estaba acostumbrado a una situación como esa. Busqué todos los recursos que tenía a mi alrededor, hablé con algunos colegas que habían pasado por situaciones similares, intentaba algo diferente cada día, sin obtener mejores resultados. Mi preocupación crecía.

¿Te ha pasado algo similar alguna vez? Pues bien, esto me sucedió hace algunos meses y quiero compartir esta historia contigo, espero te pueda ser de ayuda si alguna vez debes enfrentarte a un examen o algo parecido, o si lo estás viviendo en este momento. 

Así fue como empezó todo

Volviendo a la historia, recordé de repente que cuando era niño me costaba mucho entender matemáticas. Siempre he sido un buen estudiante, pero en quinto grado no podía avanzar mucho en esa área. Mi abuela, la mujer más piadosa que yo he conocido, me dijo un día: «No puedo ayudarte porque no entiendo lo que estas estudiando. Pero una vez leí que cuando San Juan Bosco tenía una situación que no sabía cómo resolver, acudía a María Auxiliadora y ella siempre le ayudaba a encontrar una solución. Haz tu lo mismo, pídele a ella que te ayude a presentar tu intención a Su Hijo, y veras que podrás entender».

Ese día mi abuela me enseñó esta oración que yo habría de recordar casi 20 años después:

«Madre amable de mi vida,

auxilio de los cristianos,

la gracia que necesito,

pongo en tus benditas manos. Dios te salve María…

Tú que sabes mis pesares,

pues todos te los confío,

da la paz a los turbados

y alivia el corazón mío. Dios te salve María…

Y aunque tu amor no merezco,

no recurriré a Ti en vano,

pues eres Madre de Dios

y Auxilio de los Cristianos. Dios te salve María…

Acuérdate oh Madre Santa,

que jamás se oyó decir,

que alguno te haya implorado

sin tu Auxilio recibir. Dios te salve María…

Por eso con fe y confianza,

humilde y arrepentido,

lleno de amor y esperanza,

este favor yo te pido. (Se presenta la intención)»

Le pedí a María Auxiliadora que me ayudara a presentar mi tiempo de estudio ante Jesús, de manera que yo pudiera integrar el conocimiento necesario para el examen durante las siguientes semanas y lo pudiera usar para ayudar a otros en un futuro, pero sobre todo que el resultado de esa prueba fuera para la Gloria de Dios.

Empecé a hacerla cada noche después de mi tiempo de oración, y se la envié a mi familia y algunos amigos para que la hicieran presentando esta intención. La respuesta no se hizo esperar: durante las siguientes semanas pude ver cómo mis resultados fueron mejorando progresivamente, me enfocaba menos en las situaciones que no podía resolver y me sentía menos cansado, a pesar de poder estudiar durante jornadas muy largas. Gracias a Dios hoy me enteré de que aprobé el examen y quiero compartir contigo algunas de las cosas que aprendí:

1. Dios es capaz de transformar cualquier situación en una oportunidad para crecer en confianza y gratitud

Te animo a que, sin importar cuál sea el problema o dificultad que tengas en este momento, te acerques con confianza a Dios y le expongas lo que sientes y lo que anhelas con humildad. También te animo a que invites a la Virgen María a orar por ti y por tu intención. Esta experiencia me recordó que lo primero que debo hacer al enfrentar situaciones que se salen de mis manos, es dejarlas en manos de Dios: Él siempre sabe lo mejor para mí y desea lo mejor para mí.

No podemos controlar todas las cosas que pasan en nuestra vida. Sin embargo, hay momentos en los cuales se nos pide confiar en Dios y en Su voluntad. Eso no significa que debamos dejar de trabajar con disciplina por aquello que anhelamos, significa que ese trabajo puede tener un sentido aún más grande cuando lo ofrecemos a Dios con amor y lo sometemos a Su voluntad perfecta.

Confiar en Dios no significa dejar a un lado nuestra responsabilidad en las cosas que nos suceden o en nuestra propia vida. Confiar significa seguir caminando incluso cuando la vida es incierta, con la convicción de que Dios tiene el mejor plan para nosotros, y que Él nos invita a realizar cada actividad, por pequeña que parezca, de la mejor manera posible.

2. No hay mejor oración que la de una madre por sus hijos, especialmente si es la oración de la Santísima Virgen María

Si aún te quedan dudas, lee el primer milagro de Jesús (Juan 2, 1-12). Fue la Virgen María quien les dijo a aquellos que en ese momento estaban desesperados: «hagan lo que Él les diga». Así como nos acercamos algunas veces a nuestros amigos o familiares y les pedimos que nos ayuden a orar por alguna intención en particular, así también podemos acercarnos a la Virgen María y pedirle que interceda ante Jesús por nosotros.

Siempre debemos recordar que es Dios quien hace la obra, la Virgen María nunca buscó protagonismo, por el contrario, ella nos lleva siempre a mirar a Jesús.

Algunas semanas después de haber tomado el examen sigo haciendo esta oración, y le doy gracias a Jesús por el regalo tan grande que nos ha dado en la devoción a su santísima Madre. 

Recuerda compartir este post con tus amigos y familiares. Si la Virgen ha intercedido por ti y te ha permitido alcanzar algún favor especial, no dudes en compartir tu experiencia en los comentarios. 😉