Someterse a una evaluación de cualquier tipo siempre es una situación estresante. Ya sea que te subas a una báscula para medir tu peso, que lleves tu automóvil a la revisión para que se autorice su normal circulación o que tengas que rendir un examen académico para demostrar tus aprendizajes, los momentos previos a ese procedimiento, siempre influyen y los resultados reflejan todo aquello que haya ocurrido antes.

Por lo tanto, si no has sido un estudiante responsable, es poco probable obtener buenos resultados. Como diría san Agustín: «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti», es decir, hay que hacer que nuestro camino de fe y vida espiritual no se quede solo en nuestras piedades personales y ruegos, pues solo rezando no nos irá bien en nuestros exámenes. Dicho más en sencillo, para Dios no hay cosas imposibles, pero si no has puesto de tu esfuerzo y hecho lo que te toca, es difícil que ocurra el milagro. Aquí tenemos que ponernos sobre un primer supuesto: «aún estamos a tiempo de hacer algo para salir bien en esa evaluación». Si no hay tiempo, pues no queda más que esperar a que los caprichos probabilísticos relacionados con el azar nos ayuden a que nuestras faltas pasen desapercibidas.

Todo esto aplica en aspectos académicos y para aquellos que se preparan para rendir sus exámenes y pruebas de admisión universitaria pues no solo se trata de aprobar o reprobar, sino que en la mayoría de las ocasiones, el resultado de estos test influyen vocacional, ocupacionalmente y económicamente, en el caso de buscar financiamiento o becas. Rendir una de estas pruebas no es un asunto que se resuelva con una estampita de un santo en la billetera y bendecir el lápiz con el que vas a responder. Por eso queremos proponerte algunas consideraciones antes de enfrentarte a este tipo de evaluaciones tan importantes:


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1. Lo humano y lo divino de estudiar

Hay cosas espirituales de por medio. La vocación, el propósito de la vida, los dones y talentos que Dios nos ha dado. Todas esas cosas se expresan cuando uno rinde un examen académico, esas cosas las ponemos en las manos de Dios y nos encomendamos a la oración de nuestros amigos y hermanos. Todo esto lo ofrecemos a Dios, pues sabemos que vienen de Él y nuestras expectativas sobre el “qué será de nuestra vida”, quedan depositadas en Él.

Pero también hay mucho de humano: debes sí o sí organizar tus tiempos, planificar tu preparación de forma responsable, ser consciente de tus debilidades y dificultades académicas y pedir ayuda cuando es necesario. Hay mucho en tus manos y, aunque Dios siempre nos ofrece su ayuda y bendición, no hará aquello que te corresponde hacer a ti. Por lo tanto, con humildad, responsabilidad y esfuerzo, es súper necesario que pongas de tu parte y te propongas prepararte lo mejor que tus recursos y posibilidades te permiten.


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2. Estudiar a veces es una carga pesada, ofrécela

«Tienes un caballo de batalla que se llama estudio: te propones mil veces aprovechar el tiempo y, sin embargo, te distrae cualquier cosa. A veces te cansas de ti mismo, por la escasa voluntad que muestras; aunque todos los días recomienzas de nuevo.  ¿Has probado a ofrecer tu estudio por intenciones apostólicas concretas?» (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Surco, 523).

Las distracciones que nos ofrece la vida moderna y las recompensas rápidas y placenteras de las redes sociales son un distractor del cual es difícil desprenderse. Ofrece tu tiempo de estudio como quien ofrece una peregrinación o un ayuno. Convierte ese tiempo en un lugar espiritual, sobre todo si se te hace difícil concentrarte y perseverar en él.

2. Como en todo, reconoce tus límites y pide ayuda cuando es necesario

Pudiera ser que caemos en la espiritualidad de los chicos “L’Oreal” y nos decimos constantemente “porque yo lo valgo”, como intentando hacer que el mundo gire alrededor de nosotros, y si algo no funciona, entonces es por causa de los demás. Que si nos va mal es culpa de los profesores, de nuestros padres, de la falta de oportunidades, pero como diría Luis Miguel, no culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia… ¿Será que no has reconocido que necesitas ayuda?

Reconocerse limitado y frágil es pan de cada día en nuestra vida espiritual, pero lo que al parecer no es tan común, es que, luego de tomar conciencia de nuestros límites, pidamos ayuda. Por eso, con humildad y sinceridad pide abiertamente ayuda, busca formas de reforzar los contenidos más débiles, ábrete a la posibilidad de que alguno de tus compañeros pueda darte una mano, esta es una actitud madura y responsable.

3. Sobrellevar el temor a un mal resultado

Hay dos maneras de vivir con las situaciones que te causan miedo: enfrentarlas o huir. Huir se expresa claramente en el procastinar el estudio, no querer enfrentarlo por ese pensamiento vicioso de que sin importar lo que hagas, todo saldrá mal. Ese miedo muchas veces paraliza y hace que todo se vuelva torpe y lento. Enfrentar este tipo de exámenes académicos no implica no sentir temor, sino que enfrentar aquello que me atemoriza y sobrellevarlo. Estudia a conciencia, prepararse bien, aun cuando sabes que no obtendrás el máximo puntaje o calificación, pero animándote a dar los pasos que sean necesarios para no quedar en el fango del miedo y el estancamiento. No te permitas fracasar antes de siquiera haberlo.

4. Tener un proyecto de vida ayuda a estudiar mejor

No todo en la vida es motivación extrínseca, es decir, uno no hace las cosas solamente por el premio o reconocimiento, por alcanzar logros y metas, sino que también hay razones interiores para encontrar motivación, que más que basarse en lo que los demás dicen de mí, tienen que ver con los propósitos personales, la vocación, el sentido de la vida.

En la espiritualidad jesuita le llaman “principio y fundamento”, que es una especie de declaración de principios que describe lo que uno ha descubierto para sí mismo en relación a Dios, a los demás y cómo vivir conforme a eso. Si tienes claros tus proyectos, tus sueños y lo que Dios espera de ti, no será tan difícil sentarse y abrir un libro para estudiar, pues ese tiempo de estudio es tiempo de siembra para luego cosechar aquello que sueñas y anhelas, eso que has proyectado para ti. En cambio, si no hay un proyecto a mediano y largo plazo, muchas veces lo único que queda para motivarse es el temor de tener un mal resultado. Así, nadie estudia bien.

5. Se juega un resultado académico, no la vida

Atribuirle a una prueba el peso de tu destino en la vida es sobredimensionar el asunto. No negamos la importancia de los resultados de este tipo de pruebas, pero implican solo un aspecto de la vida, lo académico, y en el mejor de los casos, lo ocupacional/laboral a futuro. Pero la vida es mucho más que eso, tú eres mucho más que puntaje o una calificación, eres mucho más que una profesión u ocupación y, sobre todo, Dios no te ama o deja de amar por tus notas y resultados académicos. Por lo tanto es buena idea mirar esta situación un poco más friamente. Eso te ayudará a mantener la calma, controlar los nervios y realmente demostrar lo que sabes y de lo que eres capaz. La vida no se juega en un examen de admisión.


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