No sé si eres de ir a misa todos los días, yo intento hacerlo todos los días, sencillamente porque lo necesito. Porque me hace una inmensa ilusión recibir a Jesús en la Eucaristía todos los días de mi vida.

Es verdad que no es una obligación – si me conocieras, sabrías que no hago nada por obligación, todo lo que hago lo hago porque quiero – y, específicamente, ir a misa es algo que hago por amor. 

Sea que vayas a la misa todos los días o solamente vayas los domingos, te doy una serie de consejos que te pueden ayudar a vivirla de una mejor manera

1. Organizar tu día en torno a la Eucaristía

Eucaristía, ¡Jesús está loco por verte! 6 consejos y 2 oraciones para prepararte mejor para la Eucaristía

Como quiero ir a misa todos los días, tengo un horario que intento cumplir. Pero, en la noche anterior, cuando estoy organizando lo que voy a hacer el día siguiente, organizo mi día en torno a la misa. 

Cuando tenemos una rutina, organizarnos es mucho más fácil. Pero cuando me voy de viaje esto es un poco más difícil, así que lo que hago es buscar las Iglesias cercanas a donde me estoy quedando. Busco los horarios y organizo mi día en torno a la misa.

Sí sé que en la Eucaristía encuentro todo lo que quiero y lo que necesito, ¿cómo no voy a priorizar ir a la misa sobre cualquier otro evento o plan?

2. Pensar en lo que llevarás puesto

Eucaristía, ¡Jesús está loco por verte! 6 consejos y 2 oraciones para prepararte mejor para la Eucaristía

Te tengo que ser honesta: esto que te voy a recomendar aquí no lo cumplo cada vez que voy a la Eucaristía. Pero sé que nuestro atuendo nos puede ayudar a reconocer a Quién vamos a ver, con Quién nos vamos a encontrar. 

Lo que nos ponemos habla mucho de lo que somos. La moda es un lenguaje no verbal con el que comunicamos cosas muy importantes. Puedes pensar que esto que te digo es superficial, pero piénsalo ¿te irías con la misma ropa con la que vas al gimnasio a una entrevista de trabajo?

Te digo que yo misma no cumplo con esta recomendación porque, como ya te dije, intento ir a misa todos los días y hay algunos en los que salgo de la misa a hacer ejercicio. ¡Claro, todos tenemos diferentes circunstancias! 

Dios siempre nos va a querer y tener las puertas abiertas para cuando queramos estar con Él. Pero podemos pensar en un día a la semana – sobre todo los domingos – en el que «ponernos lindos» para la celebración. Esto nos puede ayudar a disponernos de una mejor manera para recibir el regalo más grande de todos.

3. Buscar las lecturas

Eucaristía

Buscar las lecturas del día siempre es una maravilla. Tal vez buscarlas en la mañana y hacer tu oración matutina con las lecturas del día te puede ayudar a tener el corazón más preparado para escuchar lo que Dios quiere decirte en la Palabra.

Recuerda, Dios está vivo en la Palabra y quiere hablar contigo. Quiere hablar directo a tu corazón. Cuando hemos leído la Palabra vamos más preparados para escuchar y es más difícil que nos distraigamos de lo que Dios quiere decirnos.

Por otro lado, es maravilloso cuando vemos que Dios nos dice algo a nosotros a partir de nuestra oración con las lecturas y, luego, el sacerdote en la homilía las aborda desde una perspectiva diferente.

Es en estos momentos en los que nos damos cuenta de que Dios, verdaderamente, hace nuevas todas las cosas y nos habla a cada uno de una manera personal. 

4. Llegar a la Iglesia unos minutos antes que empiece la misa

Eucaristía

Esta recomendación es importante que la tengamos en mente cada vez que vayamos a la Eucaristía. Es muy diferente cómo celebramos la Eucaristía cuando llegamos unos minutos antes y tenemos el tiempo de estar con el Señor, así sean unos minutos, que cuando llegamos corriendo (y posiblemente ni siquiera llegando a los ritos iniciales). 

Evidentemente, es mejor ir a la misa que no ir. Si ves que vas a llegar tarde y no hay más misas a las que puedas asistir, pues mejor tarde que nunca.

Pero si hay posibilidad de otra misa, te recomiendo plantearte la posibilidad de ir más tarde y llegar un poco antes al templo para disponer tu corazón a escuchar y a recibir todos los regalos que Dios te tiene preparados en esta fiesta. 

5. Ayuno eucarístico

Eucaristía, ¡Jesús está loco por verte! 6 consejos y 2 oraciones para prepararte mejor para la Eucaristía

El numeral 919 del Código de Derecho Canónico nos dice

«quien vaya a recibir la santísima Eucaristía, ha de abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos desde una hora antes de la sagrada comunión, a excepción de agua y de medicinas».

Ten en cuenta que si vas a recibir a Jesús en la comunión es necesario que tengas una preparación más que solo mental. El ayuno dispone a tu cuerpo para la recepción de lo más sagrado que tenemos. 

Hay muchas personas que ven el ayuno como algo innecesario, pasado de moda o hasta de personas radicales y obsesivas. Pero no lo es. El ayuno es necesario en cuanto que nos ayuda a crecer en la virtud de la templanza y del dominio sobre nuestras propias pasiones. Estas no son malas en sí mismas, pero deben ser ordenadas por la razón. 

La norma del ayuno eucarístico nos dispone a prepararnos desde un tiempo antes para reconocer a Quien vamos a recibir en nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo y que, en el momento de la comunión, se hace sagrario viviente del Dios que desea habitar en nosotros. 

6. Rezar oraciones antes de recibir la Eucaristía

Eucaristía

Te dejo las siguientes oraciones que puedes rezar antes de comulgar y que te pueden ayudar a profundizar en el hermoso misterio de la Sagrada Eucaristía.

La oración de preparación para recibir la Eucaristía de san Ambrosio es preciosa:

«¡Oh Piadoso Señor Jesucristo!, Yo pecador, sin presumir de mis méritos, sino confiando en tu bondad y misericordia, temo y vacilo al acercarme a la mesa de tu dulcísimo convite, pues tengo el cuerpo y el alma manchados por muchos pecados, y no he guardado con prudencia mis pensamientos y mi lengua.

Por eso, oh Dios bondadoso, oh tremenda majestad, yo que soy un miserable lleno de angustias, acudo a ti, fuente de misericordia; a ti voy para que me sanes, bajo tu protección me pongo, y confío tener como salvador a quien no me atrevería a mirar como juez. A ti, Señor, muestro mis heridas y presento mis flaquezas.

Sé que mis pecados son muchos y grandes, y me causan temor, más espero en tu infinita misericordia. Oh Señor Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre, clavado en la cruz por los hombres: mírame con tus ojos misericordiosos, oye a quien en ti espera; tú que eres fuente inagotable de perdón, ten piedad de mis miserias y pecados. Salva, víctima de salvación inmolada por mí y por todos los hombres en el patíbulo de la cruz.

Salve, noble y preciosa sangre, que sales de las llagas de mi Señor crucificado y lavas los pecados de todo el mundo. Acuérdate, Señor, de esta criatura tuya, redimida por tu sangre. Me arrepiento de haber pecado y deseo enmendar mis errores. Aleja de mí, Padre clementísimo, todas mis inquietudes y pecados, para que, limpio de cuerpo y alma, sea digno de saborear el Santo de los santos. Amén».

Y la oración de Santo Tomás de Aquino también te encantará:

«Aquí me llego, todopoderoso y eterno Dios, al sacramento de vuestro unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, como enfermo, al médico de la vida, como manchado a la fuente de misericordias, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre y desvalido al Señor de los cielos y tierra.

Ruego, pues, a vuestra infinita bondad y misericordia, tengáis por bien sanar mi enfermedad, limpiar mi suciedad, alumbrar mi ceguedad, enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que así pueda yo recibir el Pan de los Ángeles, al Rey de los Reyes, al Señor de los señores, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y devoción, con tal fe y tal pureza, y con tal propósito e intención, cuál conviene para la salud de mi alma.

Dame, Señor, que reciba yo, no solo el sacramento del Sacratísimo Cuerpo y Sangre, sino también la virtud y gracia del sacramento ¡Oh benignísimo Dios!, concededme que albergue yo en mi corazón de tal modo el Cuerpo de vuestro unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Cuerpo adorable que tomó de la Virgen María, que merezca incorporarme a su Cuerpo místico, y contarme como a uno de sus miembros.

¡Oh piadosísimo Padre!, otorgadme que este unigénito Hijo vuestro, al cual deseo ahora recibir encubierto y debajo del velo en esta vida, merezca yo verle para siempre, descubierto y sin velo, en la otra. El cual con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén».