Estás ahí Dios Soy yo Margaret

Te quiero compartir una reflexión sobre la película «¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret». Al verla, me recordó mucho a mi infancia. Seguramente, a ti también te recordará algunas cosas y te podrás reír con experiencias de esta niña de once años que está en plena pubertad.

Sobre la película: «¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret»

Margaret, a la vez que va sintiendo cambios en su cuerpo, se encuentra con la difícil situación de una mudanza, un nuevo colegio y unas nuevas relaciones sociales. Entre todo esto aparece una pregunta sobre Dios.

Creo que es una película que nos puede ayudar a entender lo que pasa en la etapa de la pubertad (aunque la película está ambientada en una época muy diferente a la nuestra).

Está ambientada en un tiempo en el que no existían las redes sociales, los móviles y los avances tecnológicos que hoy en día son unas herramientas maravillosas si son utilizadas de una manera correcta. 

Si no la has visto, te recomiendo verla antes de leer el artículo porque haré un poco de spoiler. Te dejo el tráiler a continuación:

La adolescencia, los cambios y los amigos 

Todos nosotros hemos pasado por la etapa de la pubertad y para todos ha sido diferente. En la película nos encontramos con un grupo de niñas que está esperando la llegada de la madurez. Es bonito ver cómo las niñas y los niños viven estas realidades de manera completamente diferente. Son unas etapas de preguntas, de dudas… y de mucha presión de grupo. 

Para los que son padres, creo que vale la pena plantear las preguntas que se hacen las niñas en la película y para los que tenemos contacto con jóvenes creo que vale la pena acercarnos y ayudarles en una etapa en la que son especialmente vulnerables.

Te pregunto. ¿tú qué tal viviste el tiempo de la pubertad?, ¿tuviste la alegría de tener con quien compartir preguntas y dudas?

Puede ser un buen momento para que tengamos conversaciones con los jóvenes que tenemos en nuestro entorno y responder a sus inquietudes en espacios de seguridad y de confianza. 

Tal como lo vemos en la película, muchas veces los educadores de los jóvenes son otros jóvenes que están igual o más confundidos que ellos. Así, las cadenas de desinformación son mayores. 

La adolescencia y la familia

Otra esfera fundamental que pudimos ver en la película es la familia. En este primer núcleo social, los jóvenes reciben el amor, la protección y la educación primaria. La familia es la raíz de la vida de los jóvenes y por eso es esencial cuidarla y protegerla.

La película muestra una familia con algunos problemas, pero con muchísimo amor y comprensión. Me ha encantado ver la comunicación de los padres, la complicidad y el trabajo en equipo, aun en las dificultades. 

Creo que nos podemos preguntar también: ¿cómo nos estamos comunicando los unos con los otros?, ¿hemos aprendido a perdonarnos, a disculpar los fallos?, ¿o estamos buscando la caída del otro para criticarlo y juzgarlo? Estas son preguntas que nos podemos hacer en familia.

La verdad es que nuestros hogares están llamados a ser lugares de paz y de comprensión. Ser el lugar al que todos deseamos regresar después de nuestra vida laboral; nuestro lugar seguro en donde el amor y la convivencia se viven aun cuando hay desacuerdos o dificultades. 

La pregunta de Margaret sobre dónde está Dios, también nos la hacemos

El punto esencial de la película y lo que va acompañando cada uno de los procesos que vive Margaret es su conversación con Dios. Desde el principio de la película aparece hablando con Dios. En esas conversaciones le pide ayuda en las dificultades, por los cambios que está viviendo, por sus amigos y su familia.

Cada una de las veces que habla con Dios lo hace desde la sencillez del corazón, habla con Él como con un amigo que está presente y eso me enterneció. Me recordó esa apertura fundamental que tenemos todos a la trascendencia y ese deseo que tenemos de no estar solos, de poder compartir esa interioridad con Aquel que nos la ha dado. Sería ilógico pensar que tenemos una interioridad y una inmanencia solo por tenerla… piénsalo. 

Lo que es interesante de la película es la idea de que la religión es la causante de las guerras y de las divisiones. Si vemos la película «¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret», podríamos estar de acuerdo con los padres de la chica (un padre judío y una madre cristiana, ninguno de los dos practicantes) respecto a que la religión ha sido causante de las divisiones y de las peleas en sus familias.

Es verdad, las guerras de religión existen. Muchas veces no sabemos hablar con las personas de otras religiones ni con los de otras denominaciones cristianas sin tener momentos de tensión por lo que nos diferencia.

Eso la película lo deja claro. Hace evidente el sufrimiento de una niña y sus padres por los fundamentalismos y las malas comprensiones de la religión de unos abuelos que no han sabido comunicar el amor de Dios. 

Aprender a comunicar la fe

La película «¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret» me ha dado mucho para pensar sobre cómo comunicamos la fe y de la gran responsabilidad que tenemos de hablar de un Dios que nos ama con locura, que se ha hecho hombre por nosotros y que quiere tener una relación con nosotros.

Un Dios que nos quiere dar una vida mejor que la que tenemos, o de la que somos capaces por nuestros propios medios. Pero tenemos que recordar que nada de esto se hará por la fuerza, por la violencia o por la obligación. 

Pidamos al Dios del amor que nos ayude a comunicar su amor a los que nos rodean, que no seamos la piedra de tropiezo para los que buscan con sinceridad a Dios y que seamos capaces de ser testigos del amor más grande de todos.

El amor de un Dios que se entrega para que todos podamos ser santos y llegar al Cielo para la fiesta eterna que Él nos ha preparado.