frailes franciscanos

Hoy quiero compartirte un video en el que vemos a frailes franciscanos viviendo su espiritualidad y transmitiéndonos lecciones que fácilmente podemos aplicar a la nuestra. Sí, independientemente del carisma y la vocación que Dios nos haya compartido, acabé el video pensando en algunas claves que pueden inspirarnos para correr más rápido y seguro a los brazos de Cristo.

1. Vida comunitaria y fraternidad de los frailes franciscanos

En primer lugar, creo que un gran tesoro es el aprendizaje de la vida comunitaria. Vivimos en un mundo y en un tiempo marcado por las prisas y estas muchas veces llevan a preferir la individualidad.

Pero, en este contexto, vemos a los frailes franciscanos que mostrándonos un ejemplo vivo de hermandad, fraternidad y vivencia del amor de Dios en una comunidad de fe.

¿Podríamos mirar con más frecuencia a quienes nos rodean, a quienes comparten la vida con nosotros? ¿De qué manera podemos comenzar a servir de manera desinteresada a quienes se acercan?

2. Un sano y santo desprendimiento

La esencia de la vida de estos frailes franciscanos se encuentra en el abandono de las posesiones materiales y en la adopción de un estilo de vida marcado por la simplicidad y la humildad.

Los frailes franciscanos, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, renuncian a las comodidades del mundo para abrazar una vida de servicio y entrega.

Este compromiso radical con la pobreza voluntaria crea un lazo intrínseco entre los miembros de la comunidad. ¿Te suena excesivo? ¡También es algo que podemos, en nuestras circunstancias, imitar!

Es decir, podemos discernir si estamos llenándonos de cosas superfluas, si hay pequeños gastos o caprichos que podemos recortar… no viviremos la pobreza de la misma manera que los frailes franciscanos, si no es nuestra vocación, pero sí la viviremos ahí donde Dios nos ponga. Adquirirá la forma que Dios nos sugerirá, cuando le preguntemos «¿de verdad lo necesito?» al reflexionar antes de hacer alguna nueva adquisición.

3. El servicio como testimonio

La fraternidad franciscana se manifiesta de manera tangible a través del servicio desinteresado a los demás. Los frailes franciscanos no solo comparten un espacio físico, sino que también comparten sus habilidades, talentos y tiempo en beneficio de aquellos que más lo necesitan.

Desde la atención a los enfermos hasta la asistencia a los desfavorecidos, los frailes franciscanos encarnan el amor de Dios a través de sus acciones, sirviendo como testigos vivos de la fraternidad cristiana.

Todos estamos llamados a mirar a nuestro alrededor, poner nuestros dones al servicio de quienes nos piden una mano.

4. Estos frailes franciscanos «lo dejaron todo y lo siguieron»

En el corazón de la vida comunitaria franciscana late el amor de Dios. Este amor actúa como el fundamento sobre el cual se construye la hermandad y la fraternidad.

La oración constante, la reflexión espiritual y la celebración de los sacramentos son prácticas centrales que fortalecen la conexión de los frailes con Dios y entre ellos.

La vida comunitaria se convierte así en un reflejo vivo del mandamiento divino de amar al prójimo como a uno mismo.

La frase evangélica «lo dejaron todo y lo siguieron» resume el compromiso de los frailes franciscanos. Esta renuncia no es un acto de abandono, sino más bien un camino hacia una plenitud más profunda.

Este «lo dejaron todo y lo siguieron» también es una invitación para todos los discípulos a los que Jesús invita – aunque no todos podamos ser frailes franciscanos – y tomará matices distintos. Muy distintos, tan distintos como diferentes somos los invitados a pisar sobre las pisadas de Cristo.

Pregúntate estas dos cosas: ¿Hay algo que Dios me pide que deje hoy? ¿De qué manera puedo seguirle, de una vez y para siempre?