¿Quién dijo que ser cristiano era fácil? Hemos recibido una fe que el mismo Jesús predicó en la tierra, que encargó a sus apóstoles y que ha llegado en sucesión hasta nuestros días. Muchas personas han dado su vida para que la Buena Nueva llegara hasta los confines de la tierra, ¡hasta nosotros! Es algo maravilloso pensar que en estos 2000 años la Iglesia sigue en pie, incluso con sus imperfecciones y pecados.

Solo podemos agradecer a Dios porque ha sido fiel, nunca nos ha abandonado en esta travesía. Pero nuestra vida no es color de rosa, no es fácil, requiere un gran amor a Dios y muchas virtudes a ejercitar constantemente. A veces, por el ajetreo de lo cotidiano, se te pueden olvidar algunos aspectos de la fe, por eso quiero presentarte hoy la escala musical de la vida cristiana. Con ello te será mucho más fácil integrar algunos verbos cristianos y llevarlos a la acción. Cada uno está acompañado de una cita del Papa Francisco que da luz a cada nota.



1. DO-narse a Dios completamente

La primera nota musical, que da sentido a todas las demás, tiene origen y raíz en el amor. El amor implica necesariamente la donación al amado, así es también en la vida cristiana. Esto nos ayuda a encontrar el sentido a todo lo demás: sacrificio, sufrimiento, dolor, angustias, problemas, etc. Un cristiano debe estar afinado en clave de «DO», que sus expresiones sean siempre de entrega y donación a los demás y a Dios. Solo en la donación sincera se encuentra el sentido de la vida cristiana.



Cuando nos donamos a los demás estamos donándonos a Dios, porque Jesús dijo que «cuanto hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mateo 25:40). «El secreto de la vida es vivir para servir. El servicio es el billete que se debe presentar en la entrada de las bodas eternas. Lo que queda de la vida, ante el umbral de la eternidad, no es cuánto
hemos ganado, sino cuánto hemos dado» (Homilía del Papa, 03 de noviembre de 2018).

2. RE-conocerse pecador y necesitado de Dios

Reconocer nuestras miserias para que Dios las tome y las sane, para que las perdone y redima. Esto es fruto de dos virtudes: la humildad y la sinceridad. Humildad para reconocerse necesitado de los demás y sinceridad para decirlo sin miedo. Dios viene a nosotros para comunicarnos un mensaje de esperanza, para llenar nuestros vacíos existenciales, para saciar nuestra sed infinita de amor y eternidad. Él puede transformar cualquier corazón, puede sanar cualquier herida, puede sacar flores del desierto más seco que pueda existir.

Estar necesitados de Dios nos lleva a buscarlo, el buscarlo a encontrarlo y el encontrarlo a amarlo. ¿Estás dispuesto a reconocerte necesitado de Dios? «Primer paso, reconocerse a sí mismo: pecadores. Sin este conocimiento y sin esta
confesión interior, de que soy un pecador, no podemos avanzar. […] Será una hermosa costumbre si todos los días, en ciertos momentos, podemos decir: «Señor, que te conozca y que me conozca a mí mismo» (Homilía en casa Santa Marta, 25 de noviembre de 2018).

3. MI-rar a nuestra Madre María

Esta nota es más suave, más dulce, porque nos evoca la figura de María. San Bernardo tenía una oración muy bella, uno de los versos reza así: «Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María». Mirar a nuestra Madre significa encontrar un puerto seguro en medio de las tribulaciones. María conoce las
necesidades de sus hijos y socorre a cuántos se acercan a ella con espíritu filial. No tengas miedo de acudir a María, la Madre de Dios, de seguro Jesús estará muy feliz de que vayas con ella, porque todo el que se dirige a María llega últimamente a Dios.

María es modelo de vida cristiana, porque ella supo mantener su «sí» hasta el final, incluso en el sufrimiento de ver a su hijo morir en una cruz. Si miras a María, Madre de la vocación, ten por seguro que irás por tierra firme, siempre perseverante en la fe. «La mirada de la Madre, las miradas de las madres. Un mundo que mira al futuro sin una mirada materna es miope. Podrá aumentar sus beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos». (Homilía en ocasión de la Solemnidad de María Madre de Dios, 1 de enero de 2019).

4. FA-miliarizarse con las Sagradas Escrituras

FA debe ser la tonalidad que dé cuerpo a nuestra composición. Conocer las Sagradas Escrituras significa conocer al mismo Cristo. San Agustín nos enseña que «es posible que haya alguien que ame conocer lo que ignora, pero nadie ama lo desconocido». Amamos lo que conocemos. Por eso si conocemos las Escrituras podremos crecer en amor a Dios.

Pero vamos más allá. Aquí hablamos de familiarizarnos con la Palabra de Dios, es decir, habituarnos a leerla, llevarla en nuestros teléfonos, compartirla con los demás, etc. En esta familiaridad está el secreto para conocer a Dios. Estoy seguro que si sigues este camino encontrarás luz para tu vida y sostén en momentos de dificultad. Así que no olvides el «FA» que nos lleva a familiarizarnos con las Sagradas Escrituras.

«Estamos invitados, como cristianos, a seguir las huellas de Jesús y a combatir la batalla espiritual contra el Maligno con la fuerza de la Palabra de Dios. No con nuestra palabra: no sirve. La Palabra de Dios es la que tiene fuerza para derrotar a Satanás. Por eso hay que familiarizarse con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla» (Ángelus en la plaza de San Pedro, 5 de marzo de 2017).

5. SOL-idificar la vida interior con la oración continua

Una personalidad líquida es aquella que se deja guiar por cualquier movimiento a su alrededor, que no está firme, que no puede sostener nada sobre ella, que se evapora con facilidad. Por eso el cristiano está invitado a solidificar su vida interior en la oración continua, en la plegaria perseverante. No cansarse nunca de orar al Padre. Orar es hablar con Dios, como lo hace un hijo con su padre cuando llega de casa. Es un diálogo familiar, no académico ni fantástico, sino que toca la profundidad del corazón de quien se acerca a Dios.

Así como el sol permite la fotosíntesis en las plantas, nos ayuda a equilibrar la temperatura de la tierra y a hacer este mundo apto para los humanos; de la misma manera, una vida que se deja iluminar por Dios será siempre fecunda y apta para ser habitada. ¡Que Dios sea siempre la solidez de tu vida interior motivada por la oración! «Os exhorto a permanecer enraizados en Cristo a través de una vida interior sólida y confiando en el Espíritu Santo, que  sale en ayuda  de nuestra fragilidad y nos sana de todo lo que debilita nuestro compromiso misionero» (Audiencia a la Communauté de l’Emmanuel, 7 de abril de 2018).

6. LA-nzar las redes sin miedo

Cuando Jesús caminaba junto al mar de Galilea vio a dos hermanos que echaban sus redes al mar, y les dijo: «Síganme y los haré pescadores de hombres». Con ese mismo entusiasmo Jesús vuelve a las orillas de nuestras vidas, nos ve con amor y nos llama también a ser pescadores de hombres. El pescador es un hombre paciente, que espera en silencio el mejor momento para pescar. Navega por corrientes tranquilas, va sin prisas en busca del sustento.

Ser pescador de hombres significa subirnos a la barca de la Iglesia y desde allí anunciar el mensaje de Jesús. Hoy en día tenemos un desafío aún mayor, ya que nuestras redes están entretejidas por la comunidad global de Internet y es allí precisamente donde también podemos lanzar las redes del mensaje cristiano. ¡No tengas miedo a lanzar las redes de Cristo! Él te acompañará siempre y multiplicará con creces cualquier esfuerzo que hagas.

«Dios sorprende cuando llama e invita a lanzar mar adentro en la historia no solamente las redes, sino a nosotros mismos y a mirar la vida, a mirar a los demás e incluso a nosotros mismos con sus mismos ojos» (Homilia en la plaza Knyaz Alexandar I en Sofía, Bulgaria, 5 de mayo de 2019).

7. SI # (sostenido) y renovado a la Voluntad de Dios

La última nota no es la menos importante, al contrario, es la nota que nos permite caminar a paso firme en el amor. Es la nota que caracteriza a María y a la multitud de los santos, porque ellos supieron cantar su vida con un Sí # sostenido a Dios, manteniendo la nota hasta el final de sus días.

A muchos de estos santos les tocó dar la vida para mantener intacto este «Sí», para que los demás al oírlo, conocieran la melodía de Dios que les llama a la vida eterna. A esto está invitado todo cristiano, a decir ¡SÍ! mantenerlo y renovarlo constantemente. ¡Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad!

«Decir «sí» al Señor, es animarse a abrazar la vida como viene con toda su fragilidad y pequeñez y hasta muchas veces con todas sus contradicciones e insignificancias… Asumir la vida como viene. Es abrazar nuestra patria, nuestras familias, nuestros amigos tal como son, también con sus fragilidades y pequeñeces» (Vigilia con los jóvenes en JMJ Panamá, 26 de enero de 2019).

Esta escala musical de la perseverancia es una ayuda para tener siempre presente estos 7 verbos: DOnarse a Dios, REconocerse pecador, MIrar a María, FAmiliriarizarse con las Sagradas Escrituras, SOLidificar nuestra vida interior, LAnzar las redes y dar un SÍ sostenido a la voluntad de Dios. Si vas con esta melodía por la vida ten por seguro de que encontrarás la plenitud de tu vida cristiana.

Nunca dejes de lado los sacramentos y la oración continua, esto es fundamental para que llegues a ser santo. No olvides que la santidad está a la vuelta de la esquina. Me permito terminar este post con las palabras finales del Papa Francisco en su exhortación apostólica «Gaudete et Exsultate»: «Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar».