Yo soy profesora de religión en un colegio católico y, aunque muchos no lo crean, cuando le pregunto a «mis niños» (así les digo con cariño, aunque son adolescentes todos) «¿Quién es Dios para ti?» La gran mayoría me contestan «Messi», sin dudarlo ni un segundo. Otros, claramente depende del equipo del que son «aficionados» dicen «Ronaldo». Por esto ver la respuesta que Messi ha dado en la entrevista me ha llegado hasta lo más profundo del corazón.

¿Cómo lo haces?

Me llama la atención la respuesta sincera de Messi cuando dice: «no sé, desde pequeño he sido así». Ver jugar a Messi es verdaderamente un regalo. Verlo concentrado, con ese talento que tiene con el balón, corriendo y metiendo goles, es maravilloso. Por eso, escuchar como él mismo reconoce que el don que tiene no es suyo, que le ha sido dado por Dios, es interesante.

Sabe que el don que le ha sido dado debe ser ejercitado, practicado, acrecentado con esfuerzo y por esa razón entrena como lo hace. Messi reconoce que la habilidad natural que tiene para manejar el balón es inexplicable. Él no puede decir que ha sido solo fruto de mucho ejercicio y práctica —si no, todos los que practican de la misma manera que él lo hace deberían tener los mismos resultados. 

Todo don es un regalo

Reconocer que los talentos que tenemos no son nuestros, sino que son un regalo que Dios nos ha dado para fructificar, nos llevan a la gratitud. Eso es lo que se percibe en las palabras de Messi en su entrevista.

Él sabe que su don ha sido dado y que debe esforzarse por acrecentarlo para ponerlo al servicio de los demás. Muchos pueden decir que tener un don para el futbol es una banalidad, pero si pensamos en el bien que palabras como las que ha dicho Messi en esta entrevista pueden hacer, nos damos cuenta de que no lo es tanto. 

Muchos jóvenes escuchan a Messi con atención, quieren ser como él cuando sean grandes. Lo imitan, en su forma de vestir, de actuar y muchos quisieran: de jugar futbol. Cuando las grandes estrellas se dan cuenta de la influencia que tienen sobre los más jóvenes y la utilizan para el bien, están usando sus dones para traer bien al mundo.

Un don para cultivar y hacer fructificar

Cuando el entrevistador le dice a Messi que la forma en la que él juega es increíble y que además lo hace ver tan sencillo, este le responde que él siempre ha jugado así, dice: «Dios me ha elegido, me ha dado este don».

Pero no se queda solo con que Dios se lo ha dado, sino que sabemos el esfuerzo, la dedicación y el sacrificio que implica ser un jugador de futbol. No es fácil. Aunque muchos pueden pensar que lo es, pensemos en la cantidad de veces que quisieran levantarse más tarde y no pueden o que quieren comerse una hamburguesa y tampoco pueden hacerlo.

La vida de un futbolista implica horas y horas de entrenamiento, de disciplina y sacrificio de las cosas del mundo. Un futbolista debe vivir una vida sana, sin fiestas, alcohol, cigarrillo y evidentemente sin drogas. El estilo de vida de un deportista es admirable y nos invita a reflexionar sobre lo mucho que ha tenido que trabajar Messi para hacer fructificar su don y mantenerlo en el tiempo, ya que si no entrena puede irse debilitando. 

La importancia de vivir una vida virtuosa

Tomando lo último he dicho, pensemos en la vida de la virtud. De lo importante que es ejercitar las virtudes y cómo, poco a poco, estas virtudes se van convirtiendo en hábitos. Es de la misma manera con el pecado.

No nos hacemos grandes santos ni pecadores con una sola elección que hacemos. Es con el ejercicio libre de nuestros actos que crecemos en la virtud o decrecemos en los vicios —digo decrecer porque con los vicios te vas alejando cada vez más de lo que has sido llamado a ser—.

Cada día, cada momento, podemos elegir quienes queremos ser, a dónde queremos llegar. Es importante conocernos, saber qué dones nos ha dado Dios para encaminarnos siempre hacia Él y el amor eterno que Él nos ha prometido.