Nadie está preparado para entender la adolescencia, cuando esta llega. Ni los padres ni mucho menos los que la sufren, nuestros hijos, esa es la verdad. Por mucho que leamos o sepamos sobre el proceso (que siempre es bueno hacerlo), la realidad siempre excede cualquier expectativa. 

La adolescencia llega, algunos creen que es como un vendaval y en parte podrían tener razón. Lo cierto es que los vendavales se anuncian con pequeños cambios en el clima. Aparecen variaciones que nos pueden hacer intuir que el tiempo va a cambiar drásticamente y hay que buscar refugio o ponerse a buen recaudo.

El video que hoy les presento es precioso. «Pase lo que pase» es parte de una campaña publicitaria de Casa Tarradelas para sus pizzas pre cocidas. Es realmente una copia fiel de lo que a muchos nos sucederá en algún momento de la adolescencia de nuestros hijos. A distintos niveles, claro está.

 

Pase lo que pase estoy a tu lado

Debemos entender que la adolescencia es un período especialmente importante en la vida de nuestros hijos. Me atrevo a decir que el cuidado que tenemos que tener con ellos iguala la atención que podemos tener con un recién nacido, pero con otras demandas y con capacidades distintas.

En esta etapa nuestros hijos estrenan todo: cuerpo, inteligencia, afectos, relaciones y, finalmente, empiezan a vivir una nueva forma de libertad. Los cambios que atraviesan no son menores y la necesidad de encontrar seguridad frente a tanta incertidumbre se hace urgente.

La presencia de los padres en este tiempo es vital. Pase lo que pase, nuestra presencia y el vínculo sano que creemos con nuestros hijos hará toda la diferencia.

Por favor, háblame de amor

No es una novedad que en la adolescencia los chicos sueñan con el amor. Muchas veces un amor idealizado, lleno de los matices que la propia cultura les puede estar inculcando. 

Nuestros hijos aprenderán del amor en primer lugar del ejemplo del amor que se tengan sus padres entre sí. Para bien o para mal, la relación de pareja de los padres afectará la forma de concebir el amor de pareja en nuestros hijos.

No tengamos miedo de hablar sobre el amor con nuestros hijos, de sexualidad y del ciclo reproductivo de las chicas – ¡qué importante que ellas puedan conocerse! -. No tengamos miedo de hablar y debatir con ellos lo que la cultura actual les propone y la propuesta hermosa de la iglesia. 

Así podrán diferenciar lo hermoso de un amor que se entrega total y comprometido de un «amor fugaz» del cual hay que «protegerse». Sí, hablemos de anticonceptivos, de preservativos, pero contando la película completa con sus pro, pero también con sus varios contra. Cultivemos en ellos una cultura de vida y vida responsable.

Nuestros hijos van a cometer errores

Nuestros hijos cometerán errores. No son perfectos. Se enamorarán tal vez equivocadamente, porque en esta edad se enamoran con facilidad y mezclan la amistad con el amor. 

Es posible que también nos hagan a un lado. Pero pase lo que pase, no debemos abandonarlos. Permanecer es la clave. Esto no significa que estemos pegados a ellos como cuando pequeños, sino que estemos atentos a sus necesidades y a sus cambios. Observemos sus reacciones. 

Hablemos con honestidad y verdad. Busquemos información clara si es que no la tenemos. Si no tenemos respuesta a algo, investiguemos juntos y debatamos ideas. Involucremos a nuestros hijos en el quehacer cotidiano. Que sientan la responsabilidad que conlleva el pertenecer a una familia.

Una nueva forma de ser padres

Ser padres de adolescentes es también estrenarse en una nueva forma de paternidad y maternidad. 

Entender la adolescencia es casi aprender con ellos. No se trata de volver a nuestra adolescencia para quedar bien con nuestros hijos. Si volvemos a nuestras experiencias de vida que sea para sacar aprendizajes y no para justificar conductas que pueden ser nocivas.

El que nosotros hayamos pasado por algunas situaciones de riesgo «airosamente» no significa que nuestros hijos la vayan a pasar igual. Que nuestra experiencia sirva para transmitir sabiduría y no imprudencia. 

Por último, no nos olvidemos de hablarles de Dios. De seguir cultivando una vida espiritual en familia. Sí, es verdad que vendrán dudas y quejas sobre Dios y sobre las varias faltas enormes que dentro de la iglesia se han dado y se siguen dando. No tengamos miedo de debatir con ellos y entender que la fe es en Dios, en Cristo y no en los hombres y sus faltas.

Permanezcamos a su lado, pase lo que pase.

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