¿Un examen de conciencia para empezar el año? Siempre que empezamos uno vale la pena hacer una mirada hacia el futuro (y el pasado), tener en cuenta metas, objetivos y sueños que queremos lograr. Todo para establecer algunos parámetros que guíen nuestro desarrollo personal a lo largo del año.

Es importante organizarnos de tal modo que sepamos cómo nos vamos a esforzar, y por qué razones vamos a dedicar nuestra vida. En este artículo quiero repasar juntos, no lo referente a actividades prácticas, sino más bien qué metas u objetivos espirituales queremos alcanzar.

Cuáles virtudes, por ejemplo, vamos a tratar de fortalecer, qué área de nuestra vida cristiana queremos mejorar. Bajo estas coordinadas quiero que nos centremos en los siguientes puntos.

1. La epifanía y el bautismo como pautas espirituales

Quiero valerme de las últimas dos fiestas litúrgicas que celebramos durante el tiempo de Navidad. Creo que pueden iluminar mucho nuestra propia vida, y brindarnos pautas espirituales para empezar este año con orientaciones claras y concretas.

La primera fiesta es el pasaje que hemos celebrado de la Epifanía —la manifestación del niño Jesús, como Dios que se hace hombre, y se revela a toda la Humanidad— podemos ver retratados tres actitudes muy diferentes, y que deben servir para cuestionarnos profundamente.

Primera actitud

En rey Herodes se interesó mucho por el nacimiento de Jesús, hizo llamar a los sacerdotes para que le explicasen dónde habría de nacer el Rey de los judíos. Pidió a los reyes magos, que de regreso, le informaran dónde podría buscarlo para «adorarlo». Sin embargo, sabemos muy bien, que en el fondo, quería matarlo.

Testigo de eso son los tantos niños, con menos de dos años, que Herodes ordenó asesinar una vez que se dio cuenta, como le habían despistado los reyes magos. Preguntémonos: ¿Cuántas veces no estamos dispuestos a asumir las exigencias de la vida cristiana por el compromiso y las renuncias que implica?

No estamos dispuestos a reconocer que Alguien es Rey, y que es Él quien tiene en sus manos la vida de todos nosotros. ¿Cuántas veces, por no querer morir a nuestras maneras de hacer las cosas, decido ser un cristiano «a mi manera»?

Finalmente, preguntémonos ¿por qué tenemos tantas urgencias y responsabilidades que son prioridad sobre Cristo? No digo que dejemos de preocuparnos por las cosas que nos tocan, pero nunca pueden alejarnos del Señor.

Segunda actitud

Por otro lado, están los sacerdotes del templo que sabían y conocían todas las respuestas. Estaban al tanto del Rey que había de nacer. Pero no se mueven, no dan ningún paso de coherencia con las verdades que conocían tan bien.

¿Qué tanto estoy aferrado a mis comodidades? Y por eso me voy volviendo cada vez más incapaz de asumir una vida radical y coherente con lo que decimos creer. Sabemos muy bien, y lo hemos dicho varias veces, como los que no viven como piensan, terminan pensando como viven.

¿Cuántas veces le huimos al compromiso? Si ya tenemos algo de vida cristiana recorrida, sabemos muy bien qué implicaciones tiene el seguimiento de Cristo. Sabemos que ser cristianos implica una relación de amor con Jesús, y un amigo quiere estar siempre junto con su amigo.

¿Qué cosas me frenan y alejan del Señor? Esto, por si acaso no es una broma. No son preguntas retóricas. Les exhorto a que se hagan estos cuestionamientos muy en serio. ¿Estoy siendo generoso en mi entrega al Señor? Tengo muy metido en mi corazón, desde mi época de formación, en mis primeros años de vida consagrada, cómo la generosidad es garantía de fidelidad.

Es obvio que vamos a caer y a tener debilidades, pero si nuestra actitud de fondo es la generosidad, entonces tenemos una opción fundamental por el Señor. Opción que regirá toda nuestra vida.

Tercera actitud

En tercer lugar, están los Reyes magos, que no se contentan con ser «buenas personas», y van detrás de sus sueños. Son aventureros, que se matriculan en una travesía desconocida, pero con la confianza de encontrar ese Rey tan esperado.

¿Estás dispuesto a dejarlo todo por Cristo? No me refiero —solamente— a cosas materiales. Me refiero a tus vicios y pecados, y todo aquello que ya sabes, que no te ayuda a ser del ejército de Cristo. Todos —por lo menos, los que ya somos más viejos— conocemos el pie del cual cojeamos.

No pongamos más excusas para nuestro esfuerzo por la santidad. ¡Qué maestros somos cuando se trata de poner excusas! Dejarlo todo, siempre para mañana… total, tenemos tiempo. Y lo creemos tajantemente, como si no fuese una posibilidad morir mañana.

¡Qué irresponsables somos con nuestra Salvación! Creo que no es algo como para estar jugando. Seamos como las vírgenes prudentes, que tenían el aceite listo, para iluminar el camino, si llegase el novio durante la madrugada.

2. Nuestro llamado constante a la conversión

Examen de conciencia para empezar el año bien

La última fiesta que celebramos fue el Bautismo del Señor. Me encanta recordar un dicho de una sacerdote jesuita muy amigo. Solía decir que nuestra vida no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.

La figura —creo yo— es muy expresiva, y nos deja claro como nuestra vida, mientras vivamos en este mundo marcado por el pecado, implica conversión. Implica un esfuerzo voluntario por corresponder a la gracia de Dios. Jesús murió por todos nosotros, pero nos toca a cada uno, acoger en nuestra vida esa gracia que perdona el pecado.

Solemos pensar en el bautismo como un hecho histórico de la vida, que en casi la totalidad de nosotros, no sabemos cómo fue. Sin embargo, la conciencia de la realidad bautismal en nuestra vida debería movernos a una actitud constante de conversión.

Una actitud constante de querer ser como Jesús. Poder decir con san Pablo, «que la muerte es una ganancia», pues la vida es Cristo. Ser cristiano implica un combate constante contra nuestro hombre viejo, marcado por el pecado.

3. Como bautizados, ya participamos de la vida nueva en Cristo

Solamente la actualizamos en la medida que ponemos los medios para que su gracia actúe en nuestra vida. Sabemos que Cristo nos ofrece la vida eterna, y como el joven rico, salimos a su encuentro para que nos muestre el camino de la felicidad.

Pero ¿somos como ese joven, que no pude deshacerse de sus riquezas? o ¿Estamos dispuestos a dejarlo todo por el Señor? A fin de cuentas, ¿cuántos años viviremos en esta existencia? Precisamente, no lo sabemos.

Por eso, no podemos poner en juego nuestra Salvación como si fuera una ruleta rusa. No hay lugar para «términos medios». Estamos con Cristo o estamos con el Maligno, así de claro son las cosas.

Todo esto nos sirva para hacer un examen de conciencia con mucha seriedad, y entender cómo estamos empezando este año. Todavía estamos a tiempo de separar algún momento, algunas horas o un día… para parar con nuestra rutina tan exigente, y de cara a Dios, mirar nuestra situación espiritual.

Si tienes algunos medios ya establecidos y quieres compartírnoslos, haznos saber en los comentarios y ayudémonos unos a los otros para acercarnos más al Señor. ¡Hagamos de este año, una oportunidad para crecer en nuestra felicidad!