Hace unos días me encontraba meditando sobre lo diferente que será esta Navidad en mi hogar. Usualmente se reunía toda mi familia buscando festejar la llegada de Jesús, orábamos juntos y celebrábamos con una agradable cena. Ahora, por el adecuado cuidado de nuestra salud, no podremos hacerlo.

Entonces, reflexioné en lo mucho que ha cambiado el mundo, ¡en tan poco tiempo! Recuerdo cuando me llegó un mensaje con el aviso de que acababa de declararse la pandemia, estaba en clase con mis alumnos y dije: «Este día lo recordarán por mucho tiempo».

Mantengo muy presentes sus caras y los comentarios que saltaron: ¿Qué pasará?, ¿vendremos al colegio mañana?, ¿cuánto durará esto? Y yo, aún siendo su maestra, no tuve respuesta.

Ciertamente, no la había. Pareció que, a pesar de los vastos esfuerzos científicos que teníamos como humanidad, un pequeño espécimen llegaba a demostrarnos nuestras más frágiles debilidades.

Sin duda, este año ha sido un huracán de cambios. Pero, a pesar de todos ellos, hemos sido testigos de una clara constante: la misericordia de Dios. ¡Sobran las razones para dar gracias!

Empecemos diciembre de la mejor manera, dando gracias a Dios 

¿Cómo dar gracias a Dios? ¡Exclusivo de Navidad!

— Señor, estoy agradecido porque este fue el año en que más tuvimos presente que un día, nuestro paso por esta vida terminará. ¡Gracias porque hoy estoy vivo y también porque ahora tengo más presente el cielo!

— Gracias Señor, porque mis amigos, familiares y conocidos están sanos. Porque tal vez alguno de ellos o yo, estuvo contagiado, pero ahora por tu misericordia todos estamos bien o en proceso de recuperación.

— Te doy las gracias porque en el año en que la escasez sucumbió en muchos lugares, nosotros fuimos bendecidos con pan en nuestra mesa. Y aunque ha sido un año difícil, no nos falta nada.

— Gracias Señor, porque durante todo este año en que el temor y la incertidumbre reinaron, nuestra esperanza se mantuvo en ti, nuestro Salvador.

¡Gracias por incluirme en tu barca Señor!

Cuando nada parecía tener sentido, nuestra barca… aquella que mencionaba el papa Francisco y en la que nos encontramos todos… no se hundió y todo ha sido por la gracia infinita de Dios.

Fuera de lo diferente que será la celebración navideña de este año, este mes reflexionemos sobre la oportunidad que Dios nos ha dado para valorar aquello que verdaderamente nos acerca a Él.

Este es el tiempo para agradecer que, a pesar de todo, Dios ha estado presente y se ha encargado de nosotros como un Padre amoroso. Y, especialmente ahora en preparación para el nacimiento de su Hijo Jesús, nos ha privado de muchas distracciones  para que podamos enfocarnos en este, el más bello acontecimiento del año.

Los invito a orar juntos e insaciablemente para que la santa voluntad de Dios reine en los años venideros y podamos seguir siendo testigos, como hasta ahora, de su misericordia en nuestras vidas.

¡No nos cansemos nunca de dar gracias y de alabar por siempre su nombre. Amén!