emociones negativas

Sin duda, estamos viviendo tiempos complicados. Es verdad que ha habido grandes avances en materia de autonomía, derechos, tecnología, medicina, etc. Sin embargo, siguen existiendo dinámicas dañinas en nuestras sociedades como la corrupción, la discriminación, la desesperanza y emociones negativas.

Parece que, en lugar de disminuir, van agravándose con el tiempo; es una batalla entre la virtud y el vicio, el amor y la indiferencia, la verdad y las apariencias, el buen espíritu y el mal espíritu.

La realidad sigue estando fracturada en muchos sentidos; posiblemente tu realidad en concreto está fracturada, y eso es algo triste y desesperanzador, ¿te sientes así?

Hay momentos en la vida en que ciertas emociones negativas, «oscuras», parecen consumirnos: miedo, ansiedad, impotencia, desánimo, vacío, vergüenza, culpa. Veamos un par de consejos para sobrellevarlas.

Consolación y desolación

San Ignacio de Loyola, en sus ejercicios espirituales, distingue entre dos estados espirituales: consolación y desolación. El primero es siempre un regalo de Dios, cuando el espíritu se encuentra inflamado en fe, esperanza y amor; el segundo es lo contrario y puede ser causado por falta de oración, por los engaños del mal espíritu o porque es una prueba.

La experiencia de este santo le llevó a practicar constantemente el discernimiento y así distinguir entre lo que viene de Dios, lo que viene del mal espíritu y lo que viene de uno mismo.

Primer consejo: discierne; es una tarea de cualquier cristiano para aprender a reconocer la voz del Buen Pastor y no confundirla con nuestro ego o con el mal espíritu.

1. Permanece

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El mal espíritu es tramposo, astuto y por eso se va a aprovechar de nosotros cuando estemos en momentos de crisis; cuando nos invada la desesperanza, el odio, el rencor, la ansiedad.

Así que el segundo consejo: cuando te descubras en desolación, es decir, con falta de amor, esperanza y fe, no tomes decisiones importantes, permanece en tus compromisos y deja que las aguas se calmen.

Y recuerda algo esencial: aquello que me haga crecer en esperanza, amor y fe viene de Dios. Si te fijas, son las virtudes teologales, que tienen su fuente en Dios mismo, por eso son un regalo de su Espíritu.

2. Respira

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Es posible que estas emociones oscuras puedan surgir por un apego desordenado al pasado o una preocupación desmedida del futuro, respirar tranquila y profundamente ayuda a conectar con el presente.

Mientras respiras, ve identificando lo que puedes hacer, de lo que no te toca porque, simplemente, se sale de tus manos. Ve comenzando a soltar lo que hay que soltar.

Respira profundo y deja que, mientras respiras, se acomoden tus músculos, imagina el oxígeno recorriendo todo tu cuerpo llenándote de vida. Y de esta forma, ve dejando que las agitaciones agobiantes se vayan asentando.

3. Ofrécete al Señor

Entrégate con todo lo que estás sintiendo, no esperando que te resuelva los problemas por arte de magia, sino dejándote acompañar por Su presencia amorosa, amable y tierna. Recuerda que El Padre te ama, déjate querer, abre los ojos del corazón y descubre su amor fresco, para ti.

Cuando pasamos por situaciones que nos causan emociones oscuras, como ansiedad, desesperación o miedo, estarás de acuerdo conmigo, que tardan en digerirse y los problemas tardan en resolverse, así que muchas veces no basta con hacer lo que te toca y respirar, hay que dejar el tiempo correr y en oración seguirte ofreciendo al Señor.

4. Busca ayuda

Quizá todos los consejos anteriores te sean de ayuda, pero si te encuentras en un momento grave en tu vida y sientes que alguna de estas emociones se ha salido de tus manos, pide ayuda.

Busca acompañamiento espiritual o terapéutico si lo crees necesario. No pretendas resolver todo por tu cuenta, habrá muchos momentos en la vida en los que necesitemos ayuda profesional.

¿Cómo actuar ante emociones negativas?

Vivimos tiempos de batalla espiritual, el mal espíritu quiere devorarnos, pero Dios quiere amarnos. En momentos de crisis, desesperanza, vacío o desesperación la cosa se pone más intensa. Por eso hay que discernir con finura los movimientos internos que vayamos sintiendo y afinar el oído para escuchar la voz de Jesús.

Hacer ejercicios de respiración profunda es saludable y tranquilizante. De hecho, puedes hacer estos ejercicios como introducción a la oración de entrega total, donde te dejes amar por el Padre.

Por último, si lo crees necesario, pide ayuda profesional.