Eliud Kipchoge es un maratonista keniata que hace un par de días volvió a romper el récord del mundo en la Maratón de Berlín, convirtiéndose en el humano más rápido del mundo al recorrer la distancia del mitológico Filípides en la antigua Grecia.

Pero no es de su hazaña deportiva lo que quiero compartirte hoy, sino la de su «aguatero» (o «aguador» según el país donde estés). Es decir, de la persona a cargo de darle su botella con agua y avituallamiento cada cierta cantidad de kilómetros dentro de la carrera.

Mira nada más el espectáculo de este señor que colabora de forma voluntaria como el «aguatero» del récord mundial en los 42 kilómetros:


Claus Henning-Shulke es un alemán, que más de una vez se ha ofrecido como voluntario para colaborar con los corredores de élite en sus puntos de hidratación. Estos deportistas no se hidratan con cualquier vasito de agua como el resto de los mortales, sino que cada uno deja sus botellas especialmente preparadas con isotónicos y fórmulas de carbohidratos para soportar las exigencias de la carrera.

El asunto es que ellos pasan corriendo a cerca de 20 km/hr, por lo que tomar una botella es tarea difícil. El rol de los voluntarios que se las dan en la mano es fundamental para que puedan hidratarse y rendir al máximo.

Además de darles su botella en los puntos de hidratación, luego tienen que montar su bicicleta, adelantar a esos corredores (que ya van muy rápido) y esperarlos en el siguiente punto. Y así por 42.195 metros.

Pero a Claus no le bastó solo con entregarle la botella. Él es todo un protagonista de estas proezas deportivas, con su actitud, buen ánimo, entusiasmo y, sobre todo, con la pasión que lleva adelante este servicio voluntario.

Cuando te toca un rol secundario

Todos los que han practicado algún tipo de deporte saben que ser «aguatero» es un rol secundario. Casi un castigo para los que se portan mal o que han entrenado sin ganas. Además, aquellos a quienes les toca ese rol tienden a recibir burlas de los demás.

Sin embargo, el ejemplo de Claus y los resultados de su actitud nos muestran todo lo contrario. Es posible convertir un rol secundario en un rol protagónico si lo haces con pasión, con esmero, con entrega y buen espíritu.

No debemos sentirnos como personas de segunda clase o inferiores cuando nos toca llevar adelante un servicio humilde, que no tiene mayor reconocimiento o prestigio.

Por el contrario, a ejemplo de Claus y, obviamente, a ejemplo del mismo Jesús, debemos ofrecer esos servicios con entrega, amor y entusiasmo. Aun cuando no te toque estar en un escenario o delante del grupo recibiendo aplausos.

Somos los «aguateros» en las carreras de otros

Quizá nunca tendrás la oportunidad de darle su botella de isotónico a un campeón del mundo de ninguna disciplina, pero sin duda tendrás la oportunidad de acompañar a otra persona mientras enfrenta un desafío difícil, un momento desolador o una temporada de mucho esfuerzo.

Depende de nosotros ser ese «aguatero» desanimado, que simplemente lleva las botellas de agua porque no le queda más remedio, o ser como Claus, que celebra cada botella que logra entregar exitosamente, que se concentra para dar lo mejor de sí, que se dispone raudo para volver a la siguiente parada y estar listo para ser de ayuda.

Quienes están a nuestro alrededor corriendo sus propias maratones necesitan que nosotros seamos esos asistentes voluntarios con entusiasmo y que les ayudemos a terminar sus carreras.

Todos necesitamos un «aguatero» como Claus

Eliud Kipchoge, el maratonista, al hablar de su récord, relata en una entrevista: «mi más grande recuerdo de la maratón de Berlín fue el tipo que me dio el agua. Se convirtió en mi héroe hasta ahora, la forma en la que entregó el agua y su actitud fueron increíbles».

Qué lindo es cuando a nuestro alrededor tenemos a personas que nos ayudan con tareas sencillas, pero lo hacen con grandeza y entrega. Y qué lindo es abrirnos a la posibilidad de dejarnos ayudar y acompañar.

Seguro has vivido esa experiencia de tener un día durísimo, llegar a casa y que tu familia te esté esperando con rica comida. O que tus amigos hayan preparado un entretenido panorama para ayudarte a distraer y pasar un buen rato. O incluso tu comunidad que, conociendo lo que vives, te acompaña y consuela.

En la historia de Claus, él lo hizo tan bien en la versión anterior de la Maratón de Berlín (2018), que el mismo Eliud Kipchoge solicitó que nuevamente le asignaran a Claus como su «aguatero oficial», pues le atribuyó el gran mérito de romper por primera vez este récord.

Reconoció en él el mérito de una tarea sencilla que, hecha de forma extraordinaria, marcó la diferencia que le ayudó a conseguir esa marca histórica. Y no se equivocó, pues hace unos días volvió a romper el récord del mundo, con ayuda de Claus.

El servicio siempre es protagónico

Ya sea que nos toque asistir a un enfermo, ordenar las flores del altar, pasar la colecta en la Misa o ayudar a mamá con el almuerzo, todo servicio es protagónico. Así lo hemos aprendido de Jesús y de tantos otros que ofrecieron su vida al servicio de los demás con buen ánimo y actitud positiva.

Quizá no estamos para romper récords del mundo ni para dejar nuestro nombre en los libros de historia, pero sí que estamos para quedar en el corazón de los demás, dejar una huella en la vida de los que nos rodean y entregar a los otros el amor que hemos recibido del Señor.