arte religioso

Hace poco tiempo fuimos testigos de un hecho relevante que tuvo lugar dentro del panorama cultural: el Museo del Prado de Madrid cumplía 204 años de existencia.

Como institución dedicada a exponer y preservar la cultura, este hecho pone de manifiesto la irrebatible noción de que, a pesar de estar envueltos por una sociedad cada vez más polarizada, seguimos siendo deudores de nuestra historia en común.

Sin embargo, no es posible entender el legado cultural de cualquier museo sin valorar la fe de muchos artistas que la emplearon como motor durante toda su producción artística.

Teniendo esto presente, a continuación voy a centrarme en extraer una serie de reflexiones dentro de una selección de obras de arte con la intención de averiguar qué nos pueden contar acerca de nuestra propia fe.

El Museo del Prado cuenta en su haber con numerosas obras de arte de carácter religioso que, si observamos y meditamos de manera pausada desde la tranquilidad de nuestro interior, podemos llegar a contemplar como auténticas herramientas que nos hablan sobre nuestra relación con Dios.

1. Abandono de amor: El Cristo Crucificado, de Diego Velázquez

«Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: ‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’. Y dicho esto, expiró». (Lc 23, 44-47).

He aquí la muestra del amor desinteresado, el abandono más absoluto del Creador por nosotros. En la pintura de Velázquez parece primar ese silencio, esa oscuridad que parece nublarlo todo tras la muerte de Jesús, pero que nosotros sabemos que no ha de durar eternamente.

Somos los testigos de la Luz y la muerte, que nuestro Salvador acogió tan altruistamente, no puede cubrirnos por completo con sus Tinieblas.

2. Dejémoslo en sus manos: Cristo abrazando a San Bernardo, de Francisco Ribalta

«A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre. Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído y sálvame». (Sal 70, 1-2).

En esta obra de arte de carácter religioso, Francisco de Ribalta escoge como desarrollo de la acción el íntimo encuentro que tuvo el santo cartujo con Jesús, cuyos brazos se descuelgan de la cruz con intención de abrazarlo.

Este gesto va más allá de una simple muestra de cariño. Viene a recordarnos que hemos de acogernos a la voluntad de Dios, aun cuando tengamos dudas.

Él siempre se inclina hacia nosotros esperando que le recibamos como refugio. Es en la voluntad de cada uno donde recae el peso de la elección final.

 3. Venid a adorarlo: La adoración de los Reyes Magos, de Juan Bautista Maíno

arte religioso

«Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra». (Mt 2, 11-12).

La escena de la Epifanía supone el primer acercamiento a la promesa revelada en ese Niño sobre el pesebre. Él es nuestro Dios, el único y verdadero. La adoración de los Reyes y los pastores ha de ser también la nuestra cada vez que nos acercamos a la Eucaristía, testimonio vivo de la presencia de Dios.

Esta primera adoración ha de servirnos como recordatorio de que Dios no temió hacerse humilde para así poder habitar entre nosotros. ¡Cada uno de nosotros hemos de hacer lo mismo siempre que acudamos a Él!

4. Madre de Jesús y Madre nuestra: La Virgen del Rosario, de Bartolomé Esteban Murillo

arte religioso

«Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». (Lc 1, 45-46).

María es la muestra más fehaciente de que las promesas de Dios siempre se cumplen. En su entrega infinita se desborda el amor que solo puede entregar aquel que tiene puesta total confianza en el Altísimo y en sus designios. Ello no solo la convierte en madre de Dios, sino también la nuestra.

Mencioné previamente la necesidad de acogernos a la voluntad de Dios. No es menor la necesidad de imitar a María en el camino de la entrega.

Siguiendo su ejemplo, no solo podemos llegar a ser mejores cristianos, sino que podemos llegar a ser santos.

¿Conoces otros ejemplos de arte religioso? ¡Cuéntanos en los comentarios!

Artículo elaborado por Fátima Mollejo Sánchez