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Suele pasar que cuando escuchamos hablar de Edith Stein, santa Teresa Benedicta de la Cruz, solemos traer a colación, y casi de una manera automática, su gran aporte sobre la mujer y su valor en la historia de la humanidad.

Su obra «La mujer: Su naturaleza y misión», nos permite conocer el pensamiento de esta gran santa filósofa al respecto y además cuestionar nuestras propias ideas y creencias sobre el género femenino.

Pero el aporte de Edith Stein, es más grande que esto. Su vida misma es un testimonio hermoso de búsqueda incansable por la verdad misma que a más de uno nos deja conmovidos.


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Hoy que celebramos su fiesta quiero compartir 3 aspectos de la vida de esta santa que iluminan la nuestra, sobre todo en el contexto actual

1. El anhelo por la verdad

«Nuestro mayor misterio es el de nuestra libertad personal. Tanto, que incluso Dios se retrae ante ella. Él solo quiere la soberanía sobre los seres creados cuando la propia entrega es un regalo plenamente libre hecho por amor»

Edith Stein

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein nació en una familia judia muy comprometida con su fe. Dotada de una gran inteligencia, la pequeña Edith desde muy temprana edad cuestionaba todo aquello que aprendía. Su sed por encontrar todo aquello que sea verdadero , la desbordaba.

En una época en que la formación (académica) de la mujer era un asunto no solo secundario sino que sin importancia, Edith Stein apostó y lucho no solo por el simple hecho de aprender, sino por la inmensidad del mundo que se le abría con este aprendizaje y los misterios que se le iban develando.

Descubrir dimensiones que ignoraba, pero que seguro iba intuyendo, llevaron a la joven Edith a cuestionar su propia fe. En algún momento de su adolescencia, con consciencia y deliberadamente dejó de rezar y practicarla.

Pasó por un tiempo en el que se declaró atea, siendo el conocimieto lógico, la ciencia y la filosofía la base de sus creencias. Cuantos de nosotros, nuestros hijos, hermanos han pasado por este momento. La vida de esta santa nos presenta un panorama esperanzador.

Edith, no se conformaba, necesitaba descubrir y llegar a estas respuestas lógicas, profundas y articuladas por ella misma. Sin esto significar que no escuchase a nadie o que fuera autoreferente.

Por el contrario, siempre tuvo presente y respetó el conocimiento de aquellos que la precedían en los estudios, como su profesor Edmund Husserl, de quien fue asistente de cátedra en una época en que las mujeres no podían siquiera aspirar a este cargo.

Era una constante buscadora. Me pregunto si no es esta la actitud que muchos jóvenes y no tan jóvenes traemos impreso en el corazón y que muchas veces abandonamos prematuramente.

 2. La inteligencia al servicio del bien

«Buscamos la imagen de Dios en todos los seres humanos y queremos ayudarlos a caminar hacia la libertad»

Edith Stein

Esta inteligencia prodigiosa de la santa, no la hizo envanecerse o sentirse superior a nadie. El don que ella tenía lo puso desde un inicio al servicio de la búsqueda de la verdad y del bien.

Su gran capacidad de aprender no encontraba descanzo, y su anhelo por compartir todo aquello que iba descubriendo era igualmente enorme. Dio numerosas cátedras y escribó fructíferamente.

Es a través de esta búsqueda que Edith Stein llega al cristianismo. Una noche leyendo la biografía de Santa Teresa de Jesús exclamó extasiada: «¡Esta es la verdad!»

En ese punto el rumbo de su búsqueda intelectual no es que cambió, sino que se fue completando e iluminando con la verdad misma que iba presentándose de una manera cada vez más clara: Jesús.

Edith Stein, luego de muchos años lejos de las prácticas religiosas se convierte al catolicismo, incluso sabiendo el dolor profundo que esta decisión ocasionaría especialmente en su madre. Y a los 42 años luego de un largo discernimiento se une a la orden del Carmelo.

Buscar la verdad implica renuncias, sacrificios y recorrer caminos dificultososo e insospechados. Ella lo iba comprendiendo e iba, a la vez, comprobando que a medida que lo hacía, vivía una vida cada día más plena.

3. La fidelidad a uno mismo y a sus orígenes

«Ven Rosa, vamos a ir por nuestra gente»

Edith Stein

En su último tiempo el origen judío de Edith Stein se hace presente. En la alemania Nazi los judíos empiezan a ser perseguidos y exterminados.

A pesar de tener la posibilidad de huir y buscar refugio. Edith Stein, escoge ser fiel a su origen y ser consuelo de aquellos que sufrirían con ella. Fiel a esa Cruz que todo camino cristiano lleva consigo.

El 2 de agosto de 1942 Edith junto a su hermana Rosa fueron arrestadas y llevadas al campode concetración de Westerbork y el 7 de agosto conducida a Auschwitz donde encontró el fin de su vida terrenal en la cámara de gas.

Señalar esta fidelidad, no es poca cosa. Más allá de su origen judío, Santa Edith Stein hablaba de la fidelidad hacia su pueblo, un pueblo que también era el pueblo de Dios.

Durante su tiempo en estos campos del horror la calma y consuelo que esta santa brindó a muchos, significó en almas para el reino de Dios.

Edith Stein, nos recuerda esta fidelidad a nuestros orígenes comunes como hijos de un Dios por el cual merece la pena morir, porque la muerte no tiene la última palabra.

La vida de esta santa nos trae claves para nuestra vida contemporánea. En un mundo donde la inteligencia se pone al servicio del éxito propio, donde se sacrifica la búsqueda de la verdad por la comodidad y el facilísimos, donde nos olvidamos de nuestro origen y traicionamos, muchas veces, el don de la vida misma.

Santa Santa Teresa Benedicta de la Cruz, ruega por nosotros.

Edith Stein