oraculo

No tienes idea de cuánto me gustan las publicidades creativas que se valen de un humor sano para promocionar sus productos. A continuación hoy te comparto una buenísima de Seinnheiser que puede ayudarnos a entender la importancia de aprender a escuchar.

Mírala y a continuación acompáñame a reflexionar en unos aspectos clave que podemos rescatar del videdo.

1. Todos sabemos que hay cosas importantes en la vida que de ninguna manera deberíamos perdernos

Sin embargo, los seres humanos somos tan torpes que podemos girar en torno a cosas importantes sin jamás llegar a disfrutarlas verdaderamente. Un padre que trabaja y se esfuerza por sacar adelante a su familia, pero nunca tiene tiempo para pasarlo con sus hijos. Un consagrado que se afana y dedica toda su vida para que otros conozcan a Dios, pero él mismo ha comenzado a descuidar su vida de oración.

Los ejemplos pueden ser muchos y todos calzan muy bien con el conocido consejo de Jesús: “Marta, Marta, haces demasiadas cosas y solo una es la importante”.

En el video se ve que el hombre responsable de la comunidad (o familia), por estar demasiado atento a que todo salga bien en el encuentro con el Oráculo, termina por perderse la oportunidad de hacer la pregunta que todos esperaban. Paradojas de la vida humana. 

Qué necesario es saber hacer un alto en nuestras actividades cotidianas y preguntarnos por las motivaciones y objetivos que inspiran lo que hacemos. No vaya a ser que perdamos la oportunidad de hallar la felicidad por estar muy ocupados buscándola.

2. Dios no es un oráculo que predice el futuro, debemos aprender a escuchar su Voz…

Otra reflexión sería esta: el Oráculo en el video representa a un sabio durmiente que ocasionalmente se levanta para responder preguntas sobre el futuro de la comunidad. Quiero hacer un paralelo entre esta figura y la voz de Dios que toca a la puerta de nuestra vida esperando que nosotros queramos aprender a escuchar…

Es cierto, Dios no es un oráculo que predice el futuro, es más bien un padre amoroso que nos indica los caminos que llevan a la felicidad auténtica. Su voz respeta siempre nuestra libertad, no es un monólogo de indicaciones, sino una presencia atenta a nuestras preguntas y a lo que aflora en nuestra mente y corazón. 

Dicho esto, me cuestionaba sobre cuáles son las preguntas que hacemos a Dios. ¿Estamos aprovechando plenamente nuestro diálogo con Él o llegamos ante el Señor llenos de preguntas huecas e inútiles? La persona que está delante de nosotros tiene palabras de vida eterna, palabras que pueden cambiar el destino y el sentido de nuestra vida… ¿Buscamos esas palabras, hacemos las preguntas fundamentales?, ¿o es que nos dan miedo las respuestas que podamos recibir?

Es verdad, la oración es personal, tiene sus tiempos y Dios no nos presiona exigiendo niveles de profundidad a los que no podemos llegar aún; sin embargo, es importante decir que la oración puede estancarse por culpa nuestra, por el temor de dar pasos en la vida de fe, etc. Incluso podríamos llegar a convertir la oración en un terrible mecanismo de fuga ante nuestros problemas más graves.

Digo terrible porque quien reza podría sentirse enfrentando esos problemas por el hecho de repasarlos mentalmente o podría pensar que está cumpliendo con su vida cristiana cuando en realidad está escapando de ella. Fugar de los problemas en las drogas o la pornografía nunca nos engañará. En estos casos es obvio que algo en el propio corazón no anda bien.

Darse cuenta de que se está fugando en la oración es más difícil. Para ello se necesita pedir a Dios el don precioso y valiente de tener un corazón abierto y vulnerable.

Qué necesario es saber hacer un alto en nuestras actividades cotidianas y aprender escuchar. No vaya a ser que perdamos la oportunidad de hallar la felicidad por estar muy ocupados buscándola.

3. Una última reflexión me lleva al mundo de la tecnología

Hemos desarrollado una nueva necesidad de capturar todos los momentos que vivimos para sentirnos seguros de poder recordarlos en el futuro. Sin embargo, el afán de poseer la memoria de todo nos ha obligado a renunciar a la realidad en su plenitud. Me explico con un ejemplo: hace algunos meses tuve la oportunidad de saludar al papa Francisco en Roma.

Éramos un grupo grande de personas y cada uno tenía pocos segundos para cruzar alguna palabra con el Papa. Los que optamos por un breve diálogo nos llevamos un lindo recuerdo del Santo Padre, los que optaron por la selfie o la foto — que no fueron pocos — se llevaron el lindo recuerdo de una experiencia que no disfrutaron.

Algo así pasa en el video: el jefe del clan, preocupadísimo por capturar las palabras del oráculo, termina grabando una respuesta totalmente intrascendente. Vivir más pendientes del recuerdo del momento que del momento en sí traiciona la naturaleza misma de la memoria.

Me gustaría tener una cuarta reflexión, pero no la tengo… ¿Se te ocurre una a ti? Compártela en los comentarios.