Con casi 10 millones de visitas en YouTube, la canción «Dios te hizo tan bien» del cantante católico peruano Mauricio Alen cantada con Itala Rodriguez, se ha vuelto en un himno para una generación que constantemente recibe mensajes como:

«Tienes que bajar de peso para que te entre el bikini de moda», «tienes que estudiar más para que seas tan exitoso como tu primo», «nunca se van a fijar en ti», «no tienes talento para eso que sueñas», «ya no tienes solución, así serás siempre». Y muchos otros mensajes que constantemente nos dicen de forma indirecta que Dios nos hizo imperfectos, fallados o incompletos.

Y así crecemos, pensando que somos insuficientes, que valemos muy poco o nada. Y por eso cuando nos miramos al espejo nos maltratamos porque nos gustaría ser como otros, decidir como otros, vernos, trabajar, tener los talentos de otros, rezar, cantar, predicar, hablar como otros. Tener la familia de otros, sonreír como otros, y poco a poco vamos creyendo que Dios no se puede fijar en alguien tan imperfecto y malo como nosotros.

Pero… ¿adivinen qué? Damas y caballeros, niñas y niños, les presentamos en este momento tres razones para que cuando se vuelvan a mirar al espejo recuerden que contigo ¡Dios no se equivocó!

1. Tu corazón es infinito

Nunca pero nunca olvides que tu corazón está hecho de la misma materia prima del corazón de Jesús. ¡Eureka! Entonces…¿puedo amar como Él? ¡Claro que sí! ¿Acaso no recuerdas cómo te sientes cada vez que vas a dormir y le das un beso de buenas noches a mamá? ¿Acaso no recuerdas ese pan que compartiste con el hermano hambriento que te sacó esa gran sonrisa?

¿Acaso no recuerdas cómo te sentías mientras tu amiga podía llorar con libertad frente a ti? ¿Acaso no recuerdas cómo te fuiste a dormir el día que te esforzaste mucho por traer dinero a casa para que tus hijos tengan la
medicina que necesitaban? ¿Acaso no recuerdas cómo te sentías esa vez que perdonaste a tu hermano menor y volviste a jugar con él?

¡Pues claro! Fuiste muy feliz en esos momentos porque estabas viviendo desde el corazón. Estabas usando esa capacidad llamada amar, y eso te convierte en un ser demasiado valioso. Porque tienes el poder de salvar sonrisas, sanar tristezas, despertar esperanza, multiplicar fuerzas, y muchos milagros más. «Y es que todo lo bueno y más hermoso del mundo está en tu corazón».

2. Tus heridas son medicinas poderosas

Un gran maestro llamado Héctor Aristizábal, hace talleres para trabajar con víctimas de la guerra de Irak, pandilleros de Nueva York y ex guerrilleros en Colombia. En un encuentro con él, nos mencionaba que todos hemos venido al mundo con una medicina para compartir. Y esa medicina se encuentra escondida en nuestras heridas más profundas.

Cuánta gente que ha pasado cánceres fuertes se convierten en esperanza para los nuevos pacientes de quimioterapias. Cuántas jóvenes que no se podían levantar de sus camas, hoy son motivación para que otras levanten sus alas y se atrevan a volar. Cuántos ex adictos a las drogas se convierten en caminos de libertad para jóvenes que están cayendo en esos vicios.

Cuántas mujeres víctimas de relaciones tóxicas hoy son luz para otras. ¡Recuerda! En tus heridas más profundas, en tus decepciones más dolorosas, en tus derrotas más fuertes, en tus lágrimas más tristes, en tus caídas más inesperadas. ¡Hay medicina para otros!

Eres muy valioso porque tu historia está configurada para que sea camino, verdad y vida ¡para muchos! Eres necesario… ¡Muy necesario! ¡No escondas ese regalo por favor. «Dios te hizo tan bien y a la Tierra te mandó has sido el regalo perfecto no hay casualidad no, no, no».

3. Así como eres, le encantas a Dios

Vamos despacito, pasito a pasito. ¿Quién te ha hecho creer que eres basura? ¿Quién te ha hecho creer semejante tontería? Tu risa es hermosa para el creador del arcoíris. Tu cuerpo es perfecto para el creador de los atardeceres más hermosos del planeta. Tus talentos son fantásticos para el creador de las flores más lindas.

Tus sueños son bellos para el creador de las aves volando en manada por el cielo en un atardecer de verano. Tus formas de ser son maravillosas para el creador de los árboles milenarios. Tus rasgos son extraordinarios para el creador de las cataratas más bellas.

¿Sabes por qué? Porque no hay paisaje que Dios disfrute más que verte a ti. Porque cuando Dios te creó usó todo el amor que tenía, no se guardó nada de nada. Eres el resultado del amor de Dios en su máxima expresión.
No dejes que nadie te trate con menos dignidad.

¡No lo permitas porque no lo mereces! Eres más que suficiente. Dios no quiere que te conviertas en otra persona, quiere ayudarte a que descubras lo inmensamente valioso que eres. «Cuando Dios pensó en ti no hizo más que sonreír e hizo un tatuaje de tu nombre en su mano».

¡Te propongo algo!

Si tienes a tu cargo un grupo pastoral, te recomiendo que escuchen la canción «Dios te hizo tan bien» varias veces y respondan estas preguntas: ¿Cuáles son las victorias que más te enorgullece haber logrado en tu vida? ¿Cuál de tus talentos admiran mucho tus amigos? ¿A qué cinco personas has ayudado a sonreír mucho?

¿Cuáles son las tres personas que más te aman y por qué crees que lo hacen? ¿Qué situación dolorosa te convirtió en un ser humano más fuerte y cómo la superaste? ¿Qué te gusta mucho de ti?

Pueden compartir las respuestas en parejas y cuando terminen, formen un círculo, elijan uno que se ponga de pie, y cuando esto pase, los demás le dirán por qué creen que Dios lo hizo tan bien.

¡Será una verdadera lluvia de amor!

¡Ojalá todos pasen por este ejercicio! Díganse cosas desde el corazón y dejen que la comunidad se vuelva, literalmente, en voz de Dios. ¡Mucho ánimo en este nuevo año! Que el amor sea tu motor. Y que cada vez que te mires al espejo, recuerdes lo que Dios piensa de ti. «Y es que aunque pasen los años, horas, meses y días tú te pones mejor».

Por último te compartimos un especial mensaje del autor de esta canción, que tanto nos ha inspirado: «Hola gente de Catholic Link espero que «Dios te hizo tan bien» sea para ustedes, al igual que para mí, un constante murmullo de Dios al oído recordándonos en cualquier situación que Él nos hizo muy bien, que somos un regalo que nosotros mismos tenemos que desenvolver. ¡Un fuerte abrazo!». — Mauricio Alen.