El siguiente video me recordó la fidelidad de Dios en mi propia vida. A medida que pasan los años vamos creciendo, también crecen nuestras responsabilidades y los afanes de la vida, y muchas veces olvidamos que Dios ha permanecido a nuestro lado en todo momento, incluso en los más difíciles.

Él no solo ha estado junto a nosotros, sino que también ha hecho que esas situaciones que nos causaron tristeza o ansiedad, se transformaran después en aprendizajes. Es increíble ver cómo, a partir de esas experiencias, aprendemos a confiar más en Dios y logramos retomar nuestro caminar por la vida con una nueva visión. Este video nos ayuda a valorar.



El don de la gratitud

No sé si a ustedes también les ha pasado, pero algunas veces cuando estoy atravesando un momento difícil o de mucho estrés, me es difícil enfocarme en otra cosa que en mis propias dificultades, como dice el refrán: «Los arboles no dejan ver el bosque».



Les quiero compartir algo que a mí personalmente me ha ayudado en esos momentos: pensar al inicio y al final de cada día, al menos en diez situaciones por las cuales estoy agradecido con Dios. Incluyendo seres queridos, vivencias, logros o incluso detalles pequeños. Esforzarme por recordar constantemente las bendiciones que Dios me ha dado, me ayuda a comprender que, aunque tenga problemas, debo seguir luchando de la mano de Dios para no quedarme viendo solo el árbol sino más bien, anhelar el paisaje completo que Él ha pensado para mí.

Tener la fe de un niño

Ser agradecido es un paso muy importante. También se requiere fe para continuar trabajando por alcanzar el propósito que Dios tiene para nuestras vidas, aun en medio de las dificultades que encontramos a diario. Jesús nos enseña en el Evangelio que debemos cambiar y ser como niños para entrar en el Reino de los Cielos (Mt 18, 3). Muchas veces he pensado a qué se refería Jesús exactamente con eso de «cambiar y ser como niños» y quizás soy el menos indicado para aventurarme a dar una interpretación, porque no soy teólogo ni experto en la las Escrituras. Sin embargo, creo que basta con observar a un niño o recordar mi propia infancia para tener algunas claves.

Un niño confía plenamente en sus padres

Como se muestra en el video, un niño lo cree todo y lo espera todo de sus padres o cuidadores. Quizás no tenemos otra opción para sobrevivir a esa edad si no lo hacemos, es cierto. Aun así, nuestras vidas pueden tomar un rumbo totalmente distinto si confiamos en Dios como un buen Padre que sabe dar lo mejor a sus hijos cuando se lo pedimos (Mateo 7, 11).

Un niño expresa claramente lo que quiere, sin rodeos

Los niños hablan de manera sencilla, honesta y directa. Muy pocas veces un niño pequeño expresará lo que quiere con dobles intenciones. Absurdamente, al crecer, perdemos la capacidad de comunicar las cosas con claridad. Lo mismo podemos hacer con Dios cuando nos acercamos a Él en oración solo por obligación, con nuestra mente o corazón en otra parte para agotar un recurso, sin fe (Santiago 1, 6), o con un deseo egoísta  (Santiago 4, 3-5). Aunque hayamos estado antes en alguna de estas situaciones, cada día Dios nos da la oportunidad de volver a lo elemental y dirigirnos a Él desde nuestro corazón.

Un niño sigue el ejemplo de sus padres

Sin ninguna duda, un niño tratará  de imitar lo que ve en quienes están a su alrededor. El ejemplo de los padres seguramente influirá aún más si el niño se siente amado y protegido. Jesús nos muestra como Él mismo hace lo que su Padre le enseñó (Juan 5, 19).

Si aprendemos a confiar en Dios, cada día con la fe de un niño, podremos como decía San Juan Pablo II: «Recordar el pasado con gratitud, vivir el presente con entusiasmo y mirar hacia el futuro con confianza».

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