dignidad humana

Hace un par de días el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó la Declaración «Dignitas Infinita». El documento habla sobre la dignidad infinita y valor de la vida humana. Es muy interesante y realmente creo que, como todo lo que se publica de la Iglesia, los católicos deberíamos leer con detenimiento y atención.

Algunos conceptos teológicos e históricos – como la comprensión antropológica o tal vez el concepto de libertad – que se utilizan en el documento hace que sea necesario profundizar un poco más.

Pero, en términos generales, es un texto de fácil lectura y comprensión. Además, creo que es necesario que los creyentes profundicemos en nuestra fe y que tengamos en cuenta lo que dice la Iglesia. Es tiempo de conocer nuestra fe y poder dar razón de ella. No vale decir que somos católicos y no estar pendientes de lo que pasa.

¡Tomémonos el tiempo de ahondar y conocer lo que dice la Iglesia! Mucho más en estos tiempos de tanta confusión que vivimos. 

El documento, tal como te lo he dicho, trata sobre la dignidad. Principalmente, sobre lo que es en sí misma. Habla también de los casos, no todos, evidentemente, en los que se hiere la dignidad de las personas.

Aborda temas de gran importancia como la guerra, la desigualdad, la violencia. Así, plantea que la dignidad es algo inalienable y que no se le puede quitar a una persona. Esto lo podemos comprender, aunque no siempre es tan claro. 

En el documento se plantea la distinción entre cuatro formas de dignidad: ontológica, moral, social y existencial y afirma que aunque la dignidad ontológica nunca puede perderse, la moral sí. Es decir, que existe una dignidad en el actuar y esa dignidad puede ser contraria al ser de la persona.

¿Qué es la dignidad humana?

dignidad humana

El documento afirma la dignidad de la persona desde la vinculación con la antropología Imago Dei. Es decir, la dignidad procede del mismo hecho de ser creados a imagen y semejanza de Dios.

Es más, la Encarnación ha elevado la dignidad de la persona humana, debido a que Dios mismo se ha hecho Hombre y ha asumido la naturaleza humana.

La dignidad implica una forma de relación. Es una realidad que no se puede desvincular de la persona de Cristo, ya que es Él quien «revela a la persona su propio ser». 

Lo que queda de esta idea es que el concepto de persona que nos aporta el documento está vinculado a su ser, a la pregunta esencial de «¿quién es la persona humana?» y la imposibilidad de plantear una dignidad fuera de la relación con el Creador de todo lo que existe. 

La dignidad viene entonces del ser de la persona. No depende de su lugar de procedencia, ni de la cantidad de dinero que tiene, ni de si es un violador o un santo.

Todas las personas tienen una dignidad ontológica que no puede ser eliminada de ninguna manera. Por esta razón fundamental se sustenta la radical oposición a la pena de muerte. 

Vínculo de la «dignidad humana» con los Derechos Humanos 

dignidad humana

Con relación a esto, creo que vale la pena que pensemos en la modificación que se quiere realizar a la Declaración de los Derechos Humanos al sumar a la lista de derechos el aborto.

Si somos sinceros, tal como lo dice el documento, la dignidad de la persona no puede depender de algo que sea realizado por las personas. No depende del consenso o de la presión de un lobby. La dignidad debe tener una fuente más allá de cualquier persona con poder, dinero o racionalidad. 

Dios se ha revelado y nos ha mostrado el camino, porque sabía que por nuestros propios medios no íbamos a ser capaces de regresar al Cielo, de ser santos e inmaculados.

La concupiscencia nos limita y nos confunde. Nos lleva a tomar el mal como algo bueno y por esa razón, en este momento histórico, vemos como algunas personas quieren promulgar como un derecho algo que no tiene razón de ser. 

Violaciones a la dignidad de la persona 

Podríamos partir de las palabras de Jesucristo: «todo lo que haces a alguno de estos pequeños, me lo haces a mí». Siendo Dios el fundamento de la dignidad de la persona, si comprendiéramos el valor de cada persona (la misma Sangre de Cristo), miraríamos, actuamos, nos relacionamos los unos con los otros, con el amor que Él mismo nos ha profesado.

Podemos decir que esto es difícil. ¡Pues sí, lo es! A Cristo le costó la mismísima vida, pero a eso estamos llamados, a amarnos de la misma manera, hasta la muerte, hasta entregarnos por amor.

Cada una de las violaciones a la dignidad de cada persona es un escupitajo, un azote, un golpe a Jesús. Él es la imagen por la que hemos sido creados y es la semejanza a la que estamos llamados.

Nuestra dignidad viene de Él y somos llamados a crecer en la dignidad moral, para que nuestros actos sean cada vez más congruentes con nuestra dignidad ontológica. 

Ver en las personas que nos rodean a Cristo no es un llamado sencillo, pero es lo que nos posibilita Dios con su misma gracia. Es esencial que volvamos a Él, que reconozcamos que no podemos nada si no es de Sus manos. Que es Él quien nos enseña a amar y a perdonar aun cuando es más difícil.

Recuerda que el amor es el que ha vencido a la muerte. Es el amor el que nos ayudará a promover de manera profunda y existencial una dignidad que parece en desuso, una dignidad que pareciera comprarse y venderse y que depende más del tener que del ser. 

Pidamos a Dios que nos ayude a vernos como Él lo hace. Que podamos verlo a Él en cada persona: en los más pobres, necesitados, enfermos, encarcelados, etc. y que podamos servir y amar porque solo el amor salvará este mundo.