día de san Esteban

Se taparon los oídos y gritaron, «¡blasfemo!». Los fariseos cogieron a san Esteban y, bien sujeto, se lo llevaron —medio en secreto— a las afueras de Jerusalén para apedrearlo. Pero qué incómoda es arrojar las rocas con los mantos… y qué calor. Entonces, viendo al más joven del grupo, un tal Saulo, le dicen, «coge nuestros mantos». Y aquí, si quieres, puedes imaginar conmigo cómo fue el encuentro entre estos dos futuros santos.

Yo me imagino que san Esteban, al ver fe y devoción en los ojos de Saulo, le dice también, «toma mi manto, muchacho». Saulo ha visto los milagros del protomártir (primer mártir), presenció su defensa ante el sanedrín y como su rostro brilló como el de un ángel. Y por eso, me gusta imaginar, que san Esteban le regala su manto a Saulo, con lo que le dice, de forma indirecta, «ahora te toca a ti». 

Y bien que Saulo, el futuro san Pablo, siguió el ejemplo de san Esteban: entregó su vida a predicar el evangelio, defendió a Dios ante el ágora de Atenas, ante el sanedrín, ante un procurador romano y, por último, entregó su vida. 

Aunque nosotros no hayamos conocido a san Esteban en persona, sus enseñanzas nos pueden remover el corazón, de igual forma que lo hicieron con san Pablo, y movernos a entregarnos como él. Por esta razón, también me imagino que san Esteban nos dice a cada uno, «toma mi manto, ahora te toca a ti». 

«Y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo»

Para servir a la Iglesia, a nuestra parroquia, no hay que esperar a que nos escoja una asamblea —como a san Esteban—. Muchos de nosotros hemos sentido, a veces tan liviano como una brisa, una llamada del Espíritu Santo: vemos que el párroco necesita ayuda en las catequesis, el grupo de jóvenes, de voluntariado… que no hay nadie para el coro, incluso que no hay nadie para hacer las decoraciones de Navidad. 

Todas esas veces el Espíritu Santo nos está llamando, igual que llamó a san Esteban, a que sirvamos a la Iglesia, que siempre está necesitada.

San Esteban fue escogido para aliviar la tarea de los apóstoles, un cargo esencial para el crecimiento de los creyentes. Desde el principio la Iglesia ha necesitado ayuda, ¿Seré capaz de poner mis aptitudes o mis dones al servicio de mi parroquia? ¿Presto atención a sus necesidades? 

«Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre…»

En medio del sanedrín —rodeado de enemigos, de amenazas e injurias—, san Esteban, lleno del Espíritu Santo, nos da el ejemplo de que siempre podemos ver a Dios y a Jesús a nuestro lado, especialmente en los momentos más oscuros, tristes o desesperantes. 

Todos podemos pedir por esa «mirada interior» que nos ayude a ver lo invisible: a nuestro ángel de la guarda, a los santos que nos acompañan, a María y a Dios, para sacar, como el primer mártir, fuerza y que nadie ni nada nos doblegue. 

Al dormir, cocinar, trabajar, estudiar, incluso al descansar, ahí está Jesús a nuestro lado. No nos deja ni un segundo y siempre, especialmente en las preocupaciones, se ofrece a ayudarnos. 

¿Te has sentido alguna vez solo? ¿Sin nadie que te ayude, te comprenda, te escuche…? ¿Has acudido a Jesús, a tu ángel de la guarda…? Ellos nunca te dejan solo. 

«Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo»

día de san Esteban

A veces es fácil olvidar que la conversión de san Pablo no comenzó cuando, de camino a Damasco, le rodeó «una luz venida del cielo», yo creo —y dime tú qué piensas— que empezó cuando presenció el martirio de san Esteban. 

Me imagino que se le habrán quedado grabadas las palabras del protomártir ante el sanedrín, las señales milagrosas que hacía en nombre de Jesús y su santa muerte: perdonando a los que le apedreaban. Desde ese día, Saulo pudo haber empezado a preguntarse: ¿De dónde le viene ese amor, ese valor y fuerza?

Hoy, todavía, hay muchas conversiones que comienzan al ver un testimonio… de alguien que ven vivir tan feliz, tan entregado, tan olvidado de sí mismo: de alguien que les hace suscitarse la misma pregunta.

Pío XII nos recuerda que nuestra conducta y palabras pueden ser un llamamiento de Dios en los corazones y en las mentes de los que nos rodean. Nos recuerda que ese ejemplo lo podemos dar nosotros: nuestras palabras y conducta pueden quedarse grabadas en el corazón de los demás. ¿Estamos dando un buen ejemplo?

Hoy, 26 de diciembre, celebramos el martirio, la muerte de san Esteban, como una fiesta gozosa: de su nuevo nacimiento, de su participación en la Pascua de Jesús. Nosotros también podemos participar de ella, cada uno de nosotros.