El inicio de mi vida cristiana tuvo mucho que ver con una novela. No una de esas “aburridas” que leíamos en el colegio, sino una que salía por completo de mis esquemas de “novela de adolescente” que escuchaba entre mis amigas –porque la verdad era, que yo no había leído ninguna– pero esta, que un amigo me recomendó, me cautivó por completo, y se puede decir, cambio mi vida.

Somos dichosos porque la historia ha dejado testigos del gozo, del asombro y de la increíble aventura que significa compartir junto al Señor una vida apasionante. Somos dichosos porque ellos van por delante nuestro y nos señalan el camino. Somos dichosos porque lo llenan de luz y alientan en nuestro corazón la esperanza de poder recorrerlo junto a ellos.

Es por eso que queremos compartir con ustedes lo genial que es leer la vida de un santo. ¡De una lectura como esta podemos sacar tantos frutos!