Desconexión digital

Recientemente estuve viendo un reel en Instagram, publicado por monteropsicologo, en el que el reconocido cantante Ed Sheeran le decía al entrevistador por qué decidió no seguir utilizando smartphone. El tema de la desconexión digital me pareció no solo interesante, sino muy apropiado para cada uno de nosotros por las diferentes razones (que te compartiré a continuación).

Te invito a que le eches una mirada a este video y me acompañes en esta breve reflexión.

¿Por qué se hizo viral el comentario de Ed Sheeran?

Vivimos en un mundo cada vez más interconectado a través de internet, gracias al teléfono móvil, o smartphone. Es lo máximo, ¿no? En un solo aparato tenemos todo a la mano: podemos navegar nuestras redes sociales, pagar cosas, oír música, y un largo etcétera.

Se ha convertido rápidamente en una herramienta tan imprescindible para todos, que casi podríamos decir que no somos capaces de vivir sin él.

Curiosamente, el entrevistador de Ed Sheeran, en el Reel que te compartí, personifica esto mismo que te acabo de decir. En él nos podemos ver casi todos: aunque quisiéramos dejar a un lado nuestro smartphone, no conseguimos hacerlo.

Incluso, podría agregar, nos genera una ansiedad espantosa el tan solo pensar en dejar del todo el celular. ¿Por qué? Ya sabemos lo más obvio: porque es adictivo.

Lo que no es tan obvio tiene algo que ver con lo que el mismo Ed Sheeran menciona en el video: el aburrimiento.

¿Desconexión digital? Aburrimiento seguro (y del bueno)

Nuestro cerebro está diseñado para buscar placer, eso es un hecho y, por eso, se apega tan fuertemente al entretenimiento que los smartphones nos brindan y rehúsa intensamente la desconexión digital.

Lo interesante es que, como muestra la simple experiencia que relata Ed Sheeran, el aburrimiento es importante para el balance que necesitamos como seres humanos, algo que nuestro cerebro no «calcula».

El cerebro por sí mismo solo actúa como cualquier órgano del cuerpo, y en ese sentido, solo busca mantener los niveles hormonales que generan una sensación general de placer.

El problema es que lo hace de forma automática, sin medir el impacto negativo que esto puede tener: mucha exposición a grandes cantidades de dopamina, la hormona del placer, disminuye drásticamente la capacidad cognitiva y sensitiva del organismo en general.

Al suceder esto, empieza a darse el caso de que solo esa fuente grande e intensa de dopamina consigue tranquilizar a nuestro sistema, generando una sensación de ansiedad y aburrimiento cuando no se consigue, o con la desconexión digital. De ahí en adelante, todo es problemático.

¿Importancia del aburrimiento?

El aburrimiento, sin embargo, es importante por dos razones: la primera, porque permite que el cerebro normalice los niveles hormonales, disminuyendo la sensación de ansiedad y necesidad.

La segunda, porque, al sentirse aburrido, el cerebro empieza a buscar, a través de la memoria y la imaginación, otras fuentes de dopamina, ofreciendo así un horizonte inagotable de creatividad.

Sin embargo, como te decía, eso no entra en los «cálculos del cerebro» por sí solo, que actúa como un órgano cualquiera: ese cálculo tiene que ir mediado por nosotros a través de la conciencia.

(Eso es lo que Ed Sheeran hizo y fue lo que le permitió escribir la canción «Old phone»)

La desconexión digital, sin embargo, tiene un impacto muy positivo en temas aún más relevantes para ti y para mí.

Ventajas y más ventajas de la desconexión digital

No hace más de una semana, caminaba por las calles de Palencia, España. Vi a una pareja sentada en un café, bajo el sol mañanero de comienzo de verano. Hacía un día realmente espectacular, el lugar en el que estaban también es bellísimo y, además, estaban juntos.

Y, sin embargo, los dos estaban pegados a sus respectivos smartphones. Los observé por el tiempo que me permitió el pasar caminando a su lado y no vi la más mínima interacción entre ellos. Lo único que hacían es navegar por redes sociales.

Sentí una tristeza muy grande por ellos dos: estaban tan «enganchados», que ni siquiera se miraban… solo les interesaba lo que mostraban sus respectivas pantallas.

Con casos como estos en mente, que son más frecuentes de lo que nos damos cuenta, me pregunto: ¿qué harían si no tuvieran su smartphone?

Liberándose de un mundo de sobreestimulación, descubrirían un mundo realmente enriquecedor: no solo un día maravilloso, sino el uno al otro. ¿Cómo puede una relación amorosa nutrirse y crecer si el alimento que recibe no es más que TikTok o Instagram?

¿No nos damos cuenta de que estas son las fuentes más funestas para el amor? Si no hace más que llenarnos de inseguridad y miedo, aparte de adictos a estímulos que, en una relación humana, es literalmente imposible de mantener… ¿Nos damos cuenta de esto?

La joya en el fondo…

Por otra parte, entrando al terreno espiritual, la desconexión digital ofrece un mundo que, francamente, no tiene igual: la vida interior.

Si nosotros nos detenemos un momento a mirar con sumo cuidado en las palabras de Nuestro Señor en el Evangelio – y la cantidad de veces que enfatiza en una vida según el corazón – descubrimos que hay en nosotros un mundo entero por descubrir a través de la vida interior y la Gracia del Señor. Esto, sin embargo, difícilmente se consigue pegados a redes sociales y a los celulares.

Los momentos de aburrimiento nos ofrecen las condiciones perfectas para comenzar a forjar esta vida interior, porque requiere de recogimiento y, sobre todo, de oración.

Santa Teresa de Jesús, en su autobiografía, hace un énfasis absoluto en este punto. Nada, absolutamente nada lo conseguimos si no es con vida de oración. Porque, sin Dios, no podemos nada, y con Él, lo podemos todo.

En la oración forjamos una relación de amistad con Cristo. Y Él, con todo el amor que nos tiene, empieza poco a poco a sacar de nuestro interior nuestra mejor versión. Aquella versión que será capaz de más de lo que podemos imaginar.

Por eso termino esta breve reflexión con las mismas palabras de Nuestro Señor: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán» (Mt 6, 33).

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