El video «Migrants» que quiero compartir contigo hoy habla, de manera muy creativa, sobre un tema siempre actual: la migración. Sobre los desafíos de los migrantes, tristemente, un tema que causa cada vez más preocupación. Te invito a verlo hasta el final.

Pero ¿cuáles son los desafíos de los migrantes…?

Para nosotros un migrante siempre será una persona que no pertenece a nuestra nación. Pero no es solo eso; un migrante es una persona que por una u otra razón ha tenido que elegir las posesiones más urgentes y/o importantes, dejar su casa, tierra y seres queridos por buscar un mejor futuro, mejores oportunidades o hasta para salvar su propia vida. 

Un migrante, ante todo, es una persona. Eso no podemos olvidarlo nunca. Una persona que, por lo demás, pasa por situaciones bastante complejas, tristes y muy dolorosas. Pensemos solamente en el hecho de dejar a sus seres queridos… ya esto es un sacrificio gigante. 

Además, un migrante es un Jesús. Sí, aunque suene extraño… el Hijo de Dios no tuvo lugar seguro ni para nacer, como dicen las Escrituras. No tuvo ni donde reclinar la cabeza, toda su vida entre nosotros fue una constante migración…

¡Qué interesante es esto! Pues creería que, si nos damos a la tarea de ver a Jesús en nuestros hermanos extranjeros, cambiaríamos mucho cómo los tratamos

¿Por qué nos da dificultad acoger a un extraño?

Siento que en ocasiones lo primero que nos suscita una persona que llega nuestro entorno, es cierto miedo. Es normal, pues es alguien diferente, de cultura, costumbres y demás situaciones diversas… la tarea es descubrir en ellos una oportunidad para crecer en conocimientos y diversidad cultural. 

Necesitamos darnos a la tarea de pasar del miedo al aprendizaje, lo que solo se da en medio de una prudente apertura al otro, saber acoger, pasar del rechazo a la comprensión, de la exclusión a la compasión, del miedo a la acogida. 

Jesús, como decía anteriormente, también fue un migrante. Es más, todos los cristianos también somos migrantes, pues nuestra patria es el Cielo. Por lo tanto, si Jesús se identifica con nosotros y nos entiende, nosotros como sus discípulos debemos imitar su ejemplo y aprender de Él. 

Como hombres de fe, también debemos mostrar compasión por aquellos que son extranjeros al venir de otros países y regiones, ya que reconocemos que todos nosotros somos también peregrinos y extranjeros en medio del mundo.

Para la jornada mundial del migrante del año 2019, el Papa Francisco dijo,

«la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata solo de migrantes” significa que al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que cuidando de ellos, todos crecemos; que, escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista«».

¿Qué hacer entonces?

Puede que no esté en nuestras manos la posibilidad de cambiar aquellos desafíos de los migrantes, sus sufrimientos y demás dificultades… pero sí está en nuestras manos la elección de la caridad. Actuar siempre movidos por amor, siendo conscientes de que un solo gesto de bondad puede cambiar la vida del otro.  

Orar por las personas que pasan por estas situaciones. Estar prestos a las acciones de caridad generosa, de apertura a la compasión y el servicio desinteresado, reconociendo que Dios en su infinita providencia puede tenernos como instrumentos de su benevolencia. 

Siempre que tengamos la oportunidad de hacer el bien para con un hermano que sufre, no dudemos de hacerlo. Recordemos que es igual que hacerlo con Jesús. Además, todos somos migrantes en esta vida y Cristo ha tenido la benevolencia de dar su vida para darnos acceso a la Patria celestial. 

¡Somos ciudadanos del cielo! No lo olvides.