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Los derechos humanos son un tema muy controvertido. ¿Quién podría oponerse a «derechos» y sobre todo quién podría oponerse si estos derechos son «humanos»? Parece que los derechos humanos son algo universal e indiscutible, y que una declaración no haría falta. ¿Verdad?, pues no.

Gilbert K. Chesterton decía que una herejía era una «verdad que se ha vuelto loca». Y los derechos humanos son un poco esto. Son una verdad, nadie lo discute. De hecho, son una verdad de «perogrullo», ya que en sentido estricto, todos los derechos son humanos, pues la única especie que tiene capacidad de desarrollar un código inteligible es la especie humana.

Es decir, en su origen, cualquier declaración de derechos es humana. Y en su fin, también todos los derechos son humanos, ya que el humano es el único «sujeto del derecho». Por supuesto que los seres humanos le otorgan «derechos» a los animales, pero esos «derechos» son en su origen, humanos.


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¿Cuál es entonces el problema con los llamados «derechos humanos»? Que, como su nombre lo indica, son una construcción humana, son de origen humano, y por lo tanto… Ya veremos qué pasa. El video que hoy te comparto es una iniciativa de una organización no gubernamental llamada «ADF Internacional», que pide a las Naciones Unidas que se respete la declaración universal de los derechos humanos en su integridad. De acuerdo a los postulados de 1948, y que no se busque agregar «nuevos derechos», que distorsionarían las intenciones de los declarantes originales.

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¿Qué problema hay con los nuevos derechos?

El problema es que los «nuevos derechos» que se quieren introducir son un avasallamiento a otros derechos. Generarían (como de hecho ya están generando, aun antes de ser declarados derechos) una policía del pensamiento, y una obligación, para los estados miembros de las Naciones Unidas, de adoptar legislaciones, que, curiosamente vulneran derechos fundamentales declarados en 1948.

Las Naciones Unidas, nacieron al finalizar la segunda guerra mundial, como dice el video, con el fin de establecer un límite al poder de las naciones miembro en cuanto a su poder de dictar leyes que avasallaran los derechos de las personas, especialmente el derecho a la vida, y luego varios derechos más. Como el derecho a la libertad de expresión, el derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que darán a sus hijos, y un prolongado etcétera. A lo largo de 30 artículos, se «declaran» los «derechos inalienables» de todos los seres humanos por el solo hecho de ser humanos. De allí su nombre, de «derechos humanos».

¿Cuál es el problema de esta declaración?

Cuando le preguntaron a Ghandi qué opinaba de Las Naciones Unidas, contestó: «¿Las Naciones Unidas? ¡Sería una buena idea! Las naciones unidas nacen de una idea hija del iluminismo, que la sola luz de la razón puede iluminar a todas las cosas humanas, y que todo es debatible y todo se puede consensuar mediante el debate».

Parafraseando a la frase atribuida a Ghandi, podríamos decir: ¿Los derechos humanos? ¡Sería una fantástica idea, si todos estuvieran obligados a cumplirlos, y si fueran inamovibles! Pero no lo son. Son el producto de un acuerdo y una declaración. Y un acuerdo y una declaración pueden ser reemplazados por otro acuerdo y otra declaración.Y además, sus alcances están supeditados a pactos, en los que los países adhieren, o no, a sus artículos.

Nadie se opone, naturalmente, a que haya acuerdos internacionales que protejan a las personas. El problema es que no son universales, en tanto que requieren de pactos de adhesión, y hoy, por ejemplo, de acuerdo a las Naciones Unidas, al menos 38 países vulneran esta declaración. Sí, incluso Estados Unidos, con su pena de muerte está entre los países que no reconocen los derechos humanos.

Pero además, como indica este video, el acuerdo de 1948 puede querer ser reemplazado por otro acuerdo. Hay ya lobbys internacionales que buscan aprobar distintos «derechos nuevos», desde el aborto hasta la legislación contra los «discursos de odio». Si los derechos humanos son algo que los humanos reconocen a los otros humanos, y no buscan su fundamento en la dignidad inherente de toda persona humana, entonces son arbitrarios.

Pueden ser sometidos periódicamente a escrutinio y debate, y ser convalidados o rechazados por los países, y por lo tanto, ser nada más que una figura decorativa. O como indica esta campaña, el permiso para que muchos países puedan vulnerar otros derechos humanos, como el derecho a la libertad de conciencia, o el derecho a la libertad de expresión.

«Las herejías son verdades que se volvieron locas»

Como decía Chesterton, las herejías son verdades que se volvieron locas. Y en este sentido, los derechos humanos, son verdades que se volvieron locas. ¿Qué es lo que nos da la dignidad humana? Hasta el siglo XIX era legal tener esclavos. En Estados Unidos y en Sudáfrica, hasta hace muy poco tiempo era legal discriminar a la gente de color.

Hoy en día, como dijimos, la pena de muerte todavía sigue siendo una realidad en muchos países, y se pretende avanzar con estos «nuevos derechos» que son solo derechos para «algunos». Como se puede ver, el tema de los derechos humanos, es difícil, controvertido y tiene muchos ribetes que hay que revisar.

¿De dónde provienen los derechos humanos? Pues de la Iglesia Católica, que reconoce la intrínseca dignidad de toda persona humana desde su concepción hasta su muerte natural. El primer exponente extraordinario de esta realidad lo tenemos en Isabel de Castilla, la Reina católica de España, que establece los principios de lo que después se llamarían las «Leyes de Indias», un corpus jurídico que recalca constantemente la dignidad de toda persona humana.

Las instrucciones a Frey Nicolás de Ovando, la obligación de devolver a los indígenas traídos por Colón como esclavos a sus tierras y que se les devolvieran sus posesiones, y el codicilo de su testamento, son una clarísima ilustración de este principio que España determinó para sus conquistas: el respeto de la libertad y dignidad de los conquistados.

Era la primera vez en la historia que un pueblo conquistador determinaba leyes para un pueblo conquistado. La prueba más palpable de ello es que hasta principios del siglo XIX, la América Hispana fue un continente mayoritariamente mestizo. Aún hoy lo sigue siendo, pero luego de las independencias americanas, en muchos países comenzó un proceso de segregación y exclusión de las poblaciones mestizas e indígenas.

La dificultad actual de los derechos humanos es que se declaran, son muy «bonitos», pero nadie los cumple. Se quieren sumar estos nuevos derechos como una nueva forma de colonialismo: los países que no acepten estos nuevos «derechos» (aborto, los llamados «discursos de odio», eutanasia, etc) pueden ser sancionados por las Naciones Unidas. De modo tal que comienza a gestarse un «gobierno mundial» solapado, sin organismos centralizados, pero con poder sobre toda la tierra.

Un mensaje del Papa Francisco

El Papa Francisco le dijo a los participantes en un congreso sobre derechos humanos en Roma el año pasado:

«En el año en que se celebran los aniversarios de estos instrumentos jurídicos internacionales, [la declaración universal de los derechos humanos] es apropiado reflexionar en profundidad sobre los fundamentos y el respeto de los derechos humanos en el mundo contemporáneo, reflexión que espero que conduzca a un compromiso renovado con la defensa de la dignidad humana, con especial atención a los miembros más vulnerables de la comunidad.

De hecho, mirando atentamente a nuestras sociedades contemporáneas – subraya el Pontífice – existen numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos si la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es realmente reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. Hoy en día, persisten todavía muchas formas de injusticia en el mundo, alimentadas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en el beneficio, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre».

Sin un fundamento universal, sin una explicación de que nuestra dignidad proviene de que fuimos creados todos a imagen y semejanza de Dios, es muy difícil establecer cuáles son esos derechos y por qué estamos todos obligados a aceptarlos. Cada derecho del otro deriva en un mandamiento para mí, y si traducimos los «derechos humanos» a mandatos, entonces no queda mucho más que los Mandamientos. La base de todo derecho humano es el respeto del prójimo como hijo amado de Dios.

La Comisión Teológica internacional del Vaticano redactó un documento en 1983 que finaliza diciendo: «en el mundo de hoy existe un consenso bastante general sobre el valor normativo-ético de los derechos humanos. Por el contrario, consta suficientemente que hay una gran disensión tanto sobre su justificación filosófica e interpretación jurídica, como sobre su realización política. Y, por ello, en materia de derechos humanos aparecen muchos equívocos. En la práctica se encuentran frecuentemente injusticias y lesiones de las libertades de la persona.

Siendo esto así, en nuestros días, con respecto a lo que se refiere a la realización de los derechos humanos deben tenerse presentes las cosas que siguen: presupuesto el valor fundamental de la dignidad humana, como máximo en el orden moral y como razón de la obligación jurídica, es necesario, en primer lugar, definir clara y distintamente los derechos humanos y redactarlos en forma jurídica.

Si así será posible instituir estos derechos fundamentales, dependerá de que se obtenga un consenso que trascienda las concepciones diversas (filosóficas y sociológicas) sobre el hombre. Este consenso, si se obtiene, será el fundamento de una interpretación común de los derechos humanos al menos en el campo político y social».

El único modo de lograr esto, es en mi humilde opinión, es centrarnos en la dignidad de todo hijo de Dios. Y para eso hace falta un esfuerzo evangelizador, hace falta una conversión de los corazones. Recemos al dueño del campo para que nos convierta en trabajadores de su campo, y podamos un día estar hermanados bajo una misma Paternidad Divina.

derechos humanos, ¿Derechos humanos o mandamientos divinos… a quién obedecer?