Su nombre real era Karol Józef Wojtyła y nació en un pueblo de Polonia llamado Wadowice en 1920, donde vivió en carne propia los horrores de la guerra. Tiempo después, en Cracovia, fue nombrado obispo y se convirtió en arzobispo de la misma sede, en 1964. Obtuvo su Ordenación Cardenalicia el 28 de junio de 1967.

Fue un hombre plenamente entregado a Dios en cuerpo y alma desde que escogió el sacerdocio como vocación. Durante su vida, por encima de cualquier credo, encarnó mejor que nadie la lucha por la paz, a través de un diálogo digno y lleno de sabiduría.

Sus deseos fueron tan claros y profundos, que las soluciones pacíficas que propuso marcaron una referencia para todos los ciudadanos de la Tierra. Esto, en conjunto con su total servicio en obediencia a la Divina Voluntad de Dios, le permitió alcanzar la santidad, que era su más profunda meta.

No obstante, dado su papel como autoridad moral y religiosa, a veces olvidamos que los santos se construyen en los detalles de la vida cotidiana. Por ello, vale la pena conocer algunas interesantes anécdotas que nos recuerdan que aún en su humanidad, san Juan Pablo II busco la perfección del inmenso amor a Dios.

1. Fue el creador de las Jornadas Mundiales de la Juventud

Durante su estadía en Polonia como sacerdote, dedicó mucho tiempo a trabajar con los jóvenes. Al ser papa, reconociendo la importancia de mantener ese vínculo con la juventud, creó las Jornadas Mundiales de la Juventud. Encuentros con jóvenes de todo el mundo, de los que llegó a presidir 19.

2. Su país de origen era comunista

Cuando Paulo VI murió en 1978, Wojtyla ya siendo cardenal, participó en el cónclave en el que Juan Pablo I fue seleccionado, pero murió un mes más tarde. Es entonces que Karol Wojtyla es elegido papa, el 16 de octubre del mismo año, lo que marca un evento histórico, tanto para la Iglesia como para el área política, al ser un pontífice proveniente de un país de régimen comunista.

Siendo papa, visitó Polonia donde fue recibido por grandes manifestaciones populares en múltiples ocasiones. Se cree que su acción tuvo un peso decisivo en el derrumbe del poder comunista en el mismo país.

3. Llamó hermanos mayores a los judíos

Juan Pablo II fue el primer pontífice en visitar la gran sinagoga de Roma, en la que calificó a los judíos como «hermanos mayores» de los cristianos. Dentro de su labor, restableció las relaciones diplomáticas con Israel, país que visitó en el año 2000.

4. Tenía un excelente sentido del humor

Cuenta Joaquín Navarro-Valls (portavoz de la Santa Sede) que un día, cuando el papa Juan Pablo II recién llegaba del hospital donde había sido intervenido por una rotura de fémur, recibió a un obispo. El prelado no dejó de elogiar el buen estado del Santo Padre, le dijo incluso: «Se ve usted mejor que antes de ingresar al hospital», a lo que el papa contestó: «Entonces, ¿por qué no ingresa usted también?».

5. Fue impulsor de la santidad

Durante su pontificado, fue un gran impulsor de las canonizaciones para alentarnos a todos a perseguir la santidad como fin último. Beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483 más. Esta cifra, sorprendentemente, supera a todos los beatos y santos canonizados por todos los papas anteriores a él en toda la historia de la Iglesia.

6. Le pidió a un mendigo que lo confesara

Un sacerdote estadounidense que, estando en Roma, se disponía a rezar en una parroquia de la localidad, se topó con un mendigo en la entrada. La cara de aquel hombre le pareció familiar y al acercarse, recordó que había sido su compañero en el seminario, incluso se habían ordenado el mismo día. Le preguntó qué le había pasado y el hombre le confesó que había perdido su vocación y su fe.

Al día siguiente, el sacerdote tenía una audiencia con el papa a quien le compartió lo ocurrido. Juan Pablo II, preocupado, invitó al sacerdote y al mendigo a compartir la cena. El papa pidió tener una conversación privada con el hombre que parecía haber perdido la fe, y le pidió que lo confesara.

En ese momento, el hombre se quedó plenamente sorprendido: «Ya no soy sacerdote» decía. «Una vez sacerdote, lo serás por siempre», contestó Juan Pablo II. Pero, «Estoy privado de mis derechos como sacerdote» insistió el hombre. «Soy obispo de Roma y me puedo encargar», comentó el papa.

Al final, el mendigo confesó al papa y viceversa. Tras terminar la reunión, el santo padre envío al mendigo a la parroquia en donde había sido encontrado, para ser nombrado vicario y encargado de la atención a los mendigos. Sin duda alguna, aquel día, el papa, con la bendición de Dios, cambió la vida de ambos hombres.

Ejemplo de santidad y amor al prójimo 

Así como estas, muchas otras anécdotas pueden ser relatadas por los testigos que vivieron cerca del ahora santo papa Juan Pablo II. En lo que todos concuerdan, es que este hombre se caracterizó por ser un ejemplo de integridad, templanza y amor al prójimo.

Él «fue el primer papa» en muchas acciones, un innovador de profesión. Pidamos su intercesión para que podamos, al igual que él, perseguir la santidad en todo momento y construir un camino firme, que nos guíe a ella.