Hace unos días alguien me dijo: Padre, hace poco me hablaron sobre el rol de San José, como padre y esposo. Yo no logro sentir el mismo apego que siento por la Virgen María, hacia él. ¿Cuál es su historia (sus padres, hermanos..) y por qué siento que la Iglesia no lo promueve tanto, si también cumple un rol importante como protector de la familia? Esta fue mi respuesta:

1. Dios mismo le confió la custodia de sus tesoros más preciosos

Imagen tomada de www.thesaintsproject.org

Para hablar de San José podríamos partir diciendo que Dios mismo le confió la custodia de sus tesoros más preciosos y más grandes, su Hijo el reconciliador de la humanidad, y su Madre Santísima. San José, recibe de Dios unos dones particulares para cumplir este llamado. Sabemos por propia experiencia que los dones los recibimos de Dios, pero es responsabilidad nuestra cooperar con la gracia para hacerlos fructificar. Por lo tanto San José tiene que haber sido un hombre que a lo largo de su vida cooperó con la gracia, y por eso fue capaz de responder a lo que Dios le pedía.



Por otro lado podríamos decir que es natural que tu devoción a la Virgen María sea más grande, pues Ella es la única Inmaculada, privilegio que Dios le concede en vista a su misión de ser quien llevará en su vientre a Dios hecho hombre. Es comprensible, pero creo también que debemos tomar conciencia de la gran misión que Dios le confía a este hombre. Digamos algo más de San José, para ayudarte a crecer en tu devoción.

2. Fue llamado «varón justo»

Imagen tomada de www.thesaintsproject.org

Como hemos dicho es un hombre muy virtuoso, por eso en la Sagrada Escritura se le llama «varón justo» (Mt 1,19), en la Escritura el hombre justo era el santo. Sabemos también que su padre se llamaba «Helí» (Lc 3,23). También leemos en los Evangelios que el Señor Jesús es llamado «hijo de José» (Juan 1:45; 6:42) lo cual nos habla de que Jesús vivía bajo la paternidad de San José. Frente a tu inquietud de la poca devoción que has escuchado sobre el Santo Custodio, algunos dicen al hecho de querer enfatizar la paternidad divina de Jesús, en la Iglesia y también a que en la Iglesia primitiva se veneraba mucho a los mártires. Pero ya algunos santos como, San Agustín, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros, nos hablan de San José, estamos hablando del año 400 en adelante.



Es más los Papas promueven la devoción de este santo desde hace muchos siglos. Por ejemplo, durante el pontificado de Sixto IV (1471 – 84), San José se introdujo en el calendario Romano para ser recordado el 19 de marzo. Entre otros León XIII, Juan XXIII, San Juan Pablo II, y el Papa Francisco han hablado de la importancia de San José como protector de la Iglesia, presentándolo como modelo de vida. Y hace poco, el Papa Francisco ha pedido que se le mencione en todas las plegarías eucarísticas.

3. San José y su misión en la historia de la Salvación

Imagen tomada de www.thesaintsproject.org

Sí todavía no tienes una devoción grande a San José, no te preocupes, poco a poco en la medida que medites sus acciones, que encuentras en la Sagrada Escritura, y profundices lo escrito sobre él, irás creciendo en tu devoción a este gran hombre que tuvo una gran misión en la historia de la Salvación. Algunos dicen que San José es el santo del silencio, porque no encontramos palabras dichas por él, pero sí acciones, que nos manifiestan su docilidad a Dios.

Pienso que quizás es un ejemplo muy bueno para nuestro tiempo, donde se dice mucho pero a la hora de actuar con coherencia y de responder a los planes de Dios, nos falta demasiado. San José nos enseña que antes que las palabras, son importantes las acciones y la docilidad al plan de Dios. Que este día sea una ocasión para crecer en la devoción al Santo custodio de la Sagrada Familia, de recurrir cada día más a Él y pedir su intercesión por toda la Iglesia.

Termino con la petición de Juan Pablo II: «Que san José sea para todos un maestro singular en el servir a la misión salvífica de Cristo, tarea que en la Iglesia compete a todos y a cada uno: a los esposos y a los padres, a quienes viven del trabajo de sus manos o de cualquier otro trabajo, a las personas llamadas a la vida contemplativa, así como a las llamadas al apostolado». — San Juan Pablo II, Redemtoris Custos.

Artículo elaborado por el Padre Enrique Granados.