Cuando una persona procura dar lo mejor de sí misma, experimenta la alegría del deber cumplido. Todos quisiéramos poder decir un día como San Pablo: «he peleado hasta el fin del buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe» (2Tim 4,7).

Dar lo mejor de uno mismo en el deporte no implica siempre lo que a ojos del mundo podría parecer. Hoy en día, muchas personas creen que libertad es hacer lo que uno quiere, sin ningún límite. Y, a veces, en el deporte parece que todo vale con tal de salir campeones. Ese punto de vista disocia la libertad y la responsabilidad y puede incluso hacer olvidar las consecuencias de los actos humanos.

Sin embargo, el deporte nos recuerda en ocasiones que ser verdaderamente libres es también ser responsables. Rafael Nadal, George Russell y Simone Biles son tres deportistas que dieron lo mejor de sí mismos: fueron muy libres al decidir tomar unas decisiones que impactaron y sirvieron de ejemplo al resto del mundo. Es por ello que son campeones. 

1. El aplaudido gesto: un oponente antes que una carrera

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Fue alucinante el gesto del joven piloto británico George Russell en el circuito de Silverstone. En plena carrera de Silvertone, Inglaterra, el monoplaza del piloto chino Zhou se deslizó boca abajo a muy alta velocidad. Impactando contra las protecciones, tras un toque con el francés Gasly y Russell en plena recta. El británico perdió por completo el control del Mercedes. Terminó parado en la escapatoria, con un monoplaza dañado que a pesar de todo podía continuar la carrera gracias a la bandera roja. Pero en ese momento su prioridad era otra.

El piloto que corría en casa – con el valor emocional que eso implica para un piloto – tomó la decisión de bajarse corriendo del coche para comprobar si Zhou necesitaba ayuda tras el durísimo impacto. Abandonó su monoplaza y corrió hasta el del piloto chino que estaba totalmente encallado entre las protecciones y pidió rápida ayuda a los comisarios hasta que comprobó que el piloto estaba consciente.

Ese gesto de bajar del monoplaza terminó con todas sus opciones en carrera. Su acción no solo terminó con su gran premio de casa antes de tiempo, sino que también puso fin a esa racha de top 5 que mantenía desde que comenzó la temporada. Si no hubiese sido porque decidió priorizar ayudar a su compañero, en esta ocasión habría mantenido su racha.

Ese gesto, que parece salido de la película de Disney Cars, nos muestra cómo a veces quien gana no es precisamente quien termina delante en una carrera

En el documento de 2018 «Dar lo mejor de uno mismo» sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, se saca a la luz muy acertadamente que:

«las dinámicas del deporte son contrarias a las de la guerra, que tiene lugar cuando la gente cree que la colaboración ya no es posible y cuando hay una falta de acuerdo en reglas fundamentales. En el deporte, el competidor está participando en un concurso gobernado por reglas, no contra un enemigo que debe ser aniquilado. Por eso, es el oponente el que saca lo mejor de un atleta».

Dar lo mejor es pensar en los demás antes que en uno mismo

dar lo mejor, ¿Qué tienen en común Rafael Nadal, George Russell y Simone Biles con mi deseo de ganarme el Cielo?

En este caso, la actitud de George Russell sacó, sin duda, lo mejor de él mismo al buscar el bien de su oponente antes que el suyo. Este gesto tan humano nos sirve de ejemplo a todos y nos hace ver una actitud de verdadero campeón en él. Pienso que esta actitud sale de reconocer que el prójimo es acreedor de todo lo bueno posible.

De reconocer que el otro es un don para mí y yo para él. Mi vida sirve para desgastarme en pro del otro sin medida, porque no merece nada menos. Ver al otro y relacionarme con él bajo esa dinámica del don, vivir en salida, buscando su bien, incluso cuando no está planeado, incluso cuando pierdo todo, es una de las claves que podemos sacar de esta actitud de George Russell que tanto ha conmovido al mundo.

«Mi corazón en el suelo para que el otro pise llano» o «que mi cansancio a otro descanse» podría resumir la disposición de corazón que deberíamos de tener al ver al otro como lo que verdaderamente es: hijo amado de Dios. Por tanto, como he comentado anteriormente, merecedor de que entregue mi vida por él y que haga que su paso en la tierra sea un poquito más Cielo. Es preciso que él aumente y yo disminuya.

2. Los campeones son responsables

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La trayectoria del tenista español Rafael Nadal es una de las más excepcionales del panorama deportivo. El esfuerzo, la perseverancia, el espíritu de superación y el trabajo duro son probablemente las virtudes más destacables del tenista. 

Los aficionados al tenis estamos acostumbrados a ver al incansable luchador Nadal jugar y ganar partidos estando lesionado. Por ello impactó que a solo dos peldaños de la gloria otra vez, tan cerca y tan lejos, se despidiera del torneo abierto de Londres y de la posibilidad de lograr su tercer título allí.

Probablemente, la experiencia y la veteranía le hicieron pensar que esta vez era mejor pisar el freno y ser prudente. Es decir, el español, la leyenda de 36 años, decidió abandonar Wimbledon debido a la lesión que arrastraba desde hacía una semana en la zona abdominal. Su voluntad era continuar en el torneo e intentar atrapar otro Grand Slam, el que hubiera sido el 23º de su carrera, pero la dolencia no le permitía competir al cien por cien sin riesgos.

Por ello, esta vez decidió evitar riesgos mayores y no meterse a la boca del lobo, para recuperarse con garantías de cara a poder seguir conquistando más títulos. Nadal apuntó que prioriza su felicidad personal más allá de cualquier título o éxito profesional.

Dar lo mejor es no dejarse la vida por ganar

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En algunas declaraciones, cuando se dio a conocer esta decisión, Rafael Nadal puntualizó:

«Hay quienes piensan que voy al límite por ambición, pero es porque lo siento así. Estoy intentando hacer las cosas de la mejor manera posible. Creo que estaba poniendo en riesgo mi futuro inmediato y estar otra vez varios meses parado sería un golpe duro para mí» 

En el mismo documento, «Dar lo mejor de uno mismo», encontramos una lección que aquí calza perfecta:

«En la cultura de «usar y tirar» que el Papa Francisco denuncia a menudo, los compromisos duraderos con frecuencia pueden asustar y podemos querer perseguir las metas más inmediatas. A este respecto, el deporte nos ayuda a mejorar enseñándonos que vale la pena comprometerse con desafíos a largo plazo.

El entrenamiento y los esfuerzos constantes por mejorar valen la pena, ya que los bienes más altos solo pueden ser alcanzados cuando las personas buscan esos bienes sin huir de las incertidumbres y desafíos que se presentan. Además, superar dificultades como las lesiones y resistir a la tentación de hacer trampa en un juego ayuda a fortalecer el propio carácter a través de la perseverancia y autocontrol»

Como ves, ser prudente, perseverante, tener autocontrol y no meterse en la boca del lobo, posponiendo las recompensas, es también una actitud de verdaderos campeones. Como cristianos, la oración es el primer paso para poder discernir qué nos conviene en cada situación y no apresurarnos.

Es gracias a la oración que podemos ejercer y dejar que nos conquisten, por la gracia, esas virtudes luminosas que nos bajan el Cielo a la tierra.

3. ¿Retirarse antes de ganarse el oro?

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Simone Biles es la gimnasta estadounidense más exitosa de todos los tiempos y ganadora de cuatro medallas de oro y un bronce en Río 2016 a sus solo 23 años. La estrella olímpica de EE. UU. sorprendió al retirarse de la final por equipos de la gimnasia femenina en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020.

Cuando la entrevistaron días después de su retirada, dijo que, como cualquier persona, a veces «simplemente tienes que dar un paso atrás» cuando no sientes la confianza de lograr el objetivo. Explicó que ya no confiaba en ella misma y argumentó la importancia de proteger su mente y su cuerpo «y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere y espera que hagamos».

¡Cuántas veces hemos sentido el peso en los hombros de las expectativas que ponen los demás en nosotros! El peso de lo que los demás esperan que hagamos. Jesús en la cruz, abierto de brazos, espera que le miremos.

Y, en Su mirada, descubramos la verdad más íntima que poseemos y que el mundo tantas veces nos quiere arrebatar: valemos por lo que somos, no por el reconocimiento de los demás. Mucho menos si ese reconocimiento depende de un resultado.

Dar lo mejor es trabajar la confianza cada día

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La confianza reside en saberse mirado por un amor infinito e incondicional. Si percibimos que nuestro valor está condicionado por los resultados, es fácil que la presión y el miedo a decepcionar haga que nuestra confianza tambalee.

Pongamos la mirada hacia nosotros como la tiene nuestro Padre del Cielo, para que quien nos defina no sea otro que Él. Así será más fácil que nuestra confianza permanezca bajo llave.

La actitud de Simone al decidir parar en ese punto también nos recuerda a lo que vivimos como cristianos: vamos batalla a batalla. La vida cristiana no es un corto sprint, sino más bien un maratón. Un maratón en el que hay muchas etapas. Algunas muy difíciles de superar, donde necesitas parar, volver a la fuente, volver a reconocerte como hijo amado de Dios para poder seguir. Y aun así, aunque sea duro, ¿por qué la gente corre maratones?

Porque en cierta medida el atleta se divierte con la superación de ese desafío. Ir mejorando paso a paso, kilómetro a kilómetro, despierta un sentido de satisfacción que provoca una alegría en la persona que lo ejercita. Y si es compartida, que siempre lo es, es una alegría mayor.

No hay deporte individual, siempre hay un equipo detrás y siempre hay aficionados a las que los deportistas hacen felices. La vida cristiana, lejos de parecer voluntarista, tiene mucho que ver con el dejarse reconquistar por el Padre. Su Amor es el único que puede forjar en nosotros la confianza necesaria para continuar y caminar. Y volver a hacerlo una vez más. Por nosotros y por nuestra gente.

 

Artículo elaborado por Carla Restoy

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