Recientemente, tuve una intensa charla con un amigo. Hablábamos del amor, de las relaciones de pareja, y sobre esto hizo un comentario que me inquietó: «Cuando conoces a alguien, y te enamoras de esa persona, ambos deben hacer un esfuerzo por cuidarse y mantenerse bien físicamente. De no ser por causa del envejecimiento o de una enfermedad, no comprendo que mi pareja se estropee, se descuide, se afee. No sé si podría continuar con ella si no se cuidara.»

Esta observación me removió. En cierto modo, podría estar de acuerdo con él. Creo firmemente que nuestro cuerpo es un regalo de Dios y, por tanto, debemos cuidar de él. Pero también recordé, al momento, a una amiga hondureña que a causa de un accidente de autobús perdió sus dos brazos. Volvió a mi mente aquella ocasión en que le pregunté cómo se encontraba después de aquello, y me confesó sentir miedo del rechazo de su novio, o, peor, de sentir que él continuaría la relación por tenerle lástima.

Belleza, ¿aprobación o rechazo?

Mi amigo buscaba en mí aprobación o rechazo a su idea. Pero no supe responderle. Seguramente, haber visto la entrevista a Daniella Álvarez, top model y miss Colombia, que les presentamos a continuación me habría dado mucha más luz para conversar sobre el tema de la belleza con mi amigo. 

Sobre todo la belleza de las mujeres, que en nuestra sociedad actual pareciera que a ratos es un tema que se nos escapa y sorprende y no se termina de entender en su verdadera magnitud.

Esta entrevista la pueden encontrar en el Canal de Youtube de Infinito más uno, en el espacio «Katacumba Exit» presentado por Juan Manuel Cotelo.

De nada sirve cuidar del cuerpo si no se cuida el espíritu

Tal y como apunta Daniella. Ella, nos explica, encuentra en la espiritualidad y la lectura, la receta perfecta para hacer frente al sufrimiento que la vida conlleva. Se siente agradecida, pese a su dolor, por la existencia llena de amor de la que disfruta. Y atribuye a los valores que ha recibido des de joven haber tenido la fuerza y el coraje para enfrentarse a su nueva realidad. Unos valores que nacen del Evangelio y que emergen con toda su intensidad en el momento de cargar con la cruz que todos llevamos.

Todo ello la ha convertido en una persona positiva, llena de alegría, humilde, coherente y con mucha paz en la mirada. Todo el mundo querría alguien así a su lado. Despierta admiración a su paso, un paso que, ahora, da con un sólo pie. Nada, en cualquier caso, que le reste un ápice de belleza a su persona. Y llegados a este punto me doy cuenta de dos ideas muy importantes.

El amor te hace ver siempre lo bello

Cuando estás enamorado de alguien no puedes más que verle bello, en todo su esplendor. Encontrar que tu pareja se afea podría resultar un signo de que aquello que llamabas amor, quizás no lo sea. Cuando se ama, una pérdida física o un deterioro natural no debería ser más que un pequeño detalle, incomparable con la belleza de un interior arrollador.

Por otro lado, me encantaría ver a Dios revisando el diccionario usamos. Seguramente, a muchos conceptos, como el de la belleza, le daría un carácter diferente. Su carácter. ¿Imaginan cómo definiría Dios la Belleza? Les propongo el reto entonces. En sus tareas de apostolado, atrévanse a proponer este ejercicio. Tratemos de definir de nuevo conceptos como el de hermosura, amor, amistad, paz, solidaridad, esperanza…como si el mismo Creador redactase el nuevo diccionario.