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Cuando nos detenemos a reflexionar en la cultura en la que estamos inmersos, puede surgirnos la pregunta «¿en qué momento llegamos a esto?». Creo yo que es hora de un meaculpa. Nos encontramos en una cultura bastante erotizada. El hedonismo soft que se filtra en las actividades mal llamadas «recreativas» está dejando de ser tan soft para pasar a ser realmente explícito y hasta violento.

Si uno se pone a pensar, los cristianos católicos somos bastante responsables por lo sucedido. No lo sé en el resto de los países hispanohablantes, tampoco puedo afirmar que en el resto de Argentina se da esto que estoy por decir; pero en mi comunidad, es muy frecuente (90% de las veces) que en conversaciones, la gente se preocupe por la situación de los medios erotizados, de lo violento que resulta todo para una persona que apunta a llevar una vida casta. Todos están muy preocupados.

Algunos ni pueden creer que pasen las cosas que pasan. Series en servicios de streaming que podrían perfectamente ser calificadas como videos pornográficos de alto presupuesto. Con todo el temor a sonar puritano, canciones que atentan contra la integridad del hombre y la mujer. Ni hablar de las películas (sobre todo comedias) que promueven un desenfreno en lo que a la vida de relaciones íntimas se refiere. Como dije, todos preocupadísimos… ahora bien, ¿quién se ocupa? Nadie.


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¿Qué podemos hacer?

cultura, Cultura erotizada, ¿hacernos los ciegos o trabajar por el cambio?

Es fatalista decir esto, pero me parece que es necesario un llamado de atención. Los católicos somos responsables de lo que se está viviendo a nivel de cultura mundial occidental. Tenemos que empezar a actuar, dejar de ser espectadores horrorizados por lo que vemos en los medios y pasar a ser agentes del cambio. Es claro que no todos podemos aportar con el mismo nivel de entrega. Tampoco se nos pide eso. Cada uno es llamado por Dios para cumplir en el mundo una misión en particular, pero me parece que estamos fallando hasta en eso.

No me canso de citar a Santa Catalina de Siena, con su maravillosa frase: «Si fueras lo que debieras ser, el mundo entero ardería con tu amor». ¿Quieres revertir la crisis cultural en la que nos encontramos, donde el sexo es sacado del contexto de amor al que pertenece, para convertirse en utensilio del placer? Empieza por amar. Traduce tu amor en un trabajo inmejorable, por insignificante que te resulte la tarea que lleves adelante.

Recordemos nuestro llamado a la santidad

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El Siervo de Dios Padre Luis María Etcheverry Boneo dijo «Santificándome santificando». Anhelemos esa santidad a la que Dios nos invita. Busquemos fervorosamente amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. El Reino de Dios en la tierra. Ese es nuestro objetivo. El resto, como enseña Jesús, viene por añadidura.

Ahora bien. No en ánimo de levantar dedo acusador, sino en carácter de corrección fraterna: el tomar papel en la historia no nos excusa a hacer cosas tontas. Hay que ser mansos como palomas, pero astutos como serpientes. No podemos dormirnos en un puritanismo poco práctico. Es necesario ser inteligentes (astutos) en nuestro trato con el prójimo, con aquellos que no conocen a Dios. No podemos convertirnos en Ned Flanders, personaje de «Los Simpsons» que le genera a uno ganas de pegarle en la cara por lo ingenuo y risueño que es.

No somos tontos, no demos esa imagen. Nada es imposible para Dios. Creo que con compromiso podemos revertir la situación. Lo que más interés me genera es saber que hay una solución para esto. Si tan solo nos dedicáramos a amar a través de nuestras obras… citando a un periodista argentino del siglo XX: «Otra sería la historieta».

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