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En esta oportunidad se acercó a mí una mujer y me dijo: Leí en el periódico un eslogan que decía: «¡De gordita graciosa, a vivir como diosa!». Me llamó mucho  la atención, ya que justamente hace poco había escuchado a una amiga decir: «Hasta que sea flaca, no podré ser feliz». ¿Qué tan importante debe ser el cuerpo para una persona?

El ser humano es una unidad compleja, misteriosa y con una grandeza enorme. Somos una unidad biológica, psicológica y espiritual. Ninguna de las tres sobra, ninguna de las partes que integran al ser humano está de más o puede ser desatendida. Estos son algunos puntos que considero importantes para aclarar mejor este tema y no caer en la vanidad.

1. Hay un orden de prioridades

cuerpo, «Cuidar de mi cuerpo es una prioridad». 3 puntos clave para no caer en la vanidad


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Es importante saber que hay un orden de prioridades y que cada parte de lo que es el ser humano, tiene su razón de ser y su lugar. La preocupación por el cuerpo es válida pero en su justa medida.

Cuando el ser humano comienza a obsesionarse con el cuerpo y a pensar que su vida cambiará o que será más feliz, simplemente por tener un cuerpo espectacular, es porque ha perdido de vista algo fundamental: la recta valoración de sí mismo y su comprensión como persona.

2. ¿Qué problema hay con preocuparse por el cuerpo?

cuerpo, «Cuidar de mi cuerpo es una prioridad». 3 puntos clave para no caer en la vanidad

Ninguno. Hay que preocuparse del cuerpo que Dios nos ha dado y que es templo del Espíritu Santo, pero en su justa medida y de manera correcta. Debemos estar limpios, bien presentados, bien vestidos, y tratar de comer saludable para estar sanos.

También es importante que, en la medida de las posibilidades, hagamos ejercicio, pues nos hace mucho bien. Pero todo debe partir de una correcta visión del ser humano, que llevará a proyectarse y desplegarse de la mejor manera.

He ahí la clave del asunto, cuando uno deja de mirar la integridad de la persona y se piensa que el eje fundamental del ser humano está en lo exterior y no en el interior, se comienza a construir una vida vana. Se empieza a poner la valoración propia solo en lo externo dejando de lado, la grandeza espiritual y la salud psicológica.

Como dice Saint Exupery, en El Principito: «Lo esencial es invisible a los ojos». Y a propósito de esta famosa novela, te recomiendo la conferencia online «El Principito y el reencuentro con mi niño interior», puede ayudarte mucho ya que trata sobre las heridas con las que cargamos desde la infancia.

Retomando el tema podríamos pensar ¿De qué me sirve tener un carro con una carrocería muy bonita, si no tiene motor? o ¿de qué me sirve tener una casa con una fachada hermosa, si por dentro está sucia, descuidada o sin nada? La casa es para vivir en ella y el carro para andar.

Así también: ¿de qué serviría tener un cuerpo espectacular, una cara muy bonita, estar vestidos con lo último y lo más caro; si no se tiene nada en el corazón, o si está lleno de superficialidades, de cosas vacías y sin importancia? O peor aún, lleno de sentimientos malos, envidias, rencores o chismes.

3. Recordemos que la belleza es efímera 

cuerpo, «Cuidar de mi cuerpo es una prioridad». 3 puntos clave para no caer en la vanidad

Suele suceder que una persona que se queda simplemente contemplando lo efímero, como es la belleza del cuerpo (que es pasajera), va a tender también a valorar a las personas con los mismos criterios que se valora a sí mismo. Y eso manifiesta una mirada reducida y pobre de lo que es la persona y de su gran valor a los ojos de Dios.

Quizás podríamos hablar de una belleza integral, de una persona que refleje lo que brilla en su interior. Su bondad, su generosidad, su gran capacidad para aceptar y perdonar. Que importante es que así como buscamos fortalecer el cuerpo o embellecerlo, con esa misma tenacidad busquemos embellecer nuestro corazón.

Sin perder de vista la gran riqueza que tiene cada uno, que bonito es encontrarse con esas personas que son bellas por dentro y por fuera. Que se nutren de lo realmente esencial, y buscan así tratar a los demás, desde esa misma mirada.

El mundo de la vanidad, de lo superfluo es cada vez más fuerte, y es consecuencia del vacío que hay en las personas. Abandonando el interior y lo más importante, la vida espiritual, se termina buscando solo cosas que me hacen sentir bien, pero que no necesariamente están bien.

Algunas consejos que creo podrían ayudar para no caer en la superficialidad, son cultivar el interior, tener una vida espiritual rica, nutrir tu mente. Leer cosas que te alimenten intelectualmente, esforzarte por mirar lo más profundo de las personas y no solo su apariencia. Si te gusta leer te recomiendo 5 libros de gran ayuda para el crecimiento espiritual.

Recuerda, somos una unidad de cuerpo, alma y espíritu. Y Dios que nos ha dado el ser, nos da las capacidades para que cultivemos nuestros dones y talentos, para nuestra verdadera y plena realización.

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