Cuando uno lo piensa, la cruz es uno de los peores instrumentos de tortura. Creado para humillar y sobre todo para prolongar el dolor y el sufrimiento hasta los límites de lo que es capaz de aguantar un ser humano. Es, en un sentido, el mal concentrado en dos maderos. Se reservaba a los peores criminales y a los peores enemigos, y era, fuera de una tortura para el
desdichado, el símbolo máximo de la crueldad.

1. ¿Quiénes la inventaron?



Ya la utilizaban muchos pueblos anteriores a los romanos. Usaron la creatividad en el sentido proporcionalmente inverso a lo que debe ser este don: crear no para dar vida a algo nuevo, sino para destruir lo ya vivo. Los pensamientos de Dios no son
los nuestros y, cuando uno lo piensa, parecería casi una ironía de Dios el haber escogido precisamente este símbolo para que sea signo de nuestra salvación.

2. ¿Por qué la cruz?



Dios respeta a tal punto la libertad de los hombres que respeta también cuando esa libertad mal usada lo lleva a Él a la cruz. Dios respeta la libertad de quien inventó esa tortura, de los fariseos que lo acusaron, del romano que lo condenó. No se
«arrepiente» de haberle dado ese don (de la libertad) a los hombres, ni siquiera cuando este mismo lo llevó a la muerte.

La cruz cuando cuelgan a Jesús es el símbolo de todo lo que ha hecho mal el hombre, de todo el mal uso de su libertad, de todo el odio y la destrucción que el ser humano ha generado en el mundo.

3. ¿Por qué es un signo de honra para todos nosotros?

Porque Jesús transforma ese símbolo de todo lo malo en algo increíblemente bueno. La llena de amor. Destruye el odio
llevando su amor hasta la raíz del mal. Muriendo ahí, en la cruz, asume todo el mal, toda la violencia, todo el pecado para triunfar sobre todo eso.

La cruz por fuera se ve igual. Dos maderos, uno vertical y otro horizontal. Por dentro, después de Jesús, es ahora algo completamente distinto. Antes estaba vacía y era muerte. Ahora esta llena de amor y lleva a la vida. Antes era signo de odio y desesperanza. Ahora es signo de entrega total y esperanza. Une a los hombres con Dios y abraza a los hombres como hermanos.

Por eso, como decía San Pablo, es escándalo. Solo la comprende quien tiene a Jesús. Y quien tiene y ama a Jesús, ve en la cruz un signo de honra. No hay mayor honor y dignidad que saber que Jesús me ama a tal punto que es capaz de dar su vida por mí.