cristo reina

Como mentora de Autenticidad y Sanación Interior, he vivido muchas experiencias personales y con mis clientes donde he descubierto el poder de tener a Dios presente en mi vida. ¿Te has preguntado cómo descubrir la forma en la que Cristo reina en tu vida?

Con este artículo, quiero inspirarte y motivarte a que, en medio de tus decisiones cotidianas, experimentes el poder de la solemnidad de Cristo Rey, que celebramos ayer… y descubras cómo Él reina también en tu cotidianeidad.

Al final de esta lectura, si conoces a personas que han pasado por situaciones similares a las que te contaré, no dudes en compartirlo, para que más personas descubran el poder de un verdadero Rey en nuestra vida.

¿Cómo Cristo reina?

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Para empezar, quiero invitarte a recordar alguna película medieval que hayas visto. Piensa en esas películas donde hay reyes y pueblos que se preparan para recibirlos. ¿Recuerdas alguna escena en la que el Rey llega y la multitud lo recibe con respeto y admiración? Trae a tu mente la imagen de cómo la gente bajaba la mirada o se arrodillaba, mostrando respeto y reverencia ante la figura real.

Ese Rey representaba para ellos un símbolo de autoridad y sustento, pues les ofrecía protección y provisión. Ahora, imagina que este Rey se acerca a una persona específica en la multitud, le mira a los ojos y le pregunta qué necesita.

Esa persona, llena de admiración, expone su necesidad, y el Rey, sabio y generoso, responde ante dicha necesidad. Ese acto de bondad genera una lealtad eterna en esa persona, que se compromete a servir al Rey con gratitud.

Ahora, traslada esa imagen a tu propia vida. Imagina que el Rey, Dios, entra en tu comunidad, en tu casa, en medio de un momento de oración, como cuando visitas al Santísimo o participas en un grupo de oración.

¿Qué sientes cuando reconoces la presencia del Rey en tu vida? Quizás te arrodillas porque no te sientes digno(a) de recibirle. Y entonces, ese Rey se te acerca, toma tu quijada con su mano amorosa, levanta tu cabeza, te mira a los ojos y te pregunta: «Hijo, Hija, ¿qué puedo hacer hoy por ti?»

¿Qué le responderías? Quizás le digas: «No sé cómo acercarme más a ti, no sé cómo mejorar mis emociones, cómo solucionar esta situación, no sé cómo elegirte siempre como mi primera opción.»

Y entonces, imagina que Él te responde: «Mírame como yo te miro, ámame como yo te amo, y yo, tu Rey, te guiaré y abriré puertas para que puedas ser el hijo o la hija que he enviado a este mundo.» Esa mirada, ese amor, te recuerdan que Cristo no es un Rey lejano, sino uno cercano, presente en cada momento de tu vida.

¿Cuál es la corona de Cristo?

En lugar de imaginar a un Rey que simplemente suple nuestras necesidades materiales, piensa en Jesús, el verdadero Rey, que tiene un corazón de servicio. Para comprender mejor esto, vayamos a la palabra de Dios en la historia del paralítico:

«Entonces le trajeron a un paralítico que llevaban entre cuatro. Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo por donde estaba Jesús, y, haciendo una abertura, descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver Jesús la fe de estos hombres, dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados quedan perdonados.”» San Marcos 2, 3-5 (Biblia Latinoamericana)

Jesús, antes de sanar físicamente al paralítico, ofrece el perdón de sus pecados. Un verdadero Rey sabe que la verdadera sanación empieza en el corazón. Puede que tú, hoy, le pidas a Dios algo material, pero Él, en su sabiduría, sabe que primero necesita sanar tu interior.

Y solo después de esa sanación, te dirá al igual que al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Y te invita a volver a tu origen, a tu verdad interior.

Artículo elaborado por Geovanna Espinosa