¿Quién no se ha ilusionado con el futuro? Todos soñamos con una vida llena de alegría, con sentido, donde nos sintamos plenos y en paz. El amor, naturalmente, nos llena de esperanza. Nos hace mirar hacia adelante con ilusión, porque sabemos que Dios tiene una promesa para cada uno de nosotros.

Cuando he sentido que Dios está allí para mí, que me sostendrá y me dará lo necesario para avanzar en la vida, no solo tengo una experiencia de comunión con Él que me impulsa a seguir caminando; también encuentro el deseo de hacer lo posible para que eso que Dios ha soñado para mí se cumpla.

Eso es así al poner de mi parte y dejando que su gracia actúe. Utilizando los dones que Dios me ha dado para acoger todo aquello que Él como buen Padre ha preparado para mí.

Sin embargo, a pesar de esta promesa de amor que hay para nosotros, que por la fe podemos creer y por la esperanza podemos esperar, muchas veces nuestra experiencia en el amor, especialmente el amor entre los esposos, no resulta ser lo que se esperaba. Cuando menos lo pensamos, llegan las crisis (matrimoniales, afectivas, económicas, familiares, espirituales, laborales, etc.) donde sentimos que poco a poco las seguridades que teníamos se vienen abajo.

Es como si el mar que estaba en «calma» ahora pareciera estar completamente agitado. ¿Cómo abordar estos momentos?, ¿qué herramientas pueden ser útiles ante crisis matrimoniales  imprevistas? De eso te hablaré a continuación, pero primero quiero compartirte un video que nos ayudará a enmarcar esta reflexión.

La experiencia de la crisis

Es importante interiorizar algunas características de las crisis matrimoniales, que nos ayuden a comprender ese momento de la vida. La crisis, según la Real Academia de la Lengua Española, es un:

«Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados».

Por tanto, podemos decir que en la experiencia de la crisis, nuestro mar en calma ahora son aguas agitadas. Se implica nuestra persona por completo en un proceso de cambio que nos lleva un paso adelante y tenemos que responder de alguna manera.

Recordemos que una relación matrimonial es entre dos personas, libres y autónomas. Ambas podemos ir cambiando en el tiempo según nuestro momento del ciclo vital, por eso que entre un momento y otro no debe ser extraño que exista crisis matrimoniales.

Podríamos decir, incluso, que en cierta medida la crisis es necesaria en algunos momentos para dar pasos de madurez, para pasar a un momento nuevo de nuestra vida y de nuestra relación de pareja, la cual se espera que se transforme en el tiempo.

Las características de la crisis

El cambio profundo: la primera característica de la crisis es el cambio. Abrirse a la novedad siempre será un reto. ¿Quién no se ha asustado frente a algo nuevo? Si se quiere pasar por este proceso bien, es necesario asumir una actitud de apertura frente al cambio que esta crisis particular esté trayendo para mi vida.

Dejemos que Dios nos interpele, Él es Padre en todo momento e irá mostrando el camino que debemos tomar. Pero necesitamos abrirnos y disponernos para asumir el cambio.

La crisis puede venir por factores externos como puede ser un cambio en el estado de salud, la llegada de un hijo, cambio de lugar de residencia, cambios en la economía, cambios y más cambios. Pero, independiente del tipo de cambio, siempre estará el reto de aprender a incorporar a nuestras vidas algo a lo que no estábamos acostumbrados.

Las consecuencias de la situación: cuando miramos el detonante de la crisis, muchas veces no es únicamente el hecho de un cambio, sino las consecuencias o lo que esto supone para mi estado de vida lo que nos hace sufrir.

Atravesar la crisis nos llevará a la necesidad de asumir unas consecuencias, donde estaremos acompañados por Dios. Lo que causa mucho dolor en nosotros es no saber qué vendrá después, por eso una virtud que vale la pena ejercitar en este proceso es la virtud teologal de la esperanza, que es la profunda convicción que Dios pone en el corazón de saber esperar en Él en medio de este proceso.

En un proceso o una situación: aunque sea lógico, la crisis siempre vendrá enmarcada en una situación particular o proceso personal que se esté atravesando. Es importante recordar, que nada ocurre por fuera de la mirada paternal de Dios, que busca siempre nuestra santidad.

Por ello, no podemos olvidar que ningún evento que conduzca a la crisis será mayor a nuestras fuerzas, asimismo, ningún evento de crisis estará lejos del amor infinito de Dios que nos cuida en todo momento.

Consejos para «reconstruir» la relación

1. Actualicen su relación: 

Muchas veces queremos meter el día de hoy en el molde del día de ayer. Como querer usar una ropa hoy que usaba cuando era pequeño. Es necesario comprender el estado actual de nuestra relación y de ese modo comprender qué necesita la relación para que sigamos unidos en esta crisis.

El amor tiene mucho que ver con aprender a contemplar al otro en su realidad, por ello hacer un «examen» de la relación para comprender cómo estamos hoy nos hará mucho bien.

2. «Pase lo que pase, recuerda que te amo»

Gran parte de los problemas ante la crisis es que se pierde la conexión emocional en la pareja. En un momento de crisis se tienen el uno al otro, no el uno contra el otro. Por eso es importante que no se ponga en duda (con nuestras acciones y/o palabras) el amor que existe mutuamente en la pareja.

3. Conozcan la forma como enfrentan el conflicto 

Recuerden que cada uno tiene una forma de gestionar sus emociones. Cada quien tiene una manera particular de aproximarse a las situaciones adversas. Hay quienes prefieren guardar silencio y encerrarse en sí mismos. Y están quienes puede alterar su estado anímico y ser agresivo, o aquellos que prefiere tomarse un tiempo para pensar y no tomar decisiones pronto.

Comprender esto será bueno para que la crisis matrimoniales y las consecuencias que esta trae lo podamos atravesar en una manera que conduzca a una eventual superación. Asimismo, nos permitirá abrirle el camino a las nuevas dinámicas que se puedan derivar de la crisis. Cuando no gestionamos bien nuestras emociones, empezaremos a tener pequeñas explosiones que nos harán daño en el tiempo.

Por último, no olvidemos que el amor es un acto de voluntad. Siempre va a implicar nuestro sí profundo para acoger enteramente la realidad del otro y los retos que se deriven del amor entre ambos.

 

Los autores Gary e Isabela cuentan con un proyecto, Volver a lo esencial, donde tratan temas sobre el amor humano y las relaciones de pareja.