buenos hábitos

Ana tenía 35 años y una vida que parecía perfecta. Estaba casada con un hombre que la quería, tenía dos hijos preciosos y un trabajo que le apasionaba. Era profesora de literatura en un colegio y disfrutaba compartiendo su amor por los libros con sus alumnos. Cada mañana se levantaba con una sonrisa y se sentía agradecida por todo lo que tenía. Su vida era como un cuento de hadas.

Pero un día, ese cuento se convirtió en una pesadilla. Ana sufrió un accidente que le cambió la vida por completo. Volvía a casa después de una reunión con sus compañeros, cuando un camión se saltó un semáforo y chocó contra su carro. Solo recuerda que perdió el conocimiento y despertó en el hospital, rodeada de médicos y enfermeras que le daban malas noticias.

Un cambio radical

Después de un tiempo acostada, sin entender nada, las malas noticias le cayeron como agua helada: había perdido la movilidad de sus piernas. Ahora tendrá que usar una silla de ruedas toda su vida. Su autoestima se desplomó y se sintió incapaz de seguir adelante con su vida.

La vida de Ana había cambiado de la noche a la mañana. Ya nada será cómo antes.

Rápidamente, se aisló de su familia y de sus amigos: «¿Quién iba a querer salir con una paralítica?», se preguntaba erróneamente. Dejó de trabajar y de hacer las cosas que le gustaban: «Ya no sirvo para nada», se decía cada mañana cuando ni siquiera podía ir al baño sin ayuda de una enfermera. Ana se sentía inútil y sola, aunque nunca dejó de rezar. 

Poco a poco Ana se convirtió en una víctima de su situación y se resignó a vivir con dolor y amargura. 

Todos nos sentiríamos igual si estuviéramos en sus zapatos. Lo que cambia es cómo reaccionamos a las dificultades, problemas o accidentes. Pero, ¿qué más podríamos pensar? ¿Qué deberíamos hacer?

Debo decirte la verdad. “Ana” es un personaje ficticio, pero lo que le ha ocurrido en esta pequeña historia no es una fantasía. A muchos les ha ocurrido algo igual, a muchos nos ha ocurrido alguna situación que nos cambia por completo el panorama y nos lleva a plantearnos las preguntas que te acabo de compartir.

Quisiera darte tres consejos que pueden ser útiles.

1. Cambiar de perspectiva

Ver nuestras situaciones, incluso las que nos parecen negativas, como una oportunidad de crecimiento y no como un castigo es esencial para nuestro desarrollo personal.

En ocasiones, la vida nos presenta desafíos y obstáculos que, a primera vista, pueden parecer abrumadores. Sin embargo, cambiar nuestra perspectiva y adoptar una mentalidad de aprendizaje nos permite extraer lecciones valiosas de cada experiencia.

No tener miedo de empezar de cero, cambiar de planes o modificar la ruta nos brinda la flexibilidad necesaria para adaptarnos a las circunstancias cambiantes. La capacidad de ver las dificultades como oportunidades nos empodera y nos permite transformar los contratiempos en pasos hacia un crecimiento personal significativo, creando y manteniendo nuevos y buenos hábitos.

2. Establecer nuevos retos y metas

buenos hábitos

Cuando buscamos gestionar nuestro tiempo, estrés y emociones de manera positiva, pedir ayuda a amigos o profesionales puede marcar la diferencia. Cuando todo parece abrumador, titánico, inmenso… empecemos por pasos pequeños. En especial, al recurrir a un profesional, obtenemos el apoyo necesario para establecer metas claras y realistas.

Este proceso no solo nos ayuda a equilibrar las diversas áreas de nuestra vida, sino que también nos impulsa a confiar más en Dios.

Al establecer retos y metas, superamos los obstáculos con paciencia, creando un sólido «plan de acción» incluso en los momentos de desmotivación. Buenos hábitos que nos ayudarán a mantener en pie y en marcha.

La colaboración con otros, ya sean amigos o profesionales, nos proporciona una red de apoyo invaluable para alcanzar nuestros objetivos y fortalecernos en el camino hacia el bienestar emocional y el éxito personal.

3. No olvidarnos de Dios

buenos hábitos

Invitar a Dios a soñar con nosotros y escuchar Sus propuestas es esencial para encontrar dirección y propósito en nuestras vidas. Al reservar tiempo en nuestra agenda para estar a solas con Él, creamos un espacio para la reflexión y la conexión espiritual.

Este tiempo dedicado nos ayuda a discernir proyectos y pasos a seguir, proporcionándonos una guía divina en nuestro viaje.

Incluir a Dios en nuestro proceso de toma de decisiones y establecimiento de metas no solo añade una dimensión espiritual a nuestras acciones, sino que también fortalece nuestra confianza y resiliencia, recordándonos que no estamos solos en nuestro camino.

Si te interesa aprender cómo establecer nuevos retos y metas, cómo fijarte buenos hábitos, cómo tener la motivación necesaria para alcanzar tus objetivos y emprender proyectos que te apasionen… te recomiendo ver nuestro nuevo curso online:  «Imparable. Alcanza tus metas conquistando tus hábitos». ¡Entra a ver los temas que se tocarán!

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