En el video que te presentamos a continuación se aborda esta cuestión, que tantas veces puede correr el riesgo de prestarse a juegos de lógica o secuencias de preguntas absurdas. Sin embargo, aunque en el video se presta particular atención a poder responder desde algunos argumentos de la lógica, creo que lo que verdaderamente nos suele interesar o preocupar, no es tanto salir del juego mental de si Dios puede hacer cosas imposibles o ilógicas, sino si Dios puede hacer algo en el mundo o en nosotros mismos.



Como se muestra en el video, la pregunta a la que se trata de buscar respuesta es: ¿Dios lo puede todo? A ello, el presentador responde que sí y que no. Así es, Dios puede hacer todo en su omnipotencia pero al mismo tiempo no puede contradecirse, ni traicionarse, ni negarse, ni ir contra la verdad, pues Él es la verdad. No puede hacer imposibles, porque los imposibles atentan contra el orden mismo de su creación. Sin embargo, sí puede intervenir en el orden natural de lo creado en vista de que su Reino de bien, paz y amor, crezca en el mundo.

Lo natural como punto de partida

Es importante reflexionar en una palabra que se va ausentando cada vez más de nuestra cultura actual: naturaleza. Hoy parece molestarnos la idea de que las cosas sean de una determinada manera o ya estén establecidas, porque en ese hecho encontramos que los seres pueden ser limitados o definidos y eso podría atentar contra nuestra libertad, más aún cuando esta pretende ser declarada como absoluta.



Dicho de otro modo, descubrir o reconocer que los seres sean de un modo nos sugeriría inmediatamente un orden, un camino de despliegue, la diferencia entre lo favorable de lo desfavorable, lo correcto de lo incorrecto y finalmente, lo bueno de lo malo. Aceptar eso nos podría comprometer e incomodar. Por ello hablar de naturaleza divina o naturaleza humana resulta políticamente incorrecto. Pretender saber quién y cómo es Dios o el hombre sería demasiado pretencioso y, en consecuencia, dictatorial. Pero para nosotros, que tenemos fe, es decir, que creemos con todo nuestro ser en lo que Dios Trinidad nos ha revelado de sí mismo, de nosotros y del mundo, la palabra naturaleza será, por el contrario, nuestro punto de partida.

Dios como base sólida de fe

Si pensamos en «cómo» es Dios, por ejemplo, sabremos que es una comunión de amor entre tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto fue lo que nos reveló Jesús, la Palabra hecha hombre y al tener esto claro también sabemos cómo «no» es Dios. Ese conocimiento que tenemos (limitado pero seguro), es la base sobre la que se sustenta nuestra fe y nuestra relación con Él. De ahí, que podamos tener la seguridad y la confianza en un Dios que es fiel a sí mismo y que no nos engaña, porque Él mismo es amor y sabiduría.

Ese mismo Dios crea por sobreabundancia de amor y participa su ser a toda la creación, de allí que nos crea a su propia imagen y semejanza. Del hecho básico y fundamental de que tanto Dios como el hombre sean de un modo y no de otro, es decir, que tengan naturaleza, es que se sigue el hecho de poder afirmar que hay cosas que Dios no podría hacer porque no están en su plan de sabiduría y amor.

Un grito desesperado en medio de las dudas

Con esta idea quiero pasar a pensar en nuestras vidas. ¿Cuántas veces el misterio del mal afecta nuestras vidas a diversos niveles?, ¿cuántas veces la pregunta por las capacidades de Dios no es un divertido juego de lógica sino un grito desesperado desde lo profundo de nuestro corazón? Con frecuencia queremos que las cosas sean de otro modo, no tener algún mal moral, una enfermedad, un dolor, un daño, una herida, la muerte, etc. Creo que hay dos cosas fundamentales que tenemos que creer y entender y sobre las cuales tenemos que interpretar la realidad.

Lo primero es que el sentido de la creación es el infinito amor que Dios tiene por la humanidad. Desde ahí se deriva lo segundo: podemos confiar, aunque muchas veces con dificultad, en que Dios, sin oponerse al orden natural creado, actúa constantemente en nuestro favor y para nuestro bien.

Las preguntas más elevadas y misteriosas no suelen llegar a nuestras vidas por casualidad, sino por necesidad. Y en medio de un mundo en el que vamos navegando con fragilidad, en que nos surgen constantes interrogantes sobre el misterio del mal; podemos confiar en que no vamos a merced de fuerzas extrañas y malignas, sino a merced del amor y la Palabra que lo sostiene todo y nos libera del caos. Venimos del amor, vivimos del amor y vamos hacia el amor.

Para terminar te invito a reflexionar sobre esta pregunta: ¿Realmente creo que Dios puede obrar maravillas en mí? Ciertamente no es un salto fácil de hacer, sobre todo en un mundo en donde la razón es lo que dicta nuestro actuar, por eso te invito a disfrutar de la conferencia online «¿Cómo puedo crecer fe?» Anímate a conocer algunas pautas para crecer en ella.