Te presentamos un hermoso cortometraje realizado por «Miniestudios» que contiene una historia llena de reflexiones y aprendizajes para todos.

«Who are you?» Trata sobre lo que le ocurre a un escritor que, luego de un gran éxito editorial, se sumerge en un bloqueo creativo donde la inspiración parece haberlo abandonado.

Eso le hacía preguntarse si es que todo había sido una mentira, si solo había tenido suerte y si todo había confluido para su éxito pero en realidad no tenía talento.

En medio de su crisis, un día llega a su casa una repartidora que le deja una caja. En ese momento el corto hace un flash back y nos muestra toda la secuencia de eventos que había llevado a esa mujer a mudarse a esa ciudad, a trabajar de repartidora y a empezar a incursionar en el teatro.

Estando en la casa del escritor, ella, al ver los libros y reconocimientos en una pared, le pregunta si es que es famoso. Empieza una conversación, el hombre la invita a pasar, le sirve un café y le cuenta lo que le está pasando.

La mujer le confiesa que en realidad sabe perfectamente quién es, que era su sueño conocerlo y que su obra había sido muy importante en su vida y hasta, en algún momento, su única compañía.

Le cuenta, también, que ella había escrito una obra de teatro basada en sus libros que se iba a presentar pronto. Él, que había compartido con ella algunas reflexiones sobre la fama y el éxito, queda profundamente conmovido por lo que le dijo.

Se despiden y ella lo invita a ver la obra. Finalmente, el escritor abre la caja y descubre algo que lo deja sin palabras. ¡Tienen que ver el corto completo!

¿Qué nos puede decir esta sencilla y hermosa historia?

La primera reflexión que brota es sobre los caminos misteriosos de la vida y la maravilla de encontrarse con los demás. Ambos protagonistas tienen historias diferentes, pero coinciden en que «cada puerta cerrada les abrió una ventana».

Él se volvió escritor porque, luego de un accidente, la persona indicada leyó sus textos y estos terminaron llegando donde un editor. Ella, por su parte, ingresó al mundo del teatro porque como repartidora iba siempre a dejar cosas a unos ensayos y un día ocurrió un problema con una actriz.

En fin, ambos terminaron conversando un día porque ella había leído sus libros y buscó la manera de «colaborar con la suerte» desplegando una estrategia para conocerlo y su ocurrencia terminó sacando de una crisis a su escritor favorito.     

Esto nos puede invitar a renovar la capacidad de asombro en nuestra vida ya que la apertura a una posible novedad y la sorpresa son la esencia de esa esperanza que nos vuelve pacientes.

La vida, como el cortometraje, nos demuestra que incluso de aquellos sucesos que nos dejan más perplejos y con preguntas sin respuestas es posible que se abran nuevos caminos que les terminen dando un sentido distinto.

Además, el triunfo de Dios es capaz de sacar bien de cualquier mal. Debemos tener siempre una actitud de escucha atenta para percibir hacia dónde se nos muestra el mejor camino y una actitud activa para emprender en el momento y la dirección correctas.

La falta de control absoluto y la fragilidad de la vida humana

Vivimos en una cultura fuertemente impregnada de una manera de pensar influenciada por el método científico. Este, sin duda, nos permite conocer y controlar cada vez más aspectos de la realidad, pero nunca podrá dar respuesta cabal de toda ella. Hay cosas que no podemos controlar y preguntas que nunca sabremos responder.

Proyectamos y construimos nuestras vidas con decisión, pero también tocamos nuestra tremenda fragilidad cuando constatamos que no tenemos nada asegurado. Por ejemplo, el escritor famoso, en pleno éxito, descubre que de pronto parece perder una capacidad y se bloquea.

Nosotros no tenemos control total de las fuerzas de la naturaleza, la libertad de los demás, la enfermedad, la muerte y, muchas veces, ni de nuestras propias capacidades o talentos físicos o intelectuales. Vivimos, pues, la experiencia de que nunca somos los únicos autores de nuestro destino.

Somos libres, pero limitados. Somos autónomos, pero también dependientes. Siempre estamos en vía y nunca habremos llegado definitivamente. Nadie tiene su historia terminada. Es algo que este cortometraje nos muestra.

Esta experiencia, sin embargo, es un canal privilegiado para abrirnos a la necesidad de otros, de Dios, de su ayuda, de sus bendiciones, de su gracia, de su Palabra eterna, sus promesas firmes y su amor eterno e inmutable. 

¿Qué es lo que buscamos en lo más profundo de nuestro interior?

Nos podemos centrar para eso en el escritor. ¿Por qué le afecta tanto haber perdido la inspiración, no aparecer en los periódicos y que no lo reconozcan en la calle?

Es posible que haya visto amenazadas sus ganas de trascender, de ser amado, de ser valioso, de sentir y saber que las propias obras tienen sentido y que redundan en ayuda y bien del prójimo.

¡Nadie quiere «convertirse en un olvido»! La creatividad, la alegría, la inspiración y las ganas de vivir vuelven al escritor cuando se entera de lo importante que había sido su obra para otra persona, al punto de haber sido su único acompañante en momentos difíciles.

La esperanza, la fragilidad y las ganas de amar y ser amado, son componentes propios de quien vive con la conciencia de ser una pieza importante y valiosa de una hermosa sinfonía de Dios, que nos antecede y a la cual somos invitados a participar.

La vida es mucho más misteriosa y no la podremos controlar jamás. Como se dice en «El hombre que fue jueves», de G.K. Chesterton: «¿Quieren ustedes que les diga el secreto del mundo? Pues el secreto está en que solo vemos las espaldas del mundo. Solo lo vemos por detrás».

Solo Dios conoce la verdad más profunda

No tenemos todas las respuestas ni conocemos los pormenores y el sentido de cada suceso en la historia y en nuestras historias, pero sabemos que la providencia de Dios actúa constante y amorosamente guiando todo hacia Él.

Imaginemos las historias que nuestras propias obras pueden desencadenar y cuánto podemos ser como hilos que tejen diariamente un mundo nuevo. Renovémonos en estar abiertos a las bendiciones de Dios y busquemos ser una bendición para los demás.

Si llevamos nuestra vida por el camino del bien, la verdad y la belleza tendremos la paz de estar sintonizados con la sinfonía que Dios quiere construir.