La soltería tiene dos caras. Muchas personas la ven como un castigo y otras como un regalo. Hay quienes se sienten profundamente tristes por no haber encontrado a una pareja, mientras que otras han decidido enfrentar la vida con lo que hay, sin esposa o esposo, pero felices.

He encontrado este corto animado llamado «A Single Life», y vinieron a mi mente tantos pensamientos. Para muchas personas descubrir a qué han sido llamados es fácil, casi como si hubieran llegado a este mundo con una carta que dijera: tu vocación es el matrimonio.

Para otros la tarea es más complicada, tal vez rechazaron la idea del matrimonio por años y luego se descubrieron a sí mismos dando el «sí» para siempre con el alma plena. Y hay quienes incluso, batallan toda una vida para encontrarse con una revelación que no esperaban: «Lo mío es la soltería y no por eso seré menos feliz».

La soltería y sus eternos interrogantes

La protagonista de este corto parece sentirse muy bien desde el principio con el estilo de vida que lleva. No da señales de querer estar buscando compañía, y no me refiero a la de un grupo de amigos, sino a la de un marido.

La vemos sola todo el tiempo, incluso en las fotos que hay pegadas a la pared no se le ve con nadie. Cuando adelanta el tiempo y se ve a ella misma con un bebé, no parece agradarle la idea. Es como si al tener en brazos a ese bebé se alegrara, y luego se desilusionara por completo al recordar que un bebé no es un adorno: llora, requiere de cuidado, de amor, de atención.

Verse en compañía de otra persona la alarma, parece incomodarle. No contempla la posibilidad de quedarse allí, viaja en el tiempo de inmediato. Y aquí muchas personas podrían pensar, ¿es que acaso no tengo derecho a estar solo?, ¿por qué creen que para ser feliz debo estar casada/o?, ¿por qué me preguntan «cómo está el novio» si saben que no hay novio?

¿Por qué deberían gustarme los niños a toda costa?, ¿por qué me dicen que se me está yendo el tren?, ¿por qué asumen que tendré una vida desdichada si no consigo esposo?

Estar soltero no es un delito

Es curioso ver cómo la gente piensa con mucha facilidad, que el que está soltero es un egoísta. Tengo una tía que tuvo varios novios en su juventud, tuvo buenas relaciones, tuvo experiencias lindas y atesora aún mucho de lo que vivió en sus relaciones.

Pero no se casó nunca, y no anda quejándose, no habla mal del matrimonio, no se burla de aquellos que creen en un amor para toda la vida. No critica a los que formaron una familia, no hace mala cara cuando se habla del tema, no juzga sin conocer y al contrario, siempre la he visto con una actitud increíble.

Le gusta ayudar a todo el mundo, es la primera en ofrecerse a dar una mano. Ama a sus sobrinos, hermanos, amigos, se alegra por la unión de otras parejas, comparte con todos, se entrega a todos. Y así, es feliz.

Hay tres clases de solteros

Están los que reniegan todo el tiempo, los que a causa de una (o innumerables) experiencias negativas y dolorosas, le han declarado la guerra al amor. No han querido llegar a viejos solteros, pero se vieron obligados a vivir la soltería. Son aquellos que al reunirse con amigos o familiares se burlan de los que tienen la intención de casarse.

Les parece ridícula la idea de amar, creen que el noviazgo es un castigo y el matrimonio una tortura autoinfligida. Dicen estar felices solos pero en el fondo experimentan todo lo contrario. Motivan a otros a estarlo, los desaniman, e incluso les roban la esperanza a los demás de recuperar el amor.

La otra clase de solteros, son aquellos que abrazando su soledad, no vista como un castigo sino como un regalo, viven una vida plena. Entregados no a una pareja, sino a todos aquellos que los rodean. Hay hombres y mujeres que tal vez después de muchos años aceptaron la idea de estar solteros, felices y unidos a Dios.

Porque la verdad es que nunca estamos solos, aunque nuestra vocación no sea el matrimonio, Dios no nos abandona. Y aunque nos cueste entenderlo, hay millones de personas solas que también se sienten felices, cumplen sus sueños, animan a otros a lograrlos. Se entregan a los que más los necesitan, tienen un corazón del tamaño de jupiter, están abiertos al amor, a la caridad, a la entrega y al servicio pero de otra forma.

Y el grupo número tres de solteros, es aquel que está compuesto por personas que aún luego de años siguen buscando el amor. Están convencidos de que su vocación es el matrimonio, esperan poder alcanzar este sueño, luchar por conseguirlo y se encuentran hoy en busca de su pareja. Le apuestan al amor confiados.

Más caridad y menos odio

Dios no dijo un día, «Pepito, te quedarás solo toda tu vida por tu mal comportamiento», o «te castigo con la soltería eterna ya que no supiste amar». Dejemos de pensar que estar soltero es un castigo, puedes estar soltero pero no solo, y además feliz porque te entregas a otros.

Puedes responder a tu vocación de matrimonio, pero no juzgar, señalar o incluso humillar a otros por no vivir como tú vives. Puedes estar soltero porque luego de intentarlo mil veces las cosas no funcionaron, y ahora estás lastimado, herido y desilusionado, pero no le quites a otros la ilusión de responder al amor.

No pisotees sus ganas de luchar por otra persona, ni de soñar con llegar al altar. No dejes que tu dolor gobierne, te arrebate la alegría y de paso le quite la esperanza a los que sí le apuestan a un amor eterno.

Más caridad y menos odio entre nosotros. Nos hace falta recordar que todos tenemos una historia, que todos cargamos cruces y que cada uno va a un ritmo distinto. Algunos encuentran al amor de su vida a los 15, otros a los 30 y otros a los 50.

Unos nacen soñando con casarse y convertirse en padres, algunos lo logran y otros no. El tren que todos dicen que se te está yendo no incluye a Dios, Él no te abandona, no te ignora, no te hace a un lado. Él te acompaña hasta el final de los tiempos y te levanta cuando caes por millonésima vez.

La soltería también puede convertirse en un regalo, si decidimos vivirla de cara a Dios y al servicio de los demás.