Ketan Pal es una joven promesa del mundo de la ilustración y animación. Apenas terminados sus estudios en la Universidad de Arte, Diseño y Tecnología de la India tiene publicados ya varios cortos en su canal de YouTube. Uno de ellos titulado «ONE», que es justamente el que queremos comentar en este post y que acumula más de un millón de visitas. 

Ketan realizó este cortometraje animado en su época universitaria en el año 2018, contando con la ayuda del Instituto de Diseño de la universidad donde estudió. Lo interesante de este corto es que fue realizado con fines exclusivamente educativos y académicos, sin ninguna pretensión comercial. Pero ha llamado mucho la atención por su profundo mensaje.

«ONE» es la historia de una rupia que emprende un viaje por las realidades cotidianas de las personas para encontrar su lugar en un mundo dominado por billetes de valores mucho más altos que el suyo.

La historia es muy sencilla, y la vez tan cargada de significado. El vídeo comienza en lo que podría ser la fábrica de moneda, allí cobra vida la protagonista de este corto animado. Feliz e ingenua se siente atraída por el mundo exterior y decide salir a él.

Pero se topa con los billetes, personajes más grandes y de más valor, que la relegan al último lugar de la caja registradora.  Por más compras que se hacen nunca es utilizada como cambio, así que decide hacer algo que cambia para siempre el rumbo de su vida.

Nuestra pequeñez y las limitaciones que tenemos

El video termina con una frase que tiene mucha miga: «No importa cuán pequeño, insignificante o diferente creas que eres, siempre hay un lugar especial en este mundo, solo para ti». Seguro que podemos aplicar esta gran verdad a nuestra vida.

A veces la realidad de nuestra pequeñez, que son nuestras limitaciones de forma de ser o de poca virtud, nos pueden desanimar y entristecer, hacernos sentir pequeños en una palabra. Cuando es una condición inherente a nosotros.

Es más, Dios cuenta con ello, seguramente esas limitaciones son la ocasión de nuestro crecimiento espiritual. Quizá nos sirvan esas palabras de Jesucristo del evangelio de Mateo cuando dice:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor», palabras verdaderamente consoladoras.

Y al hilo de esta idea, también es reconfortante pensar que muchas veces un pequeño tornillo bien atornillado hace que otras piezas de la maquinaria no se estropeen. ¡Qué gran cosa ser un pequeño tornillo! escribía un gran santo del pasado siglo. 

¿Cómo encuentro el lugar que ocupo en este mundo?

Vista y asumida mi pequeñez e insignificancia, ¿cómo encontrar ese sitio especial en el mundo que solo es para mí? Imagino que muchas veces nos hemos preguntado precisamente eso, saber cuál es nuestro sitio. Quizá nos puedan servir estas breves coordenadas:

1. Lo habitual es que nuestro lugar este precisamente con los nuestros. Los vínculos familiares son vínculos que van más allá de haber crecido bajo un mismo techo. Y que ni la distancia, ni los malentendidos, ni las pequeñas discusiones pueden empañar.

2. Hay muchas posibilidades de que nuestro sitio sea el lugar en el que estamos, porque puede que por allí nos haya empujado la vida misma, y también la Providencia.

Estamos donde estamos consecuencia de pequeñas decisiones y de nuestras propias circunstancias. En mayor o menor medida vamos construyendo nuestro futuro. Y tenemos que saber ver ahí el designio divino.

3. Estar donde Dios quiere que estemos. A veces no es fácil ni inmediato saber qué quiere Dios en concreto de nosotros y para nosotros. Pero podemos preguntar y poner los medios para poder descubrirlo.

Tantos hombres y mujeres de Iglesia que han abandonado proyectos nobles y buenos pero personales, por otros que han entendido que eran queridos por Dios. Preguntar y pedir consejo en la dirección espiritual siempre es eficaz.

Termino con palabras de san Josemaría, un santo al que le tengo gran devoción, que pueden iluminarnos sobre dónde podemos encontrar ese lugar especial en este mundo:

«Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres».