El corto que compartimos hoy manifiesta una realidad profundamente humana. La dificultad para afrontar el dolor. Es importante tener claro que así no lo ha querido Dios cuando por amor nos creó. Podemos apreciar que al final de cada uno de los seis días de la Creación, siempre leemos: «…y vio Dios que era bueno…». Por lo tanto, vivir en un estado de dolor constante no era parte del Plan amoroso de la Creación.

No podemos aceptar la teoría que dice que el bien y el mal son principios que existieron desde el comienzo juntos. El dolor es consecuencia del pecado original y se manifiesta de muchas maneras. Además, cada persona asimila y sufre el dolor de distinta manera. El hombre es consciente del dolor y eso lo hace sufrir. El sufrimiento es una experiencia, fruto de un
dolor, que nos involucra por completo. Cuando me corto el dedo gordo del pie, no solo sufro físicamente, me puede hacer sufrir sentimental o hasta psicológicamente, pues me frustro al no poder jugar un partido para el que tal vez me preparé varios meses.



El dolor puede manifestarse desde lo corporal

Hasta un vínculo muy íntimo y estrecho con el pecado. Cada vez que pecamos – tratando de graficar la realidad – es como si un «pedacito de nuestro corazón» muriera, y eso causa dolor. Podemos tener un dolor psicológico: la traición de un amigo, que nos puede hundir en la depresión. Podemos sufrir existencialmente, cuando sentimos un vacío interior, pues no tenemos propósito para vivir.



Somos impotentes frente al dolor pero también hay distintas actitudes frente a él. De cómo uno actúe, dependerá qué tan feliz será. ¿Quién quiere sufrir? ¡Nadie! Hemos sido creados para la felicidad.

Actitudes frente al dolor

La actitud más común para no sufrir es huir del dolor, no aceptarlo o negar su existencia. Sumergirnos en el libertinaje sexual, las borracheras, etc. y todo lo que nos ayude a olvidar el dolor que nos aqueja.

Otra actitud es la resignación, pero negativa. «Bueno pues, ¿qué le vamos a hacer? Me tocó. Hay que seguir…». Hay una tercera manera de vivir cada vez más difundida en nuestra cultura secularizada. El sufrimiento es una realidad que debemos aprender a sobrellevar, aunque no lo pensemos en un principio nos enseña cada vez más herramientas y consejos para vivir con el dolor.

Lo único que podemos hacer es aceptarlo y aprender a ser felices. La meditación, los ejercicios, el diario de gratitud, ser más gentiles y agradecidos, tener siempre una sonrisa, etc. reconociendo nuestra impotencia. Recordemos que Jesucristo convierte el sufrimiento en un camino para vivir el amor. Como dice un dicho en Perú: «El único que agarra el toro por las astas» es Jesús. Cargó sobre sí todos nuestros pecados, y sufrimientos, y les dio muerte con su propio sacrificio. Pero, después de tres días nos dio la victoria.

El pecado, la muerte, el mal y el sufrimiento no tienen la última palabra

La misericordia de Dios ha vencido. Jesús nos ofrece un nuevo camino. El camino del amor, que implica necesariamente aceptar el dolor, cargar la cruz. En Cristo no solamente aprendemos a vivir con el dolor, sino que le damos un sentido nuevo y es oportunidad para crecer en el amor.

Piensa en todos aquellos momentos de sufrimiento que has vivido hasta hoy, y dale gracias a Dios por cada uno de ellos. Eres más fuerte y más valiente luego de superar las pruebas. Te invito a ofrecerle el dolor que tengas en este momento a Dios, y a orar por todos los que sufren.