Todos experimentamos dolor de distintos modos. Hay dolor físico y dolor emocional, cada uno se supera de maneras distintas. Pero el corto animado que te comparto hoy habla sobre ambos tipos de dolor, y me hizo recordar cuánto añoramos un abrazo en momentos de sufrimiento y tristeza. El abrazo de alguien que nos comprenda y nos diga que todo va a estar bien. El abrazo de Dios.

Mi dolor y el amor de Dios

Para empezar podríamos preguntarnos a nosotros mismos: ¿Cuánto anhelo el abrazo de Dios?, ¿le pido a Él que me consuele en momentos de dolor?, ¿comparto con Dios mis sufrimientos?, ¿me refugio en Él cuando la tristeza me embarga o más bien tiendo a alejarme?

A veces es difícil imaginarnos a Dios dándonos un abrazo, uno como el que nos damos con alguien que queremos. Pero no se nos ocurre pensar que Él también está ahí, está presente en esa persona que se percata de nuestra tristeza o que nos mira con amor. Está en los brazos de un padre que corre al auxilio de su pequeño y en los de una madre que consuela y limpia lágrimas.

Dios está en esa maestra que no es indiferente ante el dolor de sus alumnos. En el abrazo inesperado de tus hijos, en el que te da tu pareja en medio del silencio, sin que se lo tengas que pedir. Su amor se manifiesta de tantas maneras y aún así nos atrevemos a decir ¿Dónde estás Señor?

Que hoy sea un día para tener bien abiertos los ojos del corazón. Para ser agradecidos, estar atentos y descubrir que desde el segundo en que abrimos los ojos cada mañana, Dios nos acompaña. Está ahí en medio de tus amigos y familiares, en medio de todos aquellos que te brindan amor y consuelo.