Nuestra vida siempre es una llamada. Me gusta pensar que es ella la que en cada segundo de nuestro camino nos invita a continuar, a ilusionarnos, a levantarnos, a dejar ir, a luchar, a amar, a renunciar… teniendo como principio que es Dios quien nos llama a esa vida y que es Él quién permite que ella nos hable, nos enamore, nos sorprenda. Creo que ese es el mensaje que nos ha querido transmitir este corto animado ganador del Oscar el pasado domingo: «Dear Basketball». Este cortometraje relata la pasión de Kobe Bryant por el basquetbol, un deporte al que le ha dado la vida y que ahora esta a punto de dejar ir.

Me ha encantado la parte en la que Kobe explica la razón por la cual le ha dado todo su corazón, toda su alma y todo su cuerpo al basquetbol: «He jugado a través del sudor y del dolor, no porque me llamara el desafío, sino porque tú me llamaste». Una frase sencilla pero hermosa. Y es que es cierto, las llamadas de Dios en nuestra vida se hacen presentes en la realidad, no tenemos que rebuscarlas sino aprender a escuchar y aprender a seguirlas.


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También me hace pensar en el bien que nos hace caer en la cuenta constantemente de: ¿cuál es mi tesoro?, ¿dónde está puesto mi corazón?, ¿dónde está el amor de mi vida? En este corto el corazón de Kobe está puesto en el basquet, pero nuestra vida es tan compleja y hermosa, que nuestro amor, aquello que le da sentido a nuestra vida, se puede encontrar en los lugares más inesperados, por eso vale la pena apostar, soñar, no rodear nuestro amor de condicionamientos…

Como nos dice José Luis Martín Descalzo:


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«Una de las carcomas de nuestro siglo es ese miedo a lo irrevocable, esa indecisión ante las decisiones que no tienen vuelta de hoja o la tienen muy dolorosa, esa tendencia a lo provisional, a lo que nos compromete pero no del todo, que nos obliga “pero solo en tanto en cuanto”. Preferimos no acabar de apostar por nada, o si no hay más remedio que hacerlo, lo rodeamos de reservas, de condicionamientos, de “ya veremos cómo van las cosas”. (…) Un amor “a ver cómo funciona” es un brutal engaño entre dos. Un amor sin condiciones puede fracasar; pero un amor con condiciones no solo es que nazca fracasado, es que no llega a nacer».

Este corto nos enseña lo contrario, nos enseña que valen la pena las apuestas totales, esas por las que estamos dispuestos a jugar una sola carta.