”teologia_del_cuerpo”
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Corresponsabilidad:

  1. f. Responsabilidad compartida.

Me gustan las palabras y sus significados. Procuro utilizarlas respetando sus significado original y de la manera más sencilla posible. Creo que es muy importante para evitar enredos e interpretaciones ambiguas.

Se preguntarán por qué puntualizo esto. En el último tiempo la mala utilización del lenguaje y la manipulación del mismo nos han llevado a más de un enredo y a batallas ideológicas casi sin cuartel. Nos quedamos en interminables discusiones sobre interpretaciones que parecen no llegar nunca a un consenso. Cada quién entiende y asigna significados a discreción.

Encontrar la intención detrás de lo dicho y lo mal dicho se convierte en la tarea principal. Hay frases que utilizamos sin siquiera meditar lo que implican. Las utilizamos sueltamente, creyendo con firmeza que nos estamos expresando apropiadamente y no nos detenemos a pensar lo que verdaderamente estamos diciendo. Y todos sufrimos las consecuencias. 

Las batallas ideológicas se empiezan siempre a través del lenguaje. Del buen o mal uso que hagamos de este y de la cantidad de gente que logremos convencer de los nuevos significados asignados. Esta vez quisiera hacer una breve defensa de lo que «corresponsabilidad familiar» significa y poner sobre la mesa algunas herramientas que nos ayuden a lograr entender el concepto.

Corresponsabilidad familiar, algo más que un reclamo

Al ver este video, muy bien logrado por la agencia JWT Milan para Indecit, compañía de electrodomésticos italiana muy presente en los hogares europeos, las mujeres que trabajamos en casa, movemos la cabeza en señal de afirmación. Nos sentimos finalmente identificadas y de alguna manera reivindicadas. El mensaje es bueno, «Do it together» (Hagámoslo juntos). En un movimiento casi en automático reenviamos el mensaje, en primer lugar al esposo (a ver si de una vez entiende el mensaje). Luego a las amigas y una discusión interminable empieza sobre la igualdad, la injusticia, y el término «corresponsabilidad familiar». Término muy bueno, pero que empezamos a utilizar como una suerte de reclamo a la parte masculina de su poca participación en las tareas domésticas.

La corresponsabilidad familiar no queda reducida a la simple división de las tareas del hogar. Es un concepto mucho más amplio. Significa compartir la responsabilidad (co-responsabilidad) del hogar en su todo. Para poder ejecutar el concepto es necesario saber de que somos responsables y desde ahí partir.

Padre y madre somos las cabezas del hogar y los primeros responsables de nuestros hijos en cuanto a sostén y formación, Así también tenemos un deber mutuo entre esposos por el crecimiento y la felicidad en común. Pero la corresponsabilidad familiar no recae solo en los esposos, implica a todos los miembros de la familia. Todos, como un sistema, tenemos responsabilidades que irán variando de acuerdo al tiempo y la capacidad de cada miembro de la familia: el padre, la madre y los hijos.

¿En dónde empieza la corresponsabilidad familiar?

La corresponsabilidad familiar se empieza a gestar en esas conversaciones que tendremos antes de casarnos. Donde hablaremos del proyecto familiar juntos. Las horas que trabajaremos ambos fuera del hogar, cómo solventaremos ese hogar y las tareas que se requieran realizar dentro y fuera de casa para crecer y afianzarnos como familia.

Las tareas domésticas tienen mala reputación. Parece que quien se encargara de ellas descendiera en grado jerárquico. Nadie quiere lavar los platos, ni planchar la ropa. Nos olvidamos que las tareas domésticas que implican la limpieza del hogar, la cocina, el pago de los servicios, la agenda de los niños, etc. son una tarea que nace del amor. De la necesidad de cuidar lo que más amamos. Son tareas demandantes sí, muy poco reconocidas también, y que históricamente han recaído principalmente en la mujer, es verdad. No olvidemos, sin embargo, que son infinitamente importantes para la evolución y el sostén del hogar a todo nivel. Entendiendo esto es mucho más fácil aproximarse a ellas en conjunto.

Hagamos las cosas juntos, por amor

Por lo tanto, sí. Es necesario hacer las cosas juntos. Es una cuestión de responsabilidad y justicia. Si ambos trabajamos fuera de casa es necesario que valoremos varias cosas: ¿cuántas horas trabajamos fuera?, ¿quién llega antes?, ¿quién después?, ¿de qué puede hacerse cargo cada uno?, en fin. Incluso a medida que los hijos crecen esas tareas domésticas también necesitan ser realizadas por ellos y en la justa medida: ordenar sus juguetes, no ensuciar la casa, lavar el plato que usan, tender su cama, etc. Esas acciones ayudan a la formación de los hijos, los hace responsables y les ayuda a valorar no solo el esfuerzo sino también les enseña que el amor se demuestra con acciones cotidianas.

Dentro de la corresponsabilidad familiar no solo entran las labores domésticas. Entran también las funciones de sostén emocional mutuo y con los hijos, y la educación de ellos. Ambos, padre y madre, necesitan estar comprometidos en primer lugar el uno con el otro, para también involucrarse y educar en conjunto. Cuando hacemos las cosas juntos y por amor, los resultados son sorprendentes.

Así pues, corresponsabilidad familiar no es una carrera por dividir las labores domésticas en partes iguales. Ni una suerte de competencia, ni revanchismo entre esposos. La corresponsabilidad familiar necesita pasar por valorar lo mejor para la familia, ser generoso con nuestros tiempo, ponerse en los zapatos del otro, enseñar al que no sabe y aprender a ceder.

Los tiempos han cambiado y lo seguirán haciendo. Las mujeres hemos salido al mercado laboral y los varones empiezan a involucrarse cada vez más en las labores del hogar. Existen tendencias naturales y culturales hacia ciertas actividades, pero más allá de estas tendencias está la voluntad para orientar nuestras acciones hacia el bien familiar. Decisión que deberá tomarse al interior de la familia, buscando el bienestar de todos de una manera justa y siempre motivada por el amor.

Es bueno preguntarnos al llegar a casa el día de hoy, ¿cómo estamos llevando nuestro hogar?, ¿estamos construyendo felicidad o estamos acumulando resentimiento? Una sana conversación espera.